(ECO) ceguera política

Fernando Prieto, miembro del Obsevatorio de Sostenibilidad OS

  

“Les despreciaba, porque pudiendo hacer tanto, hicieron tan poco”

Albert Camus

 

Parece que las propuestas para mejorar el país se han olvidado unas semanas. Mientras la vida sigue. Como un aullido interminable. Desde estas líneas se proponen una serie de temas que parece que son importantes a pesar de que se ignoran sistemáticamente por los políticos. El denominador común,  la ecología. En concreto, en el año 2016 cada vez se publicaban más artículos y revisiones científicas sobre varios temas que nuestros políticos parecían ignorar.

Y uno de ellos era el cambio climático. A mediados de 2016, en el mundo, se acumulaban las evidencias de que junio había sido el mes mas cálido desde que comenzaron los registros de temperaturas (en 1880), además de que fue el decimocuarto mes consecutivo en el que un mes superaba la temperatura media del anterior. Así, como sin darse cuenta unos y negando otros la evidencia, el Planeta rompió tres récords de altas temperaturas ese mes, de acuerdo con la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE.UU. De hecho, el jefe de la Agencia Espacial Estadounidense, Gavin Schmidt, consideró que esas cifras indicaban que en 2016 se había alcanzado el ‘récord’ de nivel de hielo marino más bajo y, con la información disponible, predijo que 2016 terminaría siendo el año más caluroso, por tercer año consecutivo. En España, según el informe presentado por el Observatorio de la Sostenibilidad OS, y de acuerdo con los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), la temperatura media en España en el 2015 fue de 0,94 grados centígrados superior a la del periodo 1981-2010. 2015 fue un año extremadamente cálido, muy seco, “un 23% por encima de lo normal y con mayor irregularidad en las lluvias”. Las series temporales de datos de precipitación y temperatura recogidas por la AEMET desde hace décadas siguen confirmando el cambio climático en España, como en todo el mundo. Sin embargo, en nuestro país han seguido aumentando las emisiones de Gases de Efecto Invernadero en 2014 y 2015. Para 2015 el OS estimó un aumento del 4% de gases de efecto invernadero respecto a 2014 (el Ministerio tarda en producir esa información). Estos datos se confirmaron 6 meses después por el propio Ministerio. Mientras, casi todos los países de la UE presentan fuertes reducciones, en España vamos en camino de incumplir nuestros propios compromisos.

En 2015, los incendios forestales quemaron el doble de superficie forestal y el triple de bosques que el anterior, habiendo incendios incluso en diciembre, aspecto inusual hasta entonces. En el verano de 2016 en la isla de la Palma solo un foco quemó más de 4.000 hectáreas de bosque, el 10% de la superficie forestal de esa isla. No existían, por supuesto, ni prevención, ni planes por si se iniciaba un fuego de esas características. Y la temporada no había llegado ni siquiera a su ecuador. En Galicia y Portugal las enormes extensiones de eucaliptos y pino pinaster (las dos especies exóticas de esos territorios) que se habían extendido sin control hasta ocupar enormes extensiones ardían, como es normal, sin control. Desde 1961 la superficie recorrida por el fuego ha sido, según las estadísticas oficiales, de 7,8 millones de hectáreas sobre un total de unas 26 millones. Estas evidencias, a pesar de los graves efectos sobre la población y sobre sectores económicos como la agricultura, el consumo energético o el sector forestal, el ciclo del agua o la biodiversidad, fueron ignoradas.

También en 2016, el Barcelona Super Computing Center calculó la población afectada por la contaminación atmosférica que afecta a la salud. Estimó que el 25% de la población española estuvo sometida a niveles de calidad del aire “inadmisibles y peligrosos”. Este tema también pasó inadvertido para muchos políticos, aunque la mayoría vivían en grandes ciudades y llevaban a sus niños a colegios los días de elevada contaminación o hacían ejercicio estando inmersos en ‘la nube’.

En la campaña electoral los aspectos ambientales, de sostenibilidad

y de cambio climático han sido absolutamente ignorados. 

En las negociaciones para formar gobierno parece que también

 

Sobre el ‘recurso agua’, muchos ciudadanos apreciaban que muchos de nuestros ríos se podían oler, aunque lo lógico era que no se apreciaran esos olores casi siempre desagradables y a menudo incluso invasivamente perturbadores. En España todavía hay unos 800 núcleos de población que siguen sin depurar sus aguas (un 15% de todo el agua), lo que incumple las directivas de la UE al respecto). Según revela la Fundación Nueva Cultura del Agua, el Índice de Explotación Hídrica se sitúa por encima del 40%: es decir, nuestras masas de agua continentales están sometidas a “estrés severo”, debido sobre todo a las actividades agrarias, responsables del 70% o más de las demandas totales. Esta Fundación se muestra también muy preocupada por la constatación de que en nuestro país existe una importante proporción de masas de agua que no llegan al Buen Estado ecológico.

Por otra parte los insostenibles y rápidos cambios de ocupación del suelo en España, obtenidos de los sucesivos proyectos europeos CORINE Land Cover elaborados e interpretados por el Instituto Geográfico Nacional, revelaban por primera vez y con una metodología comparable los profundos cambios de incremento de superficie artificial en la costa, así como los cambios en zonas agrícolas y ecosistemas forestales. Así, se observa que durante toda la historia del país, hasta 1987, se habría ocupado una superficie artificial en España de casi 700.000 hectáreas (un 53%) y en tan solo 24 años se han ‘artificializado’ unas 600.000 hectáreas más (un 47%): es decir, casi la misma extensión que se urbanizó en milenios de historia. En el periodo 2005-2011 se artificializaron 40.000 hectáreas al año, o lo que es lo mismo, 109 hectáreas al día.

En la costa las tasas de artificialización han sido muy importantes: unas 2 hectáreas al día en los primeros 500 metros. Con ellos ha aumentado de manera vertiginosa la “litoralización” en el tiempo (el poblamiento de la costa es continuo y la densidad de población, tanto estacional como sedentaria)… y, según se van saturando de edificios y vías de comunicación las primeras franjas, la expansión se extiende hacia el interior. Barcelona, Málaga y Alicante han conseguido colmatar ya (datos de satélite de 2011) un 45% de la franja de los dos primeros kilómetros desde el mar. Estos datos físicos, unidos a problemas de recursos hídricos y de gestión de residuos en la gestión de poblaciones tan fluctuantes fueron sistemáticamente ignorados por muchos economistas: por ejemplo, en Ibiza se duplica la población la población en los fines de semana, aunque de esas estadísticas solo parecía importar el aspecto turístico y su contribución al incremento nominal del PIB. Un turismo, por lo demás, que bate records (68 millones en  2015 y 32,8 millones hasta junio de 2016), aunque nadie asegure que esos niveles vayan a mantenerse, menos aún sin afrontar los problemas derivados del exceso de construcción en las costas, con problemas de agua, de gestión de residuos, saturación, degradación y, en ocasiones, sin ningún tipo de interés paisajístico.

Estos y otros indicadores agregados sobre la calidad de vida y los índices de felicidad de Naciones Unidas también revelan que en España las desigualdades han aumentado, debido a la gravedad de la crisis y al desmantelamiento del Estado de bienestar. Aunque presentemos buenos valores medios en materia de seguridad, los índices han caído en educación y en sanidad y, además, se han reducido a un ritmo superior al registrado como media en los países de nuestro entorno.

El último Nobel de Economía, Angus Deaton dijo, hace poco, refiriéndose a España: “creemos que había alternativas que seguramente habrían sido mejores para evitar el aumento de la desigualdad y para salir antes de la crisis”… aunque la “mezcla de austeridad y corrupción”… y de “recortes y escándalos políticos constituye un cóctel de alto riesgo”. Seguramente nuestros economistas de más reputado prestigio están de acuerdo con esto, pero siguen olvidando que el clima es el monstruo, la salud está siendo afectada, los recursos naturales están en peligro y existen indicadores agregados que recogen mucho mejor que el PIB lo que está pasando. Los políticos, muy influenciados por sus economistas de referencia, han hecho olvidar estos temas a pesar de que la realidad tozuda impone su agenda. En la campaña electoral los aspectos ambientales, de sostenibilidad y de cambio climático han sido absolutamente ignorados. En las negociaciones para formar gobierno parece que también.

Parece que es hora de exigir a nuestros políticos responsabilidad, redactando leyes y, sobre todo, empezando a cumplirlas. Por ejemplo, una buena ley de cambio climático, para tender hacia una economía baja en carbono y buscando la adaptación a sus efectos en las ciudades y por sectores económicos,  planes para prevenir los incendios forestales, no solo apagarlos. Planes para instalar el  primer millón de tejados solares que permitirá el autoconsumo y reducirá la factura y la dependencia energética. Planes de depuración de todas las aguas residuales. Planes para mejorar la calidad del aire en las ciudades. Planes de soberanía alimentaria, planes contra la despoblación rural, etc, etc.. Estas actuaciones no solo son urgentes sino ineludibles y obligatorias. Y no solo ahorrarían muchos gastos en el futuro, - ya que el coste de no actuar como señala Sir Nicholas Stern es mucho mayor-sino sobre todo generarían empleo estable como señala Robert Pollin, que falta nos hace.