Analizando a Santander, la smartest city

A principios de agosto pasé unos días en Santander y aunque estaba de vacaciones aproveché la ocasión para analizar una de las capitales “Smart” españolas, la “smartestcity” como ha sido declarada en alguna ocasión. Así pues, me descargué todas las aplicaciones del proyecto disponibles en la App Store, volví a leer artículos con declaraciones de responsables de la administración santanderina y pregunté a amigos y conocidos qué sabían sobre Santander Smart City.

Las conclusiones de tal análisis las plasmé en dos tuits que desarrollaré a continuación:

1º- “@Sitoveracruz: Santander está a la vanguardia de alguna tecnología urbana pero su estrategia no está clara para nada. La mayoría de sus problemas importantes no están siendo afrontados.

Sería injusto no reconocer a Santander y a su alcalde Íñigo de la Serna el esfuerzo que están realizando en la tecnologización de su ciudad: más de 12.500 sensores han sido instalados por la ciudad aportando información para optimizar el alumbrado público, la recogida de residuos, el riego de los jardines urbanos, el aparcamiento en el centro de la ciudad o el tráfico en todas sus calles. También se ha digitalizado el pago de aparcamiento en vía pública y la petición de cita en el centro de salud. Asimismo se han lanzado apps de información sobre la ciudad con imágenes históricas proyectadas con realidad aumentada y se ha creado un portal de gobierno abierto (el pulso de la ciudad) donde los ciudadanos pueden postear sus quejas o sugerencias, recibiendo respuesta de la administración en gran parte de las incidencias.

Sin embargo, la famosa frase “la tecnología es la respuesta, ¿pero cuál es la pregunta?” encuentra en Santander su mayor significado. Y es que a pesar de la tecnología instalada no acabo de saber qué busca  Santander: ¿tener una administración más eficiente? ¿Ser más ecológica? ¿Ahorrar recursos mediante la tecnología? Probablemente lo quiera todo pero el problema es que parece haber empezado su “Smart city” del revés, es decir, usando la tecnología como base de futuras estrategias y no como herramienta de estrategias ya decididas. Y quizás por aquello de que “el que mucho abarca poco aprieta” ninguno de sus proyectos es realmente destacable.

A la mayoría de proyectos les falta una razón de ser, una estrategia a la que responder. Utilizar tecnología para mejorar en algún aspecto siempre es positivo, pero sólo tiene un verdadero sentido si se enmarca en un plan con un objetivo claro que no sólo se sirva de nueva tecnología sino también de otras medidas municipales y colaboración ciudadana.

Un buen ejemplo es el tema del coche en el centro de la ciudad. Se han instalado sensores que informan sobre la cantidad de aparcamiento disponible en esa zona y el tráfico existente y, además, la cantidad de plazas para residentes se ha reducido en estos últimos años a causa de diversas peatonalizaciones. Entendemos entonces quela estrategia es disminuir el número de coches que circulan por el centro. Sin embargo, ni se han tomado medidas para evitar que los visitantes lleguen al centro en coche, ni se han buscado alternativas de movilidad para los residentes del centro. La creación de aparcamientos disuasorios en la entrada de la ciudad y el fomento del coche compartido y los alquileres por horas serían buenos complementos para esta estrategia.

En general, se echan de menos proyectos que encaren problemas específicos de la ciudad y que traten de mejorar la vida de sus ciudadanos. Cualquier plan emprendido por una ciudad, ya sea de infraestructuras, de mejora del medio ambiente, gobernanza, etc., requiere de un diagnóstico previo con el cual enfocar los proyectos a emprender. Si tal diagnóstico existe en Santander yo no lo percibo: la tecnología instalada ni ayuda a un grupo social específico con problemas ni se usa para apostar por la mejoría de una determinada zona degradada. Más bien parece que la tecnología se ha instalado simplemente porque había fondos para ello, porque se podía hacer, siendo un ejemplo de lo que yo llamo una “gadget city”.

No podemos olvidar que la tecnología ha de ser una herramienta a nuestra disposición y un complemento de las políticas a realizar. Así pues, cualquier “smartcity” tendrá que conocer cuáles son esas necesidades y objetivos para que la tecnología instalada tenga sentido y sea efectiva.

2º- @Sitoveracruz: La audiencia alcanzada por #SmartCitySantander es limitada y no incluye a jóvenes y asociaciones cívicas. Es necesaria una estrategia de participación.

En mi opinión el problema de base de Santander Smart City es su férreo carácter top-down (de arriba a abajo), donde la administración se encarga de decidir la tecnología a utilizar, las prioridades, el método de difusión, etc., correspondiendo a los ciudadanos únicamente la labor de usuarios.

La participación de los ciudadanos en las políticas urbanas se puede hacer de varias maneras. Lo ideal es que esté totalmente integrada en la creación de políticas, lo cual se consigue juntando a varios actores en entidades estables –comisiones de políticas municipales- o semi-estables como un urbanlab. La participación también se  puede realizar a través de proyectos específicos (como las partidas que realizamos en Play the City) que guíen las actuaciones prioritarias a realizar. Dos personas juntas piensan mejor que una sola y el uso de la inteligencia colectiva puede aportar soluciones innovadoras y suplir con trabajo colaborativo las limitaciones que algunos proyectos puedan tener.

Pero incluso una vez que contamos con ciudadanos y asociaciones colaborando en la creación de políticas y herramientas hay que seguir buscando colaboradores y simpatizantes mediante una buena estrategia de comunicación: hay que hacer que todos los ciudadanos conozcan y se sientan parte del proyecto y para eso es necesario servirse de multitud de canales y soportes. Y no es sólo informar, se trata de invitar e involucrar a agentes sociales y que éstos se sientan útiles a través de un diálogo continuado con la administración.

Santander tiene dos proyectos participativos. El primero es su plataforma “El del Pulso de la Ciudad”, donde los ciudadanos pueden transmitir incidencias geolocalizadas a la administración. Sin embargo, el análisis que realicé de esta herramienta participativa resultó insatisfactorio: el diseño de la web es poco atractivo y funcional (la app es algo mejor); la comunicación con la administración no es ni mucho menos fluida (suele haber una única una respuesta por parte del Ayuntamiento); en ningún momento se abandona el carácter institucional; y el tipo de incidencias relatadas son siempre similares, lo cual me lleva a pensar que la audiencia está limitada a determinados grupos sociales.Si la comparamos con otros “iguales” suyos como seeclickfix.com (el primero de su categoría), fixmystreet.com o verbeterdebuurt.nl veremos algunas diferencias importantes como la capacidad de realizar propuestas o la comunicación transparente entre empleados municipales y ciudadanos, además de su difusión por varios medios y canales orientados a diferentes grupos de ciudadanos.

El segundo proyecto participativo es “Santander City Brain”, una plataforma donde los ciudadanos pueden dejar sus ideas para la ciudad y estas se votan, otorgando unos premios a los ganadores. Aunque la intención es buena, una vez más se antoja insuficiente. Al no estar guiada ni existir una retroalimentación por parte de la administración las ideas son demasiado dispares, siendo algunas muy votadas a pesar de ser inaplicables mientras que otras de carácter más práctico quedan relegadas por no ser suficientemente vistosas. Existen muchos ejemplos de “urbanchallenges” -como los organizaos por Citymart- donde se pide colaboración ciudadana para determinados proyectos o temas. De ellos hemos aprendido que el trabajo de profesionales del urbanismo y la innovación en la organización de estos eventos es importante para que las ideas formen parte de un diálogo y no sean únicamente parte de una tormenta de ideas.

Tanto en este último caso, como en el resto de ejemplos que he mencionado, una interacción real entre los ciudadanos y la administración posibilitaría unas políticas públicas de mayor calidad. Al fin y al cabo se trata de que los ciudadanos sean algo más que meros usuarios y de que la eficacia venga dada no sólo de aprovechar la tecnología, sino también la inteligencia colectiva.

En definitiva, que Santander haya apostado por la Smart City es sin duda una buena noticia pero su esfuerzo estará incompleto si no consigue dotar a su proyecto de unos objetivos claros y no es capaz de involucrar a los ciudadanos en la creación de nuevas herramientas y en la modificación de las ya existentes.