Backloading para el Sistema Europeo de Comercio de Emisiones

Tras varios meses de incertidumbre, de determinados países y sectores en contra y de unas cuantas abstenciones oportunas, el pasado 3 de julio el Parlamento Europeo aprobó el backloading de 900 millones de derechos de CO2.

Esta medida, diseñada por la Comisión Europea y, posteriormente rediseñada y limitada por el Comité de Medio Ambiente del Parlamento tras el batacazo en la votación del 16 de abril, consistirá en el retraso de la subasta de 900 millones de derechos de emisión (EUA) entre 2013 y 2015. Esto se traducirá en una disminución de la oferta de EUA y, por tanto, en la subida de su precio. Esta última versión del backloading limitaría la intervención de la Comisión Europea a una única vez.

Entre las propuestas que realizó la Comisión en su momento también se encontraban otras medidas estructurales, no tan cortoplacistas sino más ideadas para el largo plazo. Entre ellas estarían:

  • Incrementar el objetivo 2020 de la UE de reducción de emisiones hasta un 30%
  • Retirar un determinado número de derechos de emisión en la tercera fase.
  • Revisar de manera anticipada el factor de reducción lineal anual.
  • Limitar el acceso a los créditos internacionales.
  • Mecanismos discrecionales de gestión de precios. 

Como no podía ser de otra manera, todo el proceso de negociación ha estado rodeado de su habitual polémica. Determinados sectores industriales dependientes energéticamente han visto en el backloading una medida que sólo les revertirá costes adicionales, pérdidas y una disminución de su  competitividad. La otra cara de la moneda serían los ecologistas y los sectores del gas y las renovables que confían en que, de esta manera, se apueste por las tecnologías de menores emisiones.

Sea como sea, si algo está claro es que el mercado de derechos de emisión planteado por la Unión Europea está basado en la “escasez” de los mismos para su correcto funcionamiento, fijándose una oferta inelástica. Lo que no se vio venir en el momento de su diseño fue la actual recesión económica que, junto con una oferta inicial excesiva, ha provocado una sobreoferta de EUA de 1.800 Mt a finales de 2012 y, en consecuencia, un desplome del precio de la tonelada de CO2 a mínimos que en ningún caso estaban contemplados.

Si esta medida, que debe ser aceptada (previsiblemente en octubre) por los Estados miembros en el Comité de Cambio Climático del Consejo de la UE, resultase ser eficaz, observaríamos una subida de los precios de los derechos de emisión que debería traducirse en una mayor inversión en tecnologías limpias e I+D. De momento, el precio de la tonelada de CO2 en el mercado se ha quedado rondando los 4 euros, cifra que sigue estando muy lejos de la que en su momento se estimó que alcanzaría.

A esto se añade el hecho de que se trata de un mercado en desarrollo y, por tanto, todavía se ve muy afectado por decisiones políticas. Y si de algo no carece este “mundillo” del cambio climático es de vaivenes políticos. No hay más que ver el giro inesperado (o no tan inesperado) de la política de Obama en esta materia; parece que el shale gas ha devuelto la conciencia ambiental a los americanos. Al final siempre resulta estar detrás de todo la diosa Economía, lo cual no tendría necesariamente que ser negativo si sabemos servirnos de ello para impulsar verdaderamente la lucha contra el cambio climático y todo lo que ello conlleva. Tiene que “interesar”, en todos los sentidos de la palabra. Y, tal como está ahora mismo el mercado EU ETS, no interesa. De ahí la necesidad de tomar medidas si la Unión Europea pretende seguir liderando la lucha contra el cambio climático en un contexto internacional cambiante y todavía algo incierto.

Si todo sale según lo acordado en la COP 17 de Durban (2011), será en 2015 cuando veremos por fin definido un nuevo acuerdo internacional vinculante y con fuerza legal en materia de cambio climático, el cual sería válido a partir de 2020. Hasta entonces, y con la crisis como nuestro peor enemigo, sólo nos queda tratar de aprovechar esos pocos motores (el marketing, la legislación) que siguen impulsando esa manera de hacer las cosas un poquito más respetuosa con el medio ambiente.