Buscando la Vía Láctea

Dentro de esa enorme lista de cosas que tengo por hacer antes de ir al otro barrio, hay dos que ocupan un lugar preferente: fotografiar la Vía Láctea y ver una aurora boreal o austral (creo que el orden de los sumandos no alteraría el grado de satisfacción). El problema es que para disfrutar de ambos fenómenos en toda su magnitud es condición necesaria un cielo oscuro, un requisito cada vez más difícil de conseguir. Y es que la contaminación lumínica es uno de esos asuntos de los que casi nunca se habla pero que lleva años formando parte de nuestras noches.

Posiblemente hayas visto alguna de esas imágenes o vídeos de la Tierra de noche, con todas esas luces brillantes dibujando el contorno de los países (el vídeo adjunto es un poco largo, pero para un momento de relax está muy bien. Si optas por una opción más corta, puedes echar un vistazo a este otro).

Ese exceso de iluminación, que imagino que desde el espacio exterior tiene que asemejarse a una especie de faro interestelar (o un árbol de Navidad, teniendo en cuenta que nos encontramos en puertas de este período festivo), causa numerosos inconvenientes sobre la superficie terrestre.

Así, por ejemplo, la contaminación lumínica se asocia con un adelanto en la brotadura de las plantas de 7,5 días en las zonas más expuestas, amén de otra serie de problemas tales como los que recoge la web de la International Dark Sky Association (contribución al cambio climático, muerte de aves, alteración del ritmo biológico en humanos, etc.).

Además, el problema, lejos de solucionarse, se está incrementando, tal y como apunta Salvador Bará, que en las conclusiones de un estudio llevado a cabo en 2015 en Galicia sobre esta cuestión, cita el atlas de la contaminación lumínica de Falchi et al. que, entre otras cosas, asegura que el 60 % de los europeos y cerca del 80 % de los norteamericanos son incapaces de ver la Vía Láctea. Por cierto, que parte de este problema está ocasionado también por el cambio de la iluminación urbana de lámparas de sodio de alta presión (que son las que proporcionan esa luz cálida tan característica de algunas zonas urbanas y que en ciudades como París están intentando mantener) por luminarias LED, consideradas hasta 2.5 veces más contaminantes según los autores del atlas citado anteriormente. Este gif animado de la ciudad de Los Ángeles es un claro ejemplo de esta afirmación.

Llegados a este punto, es posible que te preguntes qué puedes hacer tú. Resulta obvio que el paso más simple es apagar la luz o monitor cuando no se está usando (la lógica, esa gran olvidada), usar alguna herramienta que atenúe el brillo de la pantalla (por ejemplo, Twilight, Lux o f.lux) o solicitar a las administraciones reducir la intensidad de la luz (el ayuntamiento de Reikiavik, por ejemplo, ha decidido apagar las luces de la ciudad para que sus ciudadanos puedan disfrutar de las auroras). Pero también puedes echar una mano a la ciencia a través de tu dispositivo móvil (oh, sorpresa!!) midiendo la contaminación lumínica de tu lugar de residencia. En las páginas web de descarga de aplicaciones de Android y Apple tienes herramientas tales como Pérdida de la noche o Dark Sky Meter (esta solo es válida para iPhone) con las que puedes medir cómo de oscura es la noche en la zona en la que encuentras. Los datos que se obtienen a partir de las distintas observaciones se comparten posteriormente con proyectos tales como Globe at night o Starts4All, iniciativa esta última coordinada por la Universidad Politécnica de Madrid.

Así que durante los próximos días, mientras oteas los cielos buscando la rechoncha figura de Papá Noel, intentas identificar la estrella que guía a los magos de Oriente o brindas con las estrellas por el año nuevo, aprovecha para observar el cielo con otros ojos y colabora para crear un mundo un poco más acogedor, que ya va siendo hora.

¡Feliz Navidad y feliz Año Nuevo!

PD. Como pequeño regalo visual navideño y si quieres ver lo que te estás perdiendo, te recomiendo que te pases por la web del fotógrafo Michael Shainblum.