Ciencia ciudadana: la aventura te espera al otro lado de la puerta

Un día oí en la radio, creo que con motivo de las típicas promesas que nos hacemos a principios de año, que, oye, estaría bien que, además de jurar y perjurar que vas a perder esos antiestéticos michelines, aprender inglés y dejar de fumar, incluyeras en ese “listado de irrenunciables 2017” algún propósito de índole ambiental, como coger menos el coche o reciclar más.

Son sin duda acciones con un claro beneficio y que desde estas líneas te animo a que lleves a cabo. No obstante y si aún no has hecho una pelotilla con tu lista de tareas y la has arrojado a la basura, me vas a permitir que te aconseje también una actividad con la que no solo vas a disfrutar tú sino con la que también vas a contribuir al beneficio del planeta. Las dos palabras que, como por arte de magia, abren la puerta a un mundo desconocido son “ciencia ciudadana”.

Puede que te cuestiones acerca de por qué tienes que ayudar a la comunidad científica, a lo que podría responderte con la pregunta de ¿y por qué no?, dejando que sopeses los pros y los contras por ti mismo. Pero voy a planteártelo como una especie de viaje iniciático a través de los secretos de este planeta del que dependes por entero (si no, prueba a respirar algo que difiera completamente de la atmósfera actual y me cuentas) ¿En serio no te gustaría explorarlo y conocerlo mejor?  

“Pero yo no soy científico… No entiendo nada de ciencia”, pensarás. No pasa nada. Esta cuestión es secundaria y es justamente una de las virtudes de esta actividad: que personas no entrenadas en el método científico se involucren en las investigaciones y la monitorización ambiental. Este mismo blog de iAmbiente publicaba en diciembre de 2016 las conclusiones de un estudio del CREAF y la UAB que ponía de manifiesto la importancia que tiene la recopilación de datos de biodiversidad a escala regional y global.

“Seguro que lo hago mal, lo que yo pueda aportar no va a servir para nada.” Excusas. La validez de los datos que se recogen a través de los proyectos de ciencia ciudadana es uno de los grandes peros en el que algunos autores inciden una y otra vez. Pero la mayoría de las iniciativas, por lo menos las serias, tienen por detrás un equipo de personas expertas que certifican que la foto que has subido es efectivamente un gorrión, por ponerte un ejemplo. Y si no, siempre puedes preguntar en alguno de los foros que se organizan en el marco de los proyectos. Al fin y al cabo, nadie nace sabiéndolo todo.

“Oye, pues esto de la ciencia ciudadana parece que mola, ¿no?” Pues sí. Además, existen un montón de opciones donde puedes echar una mano. En la web ciencia-ciudadana.es puedes encontrar numerosos proyectos donde tus ojos, tu nariz o un móvil a través del que recopilas datos son sumamente valiosos. Esta última afirmación está relacionada con que algunas de las iniciativas tienen como principal herramienta una app a través de la cual puedes transmitir datos de forma sencilla (tus datos personales no se almacenan en ningún sitio, así que en este sentido puedes dormir tranquilo). Algunos ejemplos: Natusfera, para registrar qué ves en la naturaleza (animales, plantas, etc.); Mosquito Alert, para conocer donde hay presencia del mosquito tigre y del mosquito que transmite la fiebre amarillla y el virus del Zika; o Fenodato, donde puedes señalar que esos almendros que ves desde la ventana de tu casa ya han florecido, aunque aún es enero (consulta más proyectos de ciencia ciudadana en Greenapps&web).

 

Fuente: ciencia-ciudadana.es (Fecha de acceso 26/01/2017)

Además, se trata de una labor que puedes hacer por tu cuenta, en compañía o, incluso, promoviéndola en tu colegio, barrio o comunidad (todo sea también por evitar ese preocupante resultado que arrojó la encuesta realizada por un técnico de SEO/BirdLife en un colegio de Astillero, en Cantabria, y que desveló que solo 3 niños de 51 sabían que un gorrión es un gorrión).

En países como Estados Unidos llevan más de 100 años desarrollando este tipo de iniciativas (el Christmas Bird Count que organiza anualmente Audubon y que consiste justamente en eso, en contar pájaros, comenzó a hacerse en el año 1900 y suele reunir a más de 70000 participantes a lo largo y ancho del país).

Así que dime, ¿qué vas a hacer con el tiempo que se te ha dado?

Por cierto, se me ha olvidado comentarte que este artículo está especialmente dedicado al casi 30 % de los encuestados que en el Barómetro del CIS de noviembre contestaron de forma afirmativa que era muy difícil que ellos pudiesen hacer algo por el medioambiente, para que vean que, en ciertos aspectos, no es tan difícil contribuir a que el planeta marche un poco mejor. A veces, basta con dejar de mirarse el ombligo.