Ciudad y vulnerabilidad: las nuevas enfermedades urbanas

El regreso de la pausa de verano se anuncia rico en acontecimientos que conciernen las reflexiones sobre la ciudad y su inteligencia, las Smart Cities. Por todas partes en el mundo conferencias, congresos, foros continúan reuniendo la comunidad para intercambiar y compartir visiones, conceptos pero también prácticas y experiencias. Tengo el honor y el placer de participar activamente en ellas donde aporto mi contribución siempre en esta vía trazada alrededor de la ciudad viva y de la necesidad de reinventar la ciudad en esta transición urbana, en la convergencia, como a menudo lo expreso de la Inclusión social, Reinvención urbana, Innovación tecnológica.

Deseo abordar con este artículo una reflexión que he  compartido en mis diferentes estancias en el mundo, sin formalizarlas y que conciernen lo que considero es también un elemento mayor en esta problemática de la inteligencia urbana cuando ponemos al hombre en el corazón: la Salud y todavía más la Eco Salud, es decir la salud del hombre urbanizado, con su cadena sistémica que en este período grandes mutaciones urbanas, también trae su lote de transiciones. Ya he hablado en dos artículos precedentes aquí en I-AMBIENTE de la problemática mayor, de la vulnerabilidad a partir del azar y a la polución y sus efectos sistémicos. Yo querría ir hoy más allá y compartir mis reflexiones alrededor de las «nuevas enfermedades urbanas».

 

 

La actualidad es, desgraciadamente, rica en ejemplos muy concretos de lo que no son más de amenazas que pesan sobre el hombre pero situaciones que se desarrollan sin cesar y que conciernen también al mundo urbano del norte al sur, del este en el oeste del planeta, todas forma confundidas de vida.

Hablamos ampliamente en esta columna y en muchas partes sobre el peso de la urbanización en el mundo, la rapidez de su desarrollo y su acelerada tasa de crecimiento, en todos los continentes con un planeta ineluctablemente de mayoría urbana. Es entonces esencial para todos los actores de la ciudad, interesarnos sobre las consecuencias de este fenómeno respecto de la salud humana y los impactos en la calidad de vida, que es el indicador esencial del bien vivir juntos.

La Organización mundial de la salud (OMS) adoptó una definición de la salud que «no consiste solamente en una ausencia de enfermedad o de lesiones», sino más bien «en un estado de bienestar completo físico, mental y social». Ha sido demostrado claramente que la salud y el bienestar en sus diferentes componentes físicos, mentales y sociales están imbricados estrechamente y son profundamente interdependientes. La salud está influida por numerosos factores en los que está en primer lugar el ambiente de vida.

Ya he evocado los riesgos y la vulnerabilidad, la problemática de la gestión medioambiental con el lote de las enfermedades y perturbaciones en la cadena sistémica de la salud debidas a la polución, los productos tóxicos, los impactos de los vehículos motorizados a esencia, redes de calor y frío y los edificios, los tres grandes contribuidores de CO2 y del efecto de gas de invernadero a partir de las ciudades.

Abordaré hoy otros dos elementos que trastornan nuestras vidas, en el sentido estricto de la palabra y que están ligados directamente a la urbanización y la emergencia de nuevas formas de vida colectiva en ciudad con los intercambios y mutaciones sociales, culturales y familiares, etc.:

a)  Las nuevas enfermedades infecciosas que vemos progresar por todas partes en el mundo y relacionadas directamente a las problemáticas de urbanización: el Ébola y su propagación en los países africanos, el dengue con el ascenso del mosquito Tigre, que encontramos cada vez más en grandes zonas urbanas y su primo el chikungunya, para citar tres ejemplos concretos, que están hoy en primera plana en los medios de comunicación. En 2009, el director general de la OMS David Heymann declaraba que "las enfermedades infecciosas pueden emerger en las zonas rurales, pero las zonas urbanas son cruciales para su diseminación y su transformación en epidemia, incluso en pandemia" en el  coloquio que se efectuó en Lyon en Francia sobre «la gestión de las epidemias urbanas.[1]

En el caso del Ébola, de toda actualidad, hagamos un zoom. Cito la declaración de la geógrafa y profesora de la Sorbona Silvia Brunel[2] « los centros epidémicos de esta enfermedad altamente contagiosa y fulminante no son limitados más a pueblos aislados de África central. Ellos se localizan al contrario al mismo corazón de un África urbana y emergente, densamente poblado, donde las fronteras son porosas y movimientos de poblaciones tan intensas que la cadena epidémica se revela muy difícil de frenar.

El modo en el que se toman  cargo los enfermos crea una cierta desconfianza: identificación individual, descontaminación de las casas, asistentes sanitarios y personal obligado a estar con sus escafandras protectoras, intervención cuando los síntomas se declaran  incitando a las familias a solidarizarse alrededor de los enfermos y a disimularlas, transformando ciertas casas, a familias, incluso pueblos en bombas virales potenciales en una especia de negación colectiva de la enfermedad. Poner en ejecución todo  para que la epidemia deje de extenderse supone de tomar en cuenta mejor los entornos psicológicos que traban la lucha actual e impiden una verdadera movilización colectiva del conjunto de las sociedades africanas, frente a un peligro percibido ahora de cierta manera como una nueva agresión exterior. Es la movilización que debe ser planetaria, no las barricadas »

El jueves, 28 de agosto, el director general adjunto de la Organización mundial de la salud (OMS), Bruce Aylward, advirtió que «no era una crisis africana, sino una crisis mundial ». La primera economía africana Nigeria y en unos años una de las potencias demográficas mundiales y con su capital, la megalópolis de Lagos, - que he evocado a menudo en mis conferencias-, se ve desde ahora afectada en múltiples actividades económicas. Los sectores más afectados son el aéreo, el turismo, la hostelería, el comercio, la agricultura. El análisis de la contribución de estos sectores al producto interior bruto muestra que Nigeria podría haber perdido cerca de 2 mil millones de dólares durante el primer trimestre de la epidemia.[3]

 

 

¿Por qué Lagos es el peor escenario posible para la propagación de Ebola? ¿Se interrogan  los analistas?

Porque Lagos es la megalópolis africana más densamente poblada. Por lo menos 21 millones de personas, pero pueden ser más, viven en esta ciudad, que es también uno de los centros económicos más dinámicos de África y sobre todo un lugar de tránsito para toda la población nigeriana, incluso la diáspora. Luego porque Lagos es el pulmón económico de Nigeria: todos los bienes y los servicios son centralizados allí, particularmente los productos petroleros, el maná del país. Si la epidemia se propaga en Lagos, Nigeria estará fuertemente afectada humanamente y económicamente. Hoy no es solamente toda el África del Oeste[4] el que está debilitado[5] sino que toda su economía podría estar seriamente amenazada. Hoy no sólo los nigerianos rezan desesperadamente para que esta enfermedad no alcance Lagos, es el mundo entero el que lo espera[6]

En el caso del virus chikungunya, de transmisión sin embargo vectorial, el nivel de urbanización juega también un papel importante. Cito el estudio excelente publicado en 2009 « El medio ambiente socio-espacial como el factor de emergencia de las enfermedades infecciosas »[7] : « la urbanización creciente y la concentración siempre más fuerte de las poblaciones son unos factores de emergencia bien establecidos para la propagación de las  enfermedades virales a transmisión por aerosoles que se acentúan con la promiscuidad y la multiplicación de los contactos interhumanos. En el caso del virus chikungunya, el nivel de urbanización juega también un papel importante en la medida en que Aedes albopictus o mosquito Tigre es un mosquito particularmente bien adaptado en medio urbano y periurbano ».

El factor urbano combinado con el recalentamiento climático y la intensidad de los intercambios internacionales en una economía mundializada conllevan la emergencia, por ejemplo, en los países del Norte de este tipo de enfermedades en zonas urbanas, que se acentúan en los países del sur en las grandes ciudades. El estudio de OMS[8] publicado en septiembre de 2013 « Marco regional para la vigilancia y la lucha contra los mosquitos invasores y vectores de enfermedades y las enfermedades reemergentes a transmisión vectorial » precisa que la presencia epidémica del chikungunya en Italia en 2007 y los casos esporádicos en Francia en 2010 probaron que Europa quedaba vulnerable a la transmisión de los otros arbovirus tropicales y confirma que la transmisión de estas enfermedades puede hacerse endogenamente.

El dengue, cercano al chikungunya,  infección también transportada por los mosquitos igualmente, a diferencia del paludismo se ha convertido en una enfermedad urbana, tomando cada vez más importancia para la salud pública internacional. Esta se presenta en las regiones tropicales y subtropicales, principalmente en las zonas urbanas y semi urbanas. El Dengue amenaza 3,6 mil millones de personas que viven en más de 125 países y territorios endémicos. Señalamos cada año entre 70 millones y 500 millones de casos de dengue, con 21 000 defunciones. La amenaza del dengue se precisó estos últimos años en Europa. Los casos recientes de transmisión local dengue señalados en Croacia y en Francia en 2010 y en la región autónoma de la Madeira (Portugal), en 2012-2013 mostraron que la transmisión del dengue era posible en diferentes zonas de la Región europea donde los géneros Aedes albopictus o Aedes aegypti están presentes.

La OMS en este estudio muestra cómo el cambio climático, en particular las subidas de temperatura y las inundaciones repetidas, así como la urbanización en grande escala, pueden contribuir más a la propagación y a la implantación duradera de los mosquitos. La llegada de una vacuna, como esto ha sido anunciado recientemente por SANOFI es una elemento mayor internacional de salud pública y en particular en este marco de nueva enfermedades urbanas, que se hacen una prioridad en la lucha para preservar una calidad de vida[9].

 

Pero es indispensable tener en cuenta, como lo señala el estudio de Francisco Taglioni y Juan-Sebastián Dehecq ya citado y muchos otros, que la exposición de las personas a las picaduras en medio urbano es dependiente de su modo de vida y modo de la estructura urbana de las ciudades.

b)  Las nuevas patologías urbanas : a los riesgos de los agentes infecciosos y el conjunto de la problemática medioambiental se añaden, en esta fase de transición urbana que yo describo regularmente, nuevas desafíos sobre la salud, ligados a los cambios de vida propios a la  urbanización, las condiciones de vida de los ciudadanos y la dinámica desigual de desarrollo de las ciudades en particular en contextos de crecimiento fuerte, desordenado y muchas veces espontáneo.

Ciertos autores hasta hablan de otra transición, dicha la « transición epidemiológica » concepto, cuya fuente del análisis y las previsiones de los cambios de perfiles de las patologías sanitarias, fue desarrollado en 1971 por Abdel Omran.[10]

Por mi parte, prefiero hablar de las nuevas vulnerabilidades de la ciudad en sus evoluciones, imbricadas en las mutaciones de la estructura urbana particularmente del medio ambiente social-territorial.

¡En el espacio de un siglo, de 1950 a 2050, vamos a pasar de700 millones de personas que viven en ciudad a cerca de 6,5 mil millones! Si hacemos un zoom entre 2000 y 2050, hablamos de 3 mil millones de personas que se instalarán en ciudades sobre todo el planeta. Es la báscula, en 100 años, de un mundo al 70 % rural hecho al 70 % urbanizado.

Así, la complejidad misma de las ciudades, la urbanización creciente, la estructuración urbana, el aumento de las necesidades que hay que satisfacer y aumentando exponencialmente con la explosión demográfica, la presión debida a la disminución de los recursos, pero igualmente las fracturas socioeconómicas visibles en el tejido social, ponen de manifiesto hoy una nueva clase de vulnerabilidad urbana en el dominio de la salud también, en plena evolución.

Al mismo tiempo, la urbanización de las ciudades conlleva  perturbaciones permanentes tales como los ruidos, el estrés urbano con  la intensidad de las actividades, los riesgos naturales y/o antrópicos, la inseguridad, las transformaciones alimentarias, de su calidad y de su ritmo, los impactos del cambio climático, las poluciones etc. Éstas participan de la nueva vulnerabilidad de  la ciudad con el desarrollo de nuevas patologías que toman un efecto masivo para algunas y en fuerte progresión para otras, entre las cuales cito la hipertensión arterial, las enfermedades cardiovasculares, cancer, asma, diabetes, alergias, la obesidad  propia el estado sedentario, malas costumbres alimenticias y también nuevas costumbres de vida (largos periodos delante de todo tipo de pantallas), las enfermedades que van con la promiscuidad en el hábitat etc. El crecimiento urbano con los tugurios, barrios de invasión o construcciones precarias, forma parte de esta heterogeneidad en la ciudad, en particular en los países emergentes y dichos del “Sur”. En efecto, como el geógrafo - urbanista B Newling lo dice : « el crecimiento urbano se traduce en una heterogeneidad fuerte e interna y una oposición muy nítida entre ciudad legal y ciudad ilegal, entre marcos planificados y  construcciones por fuera de las normas urbanísticas legales ».

 

El conjunto de estas enfermedades, dichas de "civilización", pasa ahora por delante de las  enfermedades infecciosas – en particular en los países del eje Norte Oeste del planeta pero presentes en las grandes ciudades en todo el mundo, y resulta de la degradación generalizada de nuestro ambiente de vida. Estas enfermedades no transmisibles son hoy un desafío mayor para los ciudadanos, para  la salud pública y el conjunto socio económico, no sólo con respecto a los gastos de los sistemas públicos, privados y personales que resultan de eso sino además por los efectos sistémicos. Margaret Chan, directora de la OMS, ya señala en 2011 que « el aumento de las enfermedades crónicas no transmisibles representa un desafío enorme. Para ciertos países, no es exagerado de describir la situación como la catástrofe inminente para la salud, para la sociedad, y sobre todo para las economías nacional.» 

Acabaré este artículo con la cita de Albert Levy, arquitecto-investigador que resume bastante bien esta situación de la que me parece que aun estamos lejos de haber tomado verdadera conciencia: « debemos interrogar el urbanismo actual, responsable de la degradación de los medios de vida en el entorno patógeno físico y social. Es necesario  aprehender el  ambiente urbano, en su carácter global, como el factor de riesgo, el factor de exposición, el factor potencial de alteración (mental, física) de la salud. La «salud urbana»,  tiene como tarea de diagnosticar las causas y los mecanismos por los cuales la ciudad, en su organización y su funcionamiento, afecta la salud, proponiendo soluciones urbanísticas alternativas. El urbanismo sostenible, hoy, en gestación, debería integrar mejor la dimensión sanitaria en sus objetivos »

Por mi parte pienso – así como puedo expresarlo en diversas conferencias y escritos - que hay que ir más allá del componente urbanístico. Creo que de la misma manera que el desarrollo sostenible vino para inscribirse en un marco multi-dimensional, haciéndolo pasar de un marco estrictamente ecológico a una triple composición ambiental, económica y social, también hay que asociarlo con esta noción más allá del urbanismo que es el conjunto de la vulnerabilidad urbana.

Mi sentimiento, es que es completamente indispensable profundizar la comprensión de la fragilidad de la ciudad, a través la estructura urbana y de las relaciones de los habitantes con su territorio con el fin de identificar estas vulnerabilidades  "activas" de las que la salud urbana forma parte y las que, aun cuando solo están en germen, son ya portadoras de situaciones de crisis. Estas nuevas vulnerabilidades estructurales tienen por otra parte la característica de no ser limitadas a un espacio-tiempo definido o a una gobernanza particular en un instante T, sobrepasando la duración de un mandato electoral.

Es a la luz de esto que creo en la imperiosa necesidad de tratar  la vulnerabilidad social-urbana como un elemento mayor en nuestra concepción de una ciudad viva y sensible.

La reflexión y la acción a la escala de las ciudades en nuestro mundo urbanizado demuestran la importancia capital de la comprensión de los factores de vulnerabilidad estructural en esta  triple convergencia ambiental, económica y social.

Más allá del tecno centrismo, la ciudad inteligente, la Smart City Humana, con el ciudadano en el corazón, será la que sabrá comprender la importancia capital de su vulnerabilidad y pondrá en ejecución ante todo una capacidad a construir, cada día, su resiliencia.

 

Carlos Moreno

 


[1] Coloquio Biovisión 2009, Lyon • Las ciencias de la Vida frente al desafío de la urbanización
[2] « Evitemos toda estigmatización de África en la lucha contra el virus Ebola » Le Monde (Fr)
[3] Estudio de Financial Derivatives Company, DG Bismarck Rewane, (En)

[7] « El medio ambiente socio-espacial como factor de emergencia infecciosa de las enfermedades. El chikungunya en el Océano Índico  »por Francisco Taglioni y Juan-Sebastián Dehecq (Fr)