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Greencities

¿Cómo imaginar cuáles serán las implicaciones de las “Smart Cities”?

¿Cómo imaginar qué y cómo serán las ciudades inteligentes? ¿Cómo entender sus retos, impactos e implicaciones? ¿Y cómo reducir la complejidad del tema? Hago algunas reflexiones y proyecciones.

Me imagino que mi hijo, cuando hable de su primer coche a sus propios hijos, lo más probable es que hable de un vehículo eléctrico. A la vez que cuente esto, obtendrá las notas del colegio con el ojo puesto en la pantalla de sus gafas o,  a lo mejor, votará en las elecciones. Probablemente olvidará contar que, en su juventud, había todavía “electrolineras” que, por la “mala” capacidad de la batería y la curva de carga de la energía renovable disponible, tardaban unos 20 minutos en cargar unos 600km de autonomía (suficiente para llegar a la costa el fin de semana, para ver la FormulaE en un parque nacional). Además, mientras cargue la conexión WiFi del coche, tendrá línea asegurada para hacer transferencias y seguir gestionando sus proyectos freelance en la nube, mientras hace la compra en su blog favorito de productos bio. Su configuración de la privacidad seleccionada en las redes sociales le permitirá ganar “miles” a cambio de sus datos de consumo transmitidos a las empresas, así como por las búsquedas por internet de marketing.

A parte de esto, la “nueva moneda” o unidad de cambio utilizada en Europa será el kWh. En las empresas y las casas, las comunidades de vecinos y fincas particulares se generará más energía de la necesaria a través de infraestructuras de energía renovable. El exceso entra en la “SmartGrid”. Su hijo, es decir mi nieto, se ganará una parte de su “paga” por la energía recuperada por el sistema de freno que inyectará con su coche eléctrico en el circuito de la comunidad de la casa por la mañana cuando el kWh es más caro por la alta demanda. De este modo o muy parecido podría ser un futuro no tan lejano dentro de ciudades más inteligentes en 2030.

Smart Cities: cambio disruptivo

Hoy somos ciudadanos más inteligentes, y vivimos un cambio socio-cultural radical en cuanto a nuestras costumbres, además de tecnológicamente disruptivo. Disruptivo, porque las nuevas tecnologías entran poco a poco en nuestras vidas (como fue con el primer coche de combustión, la televisión, vuelos para todo el mundo, móviles, portátiles, smartphones y dentro de poco vehículos eléctricos). “Poco a poco” porque la sociedad suele seguir el comportamiento descrito por Ghandi en cuanto a nuevas cosas: “Primero ignorado, luego ridiculizado, luego atacado…y finalmente apropiado”. Por ejemplo, el coche eléctrico está probablemente en el penúltimo paso, después del salón automóvil en Fráncfort más bien en el último paso (y mi suegro ya tiene una tablet android desde hace tiempo).

Digitalización del entorno

El coche eléctrico es sólo una parte de las ciudades inteligentes. Las “SmartCities” aceleran la fusión o el acercamiento de los sectores de TIC (comunicación), de la energía y de la movilidad. Esta fusión implica una digitalización y automatización de nuestro entorno directo, tanto privado como profesional. La digitalización es probablemente el factor más notado de esta fusión por nosotros, p. e. pasando de papel a billete electrónico y a la declaración renta online…

Shoshona Zuboff, economista americana y profesora emérita de la Harvard Business School, dice que la tecnología aumenta el control…en cada sentido. Sus 3 leyes indican la importancia de fomentar ciudadanos implicados y responsables en cuanto a la tecnología y la digitalización de nuestra vida:

  1. Todo lo que se puede digitalizar y convertir en información, será digitalizado y convertido en información.
  2. Todo lo que puede ser automatizado será automatizado.
  3. Cualquier tecnología, utilizable para un fin de control y supervisión (da igual de su fin inicial) será utilizado para ejercer control y supervisión.

El Google Leitmotif es “do not be evil”… ¿¡consciente de las implicaciones?! Solucionar estos asuntos serán retos importantes de aquí en adelante. Esto es y va ser nuestra responsabilidad, garantizar el equilibrio de control y supervisión.

En la discusión actual se habla mucho de “si las ciudades inteligentes se adaptan a sus ciudadanos”. En todo caso tendrán que ser más accesibles para todos y permitir la gestión de los recursos con sentido común como decía el alcalde de Santander (España), D. Íñigo de la Serna, recientemente.

La ciudanía informada y digitalizada tiene también sus ventajas. Volviendo a Zuboff, ella opina que la digitalización es el comienzo de un nuevo sistema económico centrado en el “usuario” o “consumidor”. La creación de valor será de manera descentralizada dependiendo principalmente de uno o varios individuos.

Al margen de la complejidad del asunto: Nosotros somos “híbridos”, una sociedad en transformación, entre combustión y renovable, entre gasolina y electricidad y entre coche propio y car-sharing. Necesitamos facilitadores e infraestructuras por parte del sector privado y público para que cada uno pueda empezar en su entorno.

Conclusiones: sentido común para un impacto positivo

Hay muchos enfoques y opiniones sobre cuál es nuestro camino hacia las SmartCities, pero el cambio socio-cultural esta lanzado y necesitamos mucho sentido común para asegurar el impacto positivo en la sociedad. Necesitamos interconectarnos y comunicarnos más para aumentar la aceptación de los usuarios hacia las nuevas tecnologías, apoyar y proponer nuevos modelos de negocio. En suma, tenemos que incrementar el impacto positivo de la fusión de los sistemas de comunicación, de energía y de movilidad, lo que nos permitirá decidir de manera más sostenible y con mayor sentido común.

Ahora hago check-in de mi próximo vuelo online, a través de la APP, verifico el consumo energético diario y apago la luz de la oficina por mi tablet, me subo en mi moto eléctrica y en casa hablo con mi mujer por skype para saber si mi hijo ha encontrado su coche eléctrico teledirigido, mientras mi hija de un año habla conmigo con su teléfono imaginado... Los “cibernativos” lo tienen fácil. Dicho esto, me siento ya un poco más “smart”.