Con la cabeza llena de pájaros

Los domingos por la mañana, siempre que puedo, suelo escuchar un programa que hay en Radio Euskadi en el que Ramón Elosegui, delegado territorial de SEO/BirdLife en el País Vasco, tiene un pequeño espacio sobre aves. Además de reproducir los cantos más habituales de diferentes especies, también se habla sobre aspectos relacionados con la avifauna. 

En uno de los últimos programas antes del inicio de la temporada estival, Elosegui estuvo hablando sobre la importancia que tiene el turismo ornitológico como actividad económica para muchas zonas rurales. Así, afirmó que el aficionado a este tipo de recreo responde al perfil de una persona con un poder adquisitivo medio/alto que se mueve en función de los ciclos migratorios de las aves o que se siente atraído por la observación de las zonas de nidificación o invernada. Se trata, por tanto, de un tipo de turista con una serie de necesidades a cubrir tales como alojamiento o alimentación que puede ayudar a incrementar los ingresos al margen de los períodos tradicionalmente vacacionales. Y todo en un país, España, en el que la riqueza ornitológica se puede considerar entre descomunal y brutal.

Aunque en los últimos años se están haciendo esfuerzos sobre el terreno para promocionar este tipo de actividades (sirvan como ejemplo las experiencias que se vienen desarrollando en Extremadura y Aragón o el surgimiento de negocios relacionados con la observación de aves), personalmente considero necesario explorar también otras opciones que contribuyan a aumentar esta masa crítica. Y una de ellas bien podría ser el desarrollo de aplicaciones móviles de identificación de aves, especialmente de aquellas orientadas a reconocer las especies por su canto gracias a una grabación realizada con el dispositivo móvil (no confundir con las apps que incluyen archivos de audio)..

Hace un par de años, el lanzamiento de una aplicación de estas características, de nombre Warblr (aquí puedes leer un artículo - en inglés - un poco más actualizado sobre esta app), en el Reino Unido, despertó un notable interés ya que suponía un salto adelante en el desarrollo de herramientas innovadoras vinculadas a la naturaleza. Lo cierto es que ya entonces existían en el mercado otras soluciones análogas, como las que desarrolla iSpiny, que con más o menos grado de exactitud eran capaces de identificar el canto de un pájaro (seguro que las versiones más actualizadas han mejorado la capacidad de reconocimiento). Actualmente, una de las aplicaciones que mayor atención está despertando es Song Sleuth, capaz, según afirman sus creadores, de reconocer 200 especies de aves de EE.UU.

Robert Macfarlane on Twitter

In case you don't already know it: Xeno-Canto is an astonishing free archive of worldwide birdsong recordings. Yes. https://t.co/REGRxwP0s6

 

Es decir, la tecnología (machine learning o aprendizaje automático) necesaria para crear este tipo de aplicaciones, aunque en pañales y sometida a constantes mejoras y revisiones, ya existe (ojo, que tampoco es pan comido, tal y como afirma Laura Erickson, experta ornitóloga que pone en duda que se pueda crear una app infalible). Pero prácticamente todas la experiencias, al menos que yo conozca, se están centrando en Reino Unido y Estados Unidos. ¿Por qué no surgen iniciativas de este tipo de España? ¿No hay profesionales adiestrados en estas materias? ¿No interesa o es que estamos esperando a que sean otros los que vengan a explotar estos recursos?

Creo que ya lo he comentado en este blog en alguna otra ocasión, pero la sensación de que estamos dejando pasar oportunidades para desarrollar ideas interesantes es algo que no se me termina de quitar de la cabeza.

¿Será que somos incapaces de ver la recompensa?