Contaminación interior: un monstruo habita entre nosotros

Si yo te digo contaminación, ¿qué es lo primero que viene a tu cabeza? Supongo que enseguida pensarás en chimeneas escupiendo humo, miles de coches quemando combustible atrapados en interminables atascos o esas apocalípticas imágenes que de vez en cuando llegan desde China u otros países y que parecen la antesala del infierno (como esta de Tianjin que, todo sea dicho, ha sido merecedora de un galardón en el certamen del World Press Photo de este año).

Sin embargo, y aunque te parezca mentira, muchas veces la atmósfera de los espacios cerrados es más perjudicial para la salud que permanecer en una calle totalmente congestionada por el tráfico (hasta 10 veces mayor según algunas publicaciones médicas, si bien esta cifra baila dependiendo de la fuente consultada). Si a este hecho, se añade que más del 80% de nuestro tiempo transcurre en espacios interiores, pues blanco y en botella, leche.

Las posibilidades económicas y la disponibilidad de alternativas, así como el acceso a información y educación, también pueden determinar la exposición de las personas a la contaminación en interiores.

Así por ejemplo, en las zonas del mundo donde se depende de la biomasa (carbón, leña, estiércol, etc.) para cocinar o calentar el hogar y en las que las condiciones de ventilación son deficientes, esta circunstancia adquiere proporciones catastróficas, minando la vida de cientos de miles de personas que engordan las estadísticas de fallecimientos debido a la contaminación interior (en total, este problema supone aproximadamente la muerte de 4,3 millones de individuos cada año, según la OMS).

No obstante, en la mayor parte de los hogares, estos agentes contaminantes no se manifiestan de forma tan patente, permaneciendo agazapados en ese perenne olor a cigarrillo, las pequeñas manchas de humedad que afean el techo o esos muebles nuevos que lucen en el salón, elementos algunos de los cuales han sido recogidos por la siguiente imagen extraída de la Agencia Europea de Medio Ambiente (si prefieres, en la web de la EPA tienen una vivienda interactiva a través de la que puedes hacer un recorrido por la ruta del moho).

(imagen Agencia Europea Medio Ambiente)

 

Una vez contextualizado el problema, toca echar un vistazo a las soluciones que proporciona la tecnología para minimizar los efectos de la contaminación interior.

La mayor parte de los dispositivos disponibles consisten en sensores que proporcionan información sobre la concentración de los distintos contaminantes, una alternativa defendida por Prashant Kumar, de la Universidad de Surrey, tal y como recogía hace unos meses la web de Xatakaciencia. Sin embargo, cada vez son más las publicaciones (sirvan como ejemplo NERC y Nature) que alertan acerca de la validez o exactitud en las mediciones de muchos de los sensores comerciales que actualmente pueden encontrarse en el mercado, aconsejando en todo caso que no se usen para la toma de decisiones que impliquen temas de salud (automedicación, por ejemplo).

Teniendo en cuenta esta “particularidad” (ojo, tampoco quiero meter a todos los dispositivos en el mismo saco porque algunos de ellos, como los que comercializa la empresa española Libelium, se calibran y están certificados) y por no saturarte con un montón de marcas que comercializan un montón de productos diferentes (una búsqueda por “home air quality sensor” devuelve más de 19 millones de referencias), me voy a ceñir a una serie de sensores que analizó Nate Adams, creador de Energy Smart Home Performance y conocedor de este tipo de dispositivos, y cuyos resultados reprodujo la web CleanTechnica.

Como verás, Adams parte de una serie de sensores que, además de medir, guardan los datos a lo largo del tiempo, lo cual permite analizar las tendencias y observar los posibles cambios que se vayan produciendo. Los parámetros o variables que a su entender deben tenerse en cuenta son PM2.5, compuestos orgánicos volátiles, temperatura y humedad, monóxido de carbono y dióxido de carbono. Todos los aparatos analizados tiene sus pros y sus contras, pero teniendo en cuenta todas las variables y en opinión de Adams, el dispositivo de mejor calidad-precio es Footbot.

A pesar de que no acapara tantos titulares como su convecino de exteriores, la contaminación interior puede resultar igual o, incluso, más peligrosa.

Como en la película de Juan Antonio Bayona, a veces los monstruos vienen a vernos y, en ocasiones, sin percatarnos, se quedan a vivir entre nosotros.