Cooperar o competir, el falso dilema de las ciudades inteligentes

Cooperar o competir es una duda que se nos presenta a todos nosotros en multitud de ocasiones. La teoría de juegos ha estudiado profusamente esta cuestión desde el punto devista científico, y hay enunciados clásicos como el famoso “dilema del prisionero” que nos muestran muy bien este problema.

Las ciudades, o mejor dicho sus gestores, tampoco se escapan a esta cuestión. Los recursos son escasos y la tentación de intentar acapararlos es grande. Los grandes proyectos de infraestructura que necesitan de financiación extramunicipal, los proyectos de I+D (y sus fondos asociados), la captación de empresas y proyectos industriales generadores de empleo, los turistas, las personas creativas, etc. Son muchos los ejemplos de “recursos disputables” que podemos enumerar. Parece razonable que cada ciudad intente atraer hacia si todos los recursos que pueda captar.

Sin embargo nos encaminamos hacia un nuevo paradigma. El recurso principal pasará a ser el conocimiento y el plano físico coexiste con el plano digital. Todo evoluciona más rápido y de una manera globalizada. Las reglas del juego han cambiado.

A nadie se le escapa  que en este nuevo paradigma la colaboración es un valor en alza. Internet ha sido el gran catalizador de este fenómeno, al soportar las herramientas tecnológicas que hacen posible conectar cualquier grupo de personas con independencia de donde se encuentren físicamente.

Las ciudades una vez más son el reflejo de la sociedad, y plasman esta filosofía de colaboración en la formación de alianzas y redes con otras ciudades. Ejemplo pionero a nivel mundial es la “Red Española de Ciudades InteligentesR.E.C.I. que actualmente preside Santander y cuya sede permanente está en Valladolid. Como asociación de las “smartcities” españolas promueve el intercambio de información, conocimiento, buenas prácticas, y errores incurridos, entre sus miembros. Con la filosofía de compartir lo aprendido y experimentado por sus miembros, facilita y agiliza el camino a los mismos, replicando los aciertos y evitando la repetición de errores.

¿Significa esto que ya no va a haber competencia entre ciudades?

 

No, no significa eso. Sin embargo, pasaremos de la competencia más pura a la “COOPETENCIA”. La coopetencia es la competencia colaborativa (también podríamos definirlo como la colaboración competitiva).

Son múltiples los escenarios en los que la suma de los beneficios de los competidores que colaboran es superior a la suma de los beneficios de los competidores que no colaboran. Podemos afirmar que la colaboración entre competidores genera retornos adicionales a los que genera la simple competencia. Y por supuesto mantiene todos los estímulos que provoca el que haya competencia. Sin duda uno de los escenarios en los que esto es aplicable es el de las smartcities.

Por lo tanto, este es el modelo hacia el que vamos. Ciudades que colaboran, que comparten conocimiento, que se ayudan mutuamente y defiende colectivamente sus intereses. Pero ciudades que no olvidan su compromiso con sus ciudadanos, que intentan hacer una ciudad mejor para todos, con mejores infraestructuras y servicios, con mayor riqueza y progreso económico, y que intentan atraer el mejor talento como elemento diferenciador.

Como decía en el título, cooperar versus competir es un falso dilema en la actualidad. La única opción válida es “Coopetir”.