Crecimiento de la ciudad: Parque Social. Experiencia singular en la periferia de Buenos Aires

El espacio metropolitano de Buenos Aires se ha desarrollado históricamente exacerbando el carácter abierto de su trama urbana, donde la calle, la esquina o la plaza eran instrumentos cívicos de cohesión social, de fortalecimiento de las relaciones de vecindad. Sin embargo, en las últimas dos décadas se ha instalado un proceso que rompe sus patrones tradicionales de crecimiento a partir de la emergencia de enclaves fortificados, los “parques cerrados”, que -bajo la lógica del “urban cluster”- encapsulan actividades, fragmentan territorios, segregan población.

Se observa entonces cómo las actividades productivas, por ejemplo, tienden a concentrarse en Parques Industriales, las de intercambio en Parques Comerciales, las de innovación en Parques Tecnológicos, las habitacionales en Parques Residenciales, y las de esparcimiento en Parques Recreativos.

El Parque Social como instrumento de integración

Dado el rígido acordonamiento que estos enclaves le imprimen a su perímetro y el carácter selectivo de su interior, los efectos de estos procesos generan una aguda polarización urbana, en el que unos pocos espacios concentran riqueza y muchos otros se sumergen en un estado de abandono y precariedad extremos.

En este marco, en áreas de aguda vulnerabilidad, comenzamos a desarrollar en la periferia noroeste de Buenos Aires, bajo la figura de “Parque Social”, una experiencia singular como instrumento de contención, de integración e inclusión, que tiene en esencia un espíritu contestatario a estas nuevas formas de crecimiento dicotómico de la ciudad.

Un antecedente de la figura de “Parque Social” lo constituye la experiencia denominada “Oasis Urbano”, desarrollada en el Reino Unido para dotar de soluciones a problemas de subempleo y pobreza estructural, identificando las necesidades prioritarias de los vecinos y creando áreas verdes productivas alrededor de un típico bloque de pisos del centro degradado de la ciudad, con huertas comunitarios y jardines hortofrutícolas intensivos.

De esta manera, la comunidad local comienza a ofrecer respuestas alternativas que apuntan a recuperar valores sociales en pugna sobre el territorio, tales como: competitividad y cooperación; solidaridad y compromiso; seguridad y recreación; iniciativa y desarrollo; formación y trabajo; futuro y presente; capacidades y oportunidades.

La Estrella... un barrio abierto de loteos populares

El barrio La Estrella contiene patrones representativos de los procesos de loteos populares abiertos del segundo cordón metropolitano de Buenos Aires: tejido urbano discontinuo, bajas densidades, viviendas de autoconstrucción, precaria accesibilidad, suelos inundables, ausencia de infraestructuras, calles sin pavimentar, escasez de equipamientos.

Se encuentra situado en el municipio de San Miguel, en el deslinde con los de Moreno y José C. Paz, y abarca unas cuatrocientas manzanas caracterizadas por:

  • Bajo nivel socioeconómico
  • Exigua actividad comercial y productiva
  • Altos niveles de desempleo
  • Predominancia del trabajo informal
  • Considerable deserción escolar temprana

Asimismo, las condiciones de inseguridad general se agravan por la creciente delincuencia juvenil y por el tráfico y consumo de drogas, que hacen del espacio público el escenario de confrontación. Con lo cual, estas circunstancias instalan en el barrio problemáticas en correspondencia con las de áreas sociales de alto riesgo.

Construcción colectiva de problemas y respuestas

A partir de la confluencia de ciertos episodios de saturación, la comunidad local produjo dos giros significativos: por un lado, comenzó a organizarse para construir colectivamente problemas a atender; y por otro generó instancias de toma de decisiones que ofreciesen respuestas suficientemente vastas, factibles e inclusivas.

Grupos de vecinos fueron movilizados por la sociedad de fomento barrial y, aunando fuerzas con organizaciones civiles sin fines de lucro, mantuvieron masivas reuniones de discusión en la escuela de la zona, donde pusieron en evidencia conflictos, temores y frustraciones, y -también- posibilidades, expectativas y oportunidades.

Luego de un tiempo, la decena de encuentros concluyó en la necesidad de revertir la situación crítica del barrio a partir de acciones que permitan la reinserción de los jóvenes en el sistema educativo, la generación de herramientas de acceso al empleo y el desarrollo de micro-emprendimientos que potencien las capacidades locales.

Como respuesta al conjunto de problemas identificados, propusimos la recuperación de un terreno baldío adyacente para emprender actividades de contención múltiples. Tras algunas gestiones con los propietarios, se acordó una cesión gratuita en comodato para desarrollar allí un “Parque Social” que fije un rumbo deseable a la población local.

La compleja formulación de un escenario consensuado

Compleja es la trama social que interviene en el barrio. A partir de la realización de entrevistas, se han identificado tres categorías de actores involucrados:

  • La comunidad local, a través de asociaciones espontáneas o por la actuación de líderes vecinales, de organizaciones barriales, de “manzaneras” y punteros políticos, que instalan problemas y reclamos principalmente focalizados en cuestiones de violencia familiar, delincuencia juvenil y falta de empleo.
  • Las entidades intermedias, tales como organizaciones civiles sin fines de lucro, instituciones educativas, destacamentos policiales, templos evangélicos y proveedores de servicios, que son quienes se ocupan sobre todo de tender lazos de contención, atención y protección a la comunidad.
  • Los estamentos gubernamentales, representados a través de sus diferentes niveles (municipal, provincial, nacional), que atienden temas vinculados con la dotación de infraestructuras, mantenimiento y servicios, seguridad, sanidad, marco regulatorio y planes de asistencia social.

El primer paso había sido dado. Pero transformar un basural en un parque de inclusión, retirando escombros, quitando malezas, rellenando suelos, fue el siguiente. Este paso se logró con aportes de empresas e instituciones, convocadas por las organizaciones vecinales a aportar recursos, tecnologías y maquinarias; y con la coordinado por la Sociedad de Fomento local y organizaciones no gubernamentales.

Para la limpieza, desmalezamiento y relleno participaron solidariamente importantes empresas que realizaron: el estudio de suelo, la provisión de maquinarias y mano de obra y el retiro, la disposición final de residuos y nivelación del terreno.

El predio, de 12,5 hectáreas de superficie, fue cedido en comodato en los siguientes plazos: una fracción de 1 hectárea a 5 años; otra fracción de 2 hectáreas a 10 años; y las dos restantes, de 3 y 6 hectáreas, con devolución inmediata con previo aviso.

Entre lo real y lo ideal, un debate sobre lo posible

Cómo darle espacialidad a las actividades era el interrogante que se abría, y para ello se convino en el llamado a un concurso de ideas que terminó planteando un horizonte consensuado a mediano y largo plazo. Si bien la propuesta se sabía ambiciosa, permitió plasmar una orientación sobre cómo crecer cuando deba hacerse.

Hoy, en el imaginario del Barrio La Estrella dos discursos se debaten:

  • Por un lado, qué hacer frente a la intensificación de los problemas derivados de la inseguridad, del desempleo y de la falta de infraestructuras y servicios.
  • Por otro, cómo aproximarse a la concreción de ese modelo soñado en las ideas del concurso para el parque.

Con lo cual, la discusión tiende a saldarse en el marco de lo posible. Dos importantes acciones se han logrado implementar recientemente: una incipiente toma de conciencia sobre la necesidad de mantener la limpieza y el cuidado del parque; y una progresiva utilización del espacio para desarrollar actividades de recreación y deporte.

Asimismo, otras dos acciones se encuentran en intenso proceso de gestión: la creación de una plaza pública de una hectárea, con bancos y juegos infantiles, y la adecuación de un espacio de dos hectáreas para que las escuelas realicen actividades físicas, acompañado de un “corredor seguro” para el traslado de los estudiantes.

La lección que comienza a gestarse desde el parque

En consecuencia, los territorios de borde en las grandes regiones metropolitanas atraviesan por agudos procesos de fragmentación territorial que acentúan los problemas de exclusión y de segregación social. Ante este marco, mediante tan aisladas como pequeñas iniciativas locales comienzan a surgir nodos urbanos de inclusión.

En el Barrio La Estrella, a partir de los recursos movilizado en el área, donde se generaron instancias de construcción colectiva de problemas y de formulación de escenarios consensuados, los vecinos han adquirido nuevas capacidad para gestionar el territorio y para liderar el propio proceso de desarrollo.

De modo que, frente a un crecimiento diferencial de la ciudad, es indispensable sostener, consolidar y reproducir esta incipiente experiencia de “Parques Sociales”, que tienden redes de contención, fortalecen relaciones de vecindad, ofrecen nuevas oportunidades a la población y permiten recuperar valores sociales en pugna.

+info: www.guillermotella.com