Cuando la ciencia hizo nación, historia de #Colombia

“A la par que los Estados latinoamericanos se constituián política y geográficamente, el Virreinato de la Nueva Granada se debatía su independencia a la cabeza de Simón Bolívar. Pero a la vez que se definía país en las batallas, crecía el interés de la joven nación por la ciencia”

Transcurría el siglo XlX y la naciente Gran Colombia, constituida por Panamá, Colombia, Venezuela y Ecuador con todas sus riquezas, tuvo conciencia que sería una nación libre e independiente. Aún sin haber terminado los desgastes que dejaban las batallas, se entusiasmó tanto de su nuevo aspecto que así como un jovencito se emociona descubriendo su cuerpo, este país aprovechó para descubrir el potencial que podría tener escondido en su territorio.

“En ese tiempo, como no se ha vuelto a ver, sus gobernantes tenían una visión tan ambiciosa sobre el país donde la política principal era el uso de la ciencia, la educación y la tecnología para el desarrollo del país”. Explica María Paola Rodríguez, Curadora del Museo Nacional de Colombia -y añade- Una visión que se mantuvo en pie a pesar de que tuvieran jóvenes soldados desnudos en los páramos por la crisis económica que implicaba la independencia Española. A pesar de esto a sus presidentes no les importó donar sueldo a la causa siempre y cuando se pudiera construir nación de la mano de la ciencia y la formación científica.

Con este objetivo Simón Bolívar le deja la Misión a Francisco Antonio Zea, político y científico participe de la Expedición Botánica, para que viaje por el mundo para pedir la aceptación de la independencia de la Nueva Granada y conseguir recursos para la guerra y el desarrollo con la justificación de “lograr ser un país por sus riquezas y opulencia natural”. Por ello los gobernantes, elitistas científicos, ven en las ciencias y el arte insumos importantes de construcción de país y conocimiento. Explica María Paola Rodriguez.

Por supuesto que no hay que ignorar que las riquezas naturales como objeto de independencia respondia a su explotación económica, al país como provedor de materias primas para el mundo y por ello la llegada de personaje como Alejandro de Humboldt y Celestino Muttis, aportando valiosamente con ilustraciones y conocimiento sobre las riquezas del territorio y sus posibles usos.

A este fin aportó Francia desde la construcción política e ideológica de un país que se negaba a superar las ideologias religiosas de las colonias españolas, por otro lado, el viejo mundo también facilitaba sus artesanos para brindarle a la joven nación manómetros, barómetros, cronómetros y cuanto equipo nos permitieran dar con lo datos exactos para producir el conocimiento científico del país. Una propuesta que comienza cuando Francisco Zea contrata a  Boussingault y Mariano Rivero para fundar en 1824 el Museo de Historia Natural y la Escuela de Minas. Hoy Museo Nacional de Colombia.

El lugar comienza a recibir donaciones y elementos de carácter histórico y científico que como explica Amanda Carolina en su tesis doctoral: “Hacer visible, hacerse visibles: la nación representada en las colecciones del museo. Colombia (2010) tenia como objetivo la difusión de la ciencia y las artes para crear en los ciudadanos una imagen de nación a través de la historia y la etnografía".

El museo se enriquece con piezas arqueológicas, objetos de la campaña libertadora, de la colonia, de las comunidades indígenas como de muestras naturales. La cuales se alimentaron una vez más con el trabajo que más adelante realizaría el italiano Agustin Codazzi liderando la Comisión Coreográfica (1850-1859) que aportó a un imaginario nacional con la primera descripción del territorio y parte de las riquezas del país.

Además de los datos geográficos que se lograron, esta expedición centro su atención en uno de los artefactos símbolo del hoy Museo Nacional, el conocido aerolito de Santa Rosa de Viterbo.

Era el siglo XIX, el mundo estaba en pleno auge de la ciencia, crecía la tabla periódica, avanzaba la paleontología, la paleobotánica y otras ramas, entre ellas la que se cuestionaba sobre aquello que se escondía en el mundo exterior, por lo cual, la caída de un aerolito fue un aporte muy valioso para la joven nación, significaba una evidencia física y directa de un cuerpo que no pertenecía a nuestro mundo.

Es el momento en el cual Colombia se suma, con otros aportes, a la geopolítica global “Adquieren la pieza, la miden, dibujan, toman datos y envian muestras a diferentes partes del mundo con el fin de circular el conocimiento.  “El aerolito y el proceso museológico como los procesos que lo rodearon contribuyeron a fortalecer y divulgar el estado del conocimiento sobre los cuerpos celestes” Explica María Rodríguez

Este es solo un ejemplo, de los aportes y procesos nacionales en el área. Un momento donde la independencia de Colombia se tejía con arte y ciencia a la vez que se construía la identidad nacional gracias a la visión que contemplaba sus gobernantes de un desarrollo desde el arte y la ciencia.

Esto para contarles que luego de más de 150 años Colombia vuelve a apostarle a las exploraciones científicas con el programa Colombia Bio, que realizará 20 expediciones e iniciará en Putumayo.

El debate es que más allá de construir nación con la información que se encuentre, se busca fortalecer la bioeconomía, un reto que se espera reconozca y muestre el valor de las comunidades que han convivido con esa biodiversidad, que la han protegido y han innovado a partir de ella y no un negocio en detrimento con la tierra y las comunidades que poseen los saberes y el territorio.

 

Humboldt y Bonpland en una choza en el Orinoco. Grabado coloreado de H. Lademann

 


Ilustración de los campamentos donde se realizó la Expedición Botánica

 

Ilustración de la  Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada (1783-1816), dirigida por José Celestino Mutis