El camino del capitalismo social

Por: Jorge Emilio Sierra Montoya (*)

 

Ante las difíciles circunstancias descritas en mi artículo anterior sobre el riesgo de otra Gran Crisis Económica pero global, y con la mirada puesta en la urgente necesidad de resolver los problemas sociales encabezados por la pobreza y la desigualdad, durante los últimos años ha surgido el capitalismo social, es decir, un modelo capitalista que sí genera riqueza o valores económicos pero también valores sociales y ambientales, con un sólido fundamento ético. Responsabilidad Social, en definitiva.

¿Qué pasa ahí -se preguntará- con el Estado? De una parte, no se busca eliminarlo según lo pretendía el marxismo en forma utópica, ni mucho menos darle un poder casi absoluto como sucede en los regímenes totalitarios de izquierda o de derecha, sino restringirlo a funciones básicas (seguridad y justicia, en primer término), con una sana intervención en la economía, lejos de imponerse el liberalismo a ultranza, sin control. Y con una auténtica política social, como es obvio.

Política social del sector privado

 

De hecho, esa política social del Estado no basta para resolver los graves problemas sociales a que aludimos. No. Se requiere la participación decidida del sector privado, más aún cuando las empresas, cuyo poder ya empieza a superar al del Estado en el mundo globalizado de hoy, sufren en carne propia las penosas consecuencias de los desequilibrios y conflictos en la sociedad, los cuales pueden dar al traste con el sistema político y económico, cuando no con sus negocios.

Se trata de un nuevo modelo de desarrollo, inspirado en principios como los de la Economía Social de Mercado que surgió en Alemania después de la Segunda Guerra Mundial a la luz del pensamiento cristiano contenido en la ya centenaria Doctrina Social de la Iglesia.

Al respecto, autores como Anthony Giddens y Muhammad Yunus marcan la pauta sobre la posibilidad de conciliar por fin al capitalismo y la democracia, la libertad y la igualdad, el crecimiento económico y su justa distribución.

Todos ponen y todos ganan

 

La responsabilidad social, sin embargo, es de las organizaciones en su conjunto, no solo de las empresas. Las universidades, verbigracia, juegan aquí un papel fundamental por encontrarnos precisamente en la sociedad del conocimiento, donde el progreso científico y tecnológico determina en alto grado la eficiencia empresarial, el crecimiento económico y el bienestar colectivo, como a diario lo confirmamos. Responsabilidad Social Universitaria, claro está.

¿Y qué decir del llamado tercer sector, al que pertenecen numerosas fundaciones y Organizaciones No Gubernamentales -ONG- por ser entidades sin ánimo de lucro, cuya importancia es también creciente en el mundo contemporáneo, aprovechando incluso los extraordinarios avances en las comunicaciones y el boom de las redes sociales? ¿No es ésta una expresión de la sociedad civil en cabal ejercicio de su responsabilidad social?

La responsabilidad social, por último, es de todos nosotros, de cada persona, sin excepción.

 

(*) Director de la Revista “Desarrollo Indoamericano”, Universidad Simón Bolívar (Barranquilla, Colombia) – jesierram@gmail.com