Grisel, un ejemplo a seguir de desarrollo sostenible (Parte I)

Durante las últimas décadas del pasado siglo asistimos a un fenómeno migratorio, desde el entorno rural hacia los núcleos de desarrollo, que generalmente se emplazaban en la periferia de las grandes ciudades, creando en algunos casos, graves desequilibrios demográficos. Esta situación planteó la necesidad de recuperar la esencia, el espíritu y la riqueza integral de muchas localidades y comarcas a las que durante largo tiempo no se les había prestado la atención debida, llegando en muchos casos a situaciones alarmantes de despoblación y abandono. Es de destacar que en algunas comarcas y poblaciones están surgiendo en los últimos años, ciertas corrientes que apuntan hacia el aprovechamiento racional de sus recursos, con el consiguiente desarrollo económico, así como hacia la recuperación de valores culturales en sus diversas formas de expresión.

En el presente artículo vamos a tener la oportunidad de conocer una localidad que con sólo 66 habitantes, según el censo de 2012, ha sabido armonizar el progreso con los valores tradicionales, convirtiéndose en un ejemplo de desarrollo sostenible en la explotación de sus recursos. Nos referimos a Grisel, municipio perteneciente a la comarca de Tarazona y el Moncayo, en la provincia de Zaragoza. Esta localidad, pequeña en población pero grande en iniciativas, está situada bajo el monte conocido como la Diezma o Ciesma en las estribaciones del Moncayo. Su privilegiada ubicación le confiere un recurso natural, el viento, cuyo aprovechamiento en forma de energía renovable, constituye en la actualidad una de sus principales fuentes de riqueza.        

A este respecto, cabe señalar su parque eólico, en servicio desde 2001, que con sus 18 turbinas (aerogeneradores) produce una potencia nominal de 14 MW, participando así en el uso de una forma de energía limpia, de la que España está considerada como país puntero en Europa.

Los ingresos obtenidos con este parque eólico permitieron, en  junio de 2005, inaugurar la primera piscina climatizada de la comarca. Un ejemplo de que los beneficios obtenidos por la explotación adecuada de un recurso natural revierten en el  pueblo como un valor añadido a su calidad de vida.

 Vista parcial de Grisel

Otro recurso natural de esta localidad es el llamado pozo de los Aines. Situado en un olivar, a menos de un kilómetro de la población, esta sima kárstica o dolina de treinta metros de profundidad y quince de diámetro, se formó a consecuencia del hundimiento de una cavidad calcárea por el efecto erosivo del agua subterránea. En el interior existe un microclima que ha propiciado el crecimiento de una vegetación exuberante de helechos, musgos y plantas trepadoras que tapizan las paredes de la sima y en el fondo hay una pequeña laguna de aguas cristalinas, donde crecen abundantes nenúfares. El conjunto configura un entorno exótico de singular belleza, fuente de inspiración de una leyenda y de diversas obras literarias en la modalidad de narraciones y relatos e incluso de novela, como la que lleva por título “Bendita calamidad”, del escritor Miguel Mena. Es propiedad del Ayuntamiento desde 2012, quien la ha señalizado y mejorado los accesos y la está acondicionando para fomentar la afluencia de visitantes, con el máximo respeto al medio natural.

Sima de los Aines

Por lo que concierne al patrimonio histórico-cultural de Grisel cabe destacar su castillo erigido en el siglo XII, sobre lo que fue un torreón precursor de origen árabe. A su amparo creció el municipio en cuestión, poblado inicialmente por moriscos. Esta fortificación fue ampliada en los siglos XIII y XIV y en 1352, su entonces señor D. Hugo de Cardona, lo vendió al Cabildo de Tarazona, quien lo mantuvo en propiedad hasta la desamortización de Mendizábal en 1836. Tras este proceso reformista, fue recuperado por la familia Ramírez de Grisel, hasta que finalmente, en 1988 lo compró Manuel Jiménez, empresario de Borja, para transformarlo en hotel con encanto.

En los últimos años, este castillo ha servido de escenario a distintos eventos culturales, como recitales de poesía, conciertos, exposiciones… A partir de la primavera de 2014, abrirá sus puertas transformado en un alojamiento singular, desde donde se pretende reforzar un turismo de alta calidad en la comarca.

           Vista parcial del castillo de Grisel

Cerca del castillo, en el centro urbano del pueblo se encuentra la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, construida en sillería y ladrillo en el siglo XVI. Su retablo mayor es obra del pintor renacentista Francisco Metelín, habiendo sido recientemente restaurado.

Dentro de la arquitectura religiosa cabe señalar también la ermita de Samangos, antigua mezquita de lo que fue el pueblo que lleva su nombre, abandonado completamente en 1610, tras la expulsión de los moriscos. Por iniciativa del Ayuntamiento de Grisel se restauró en 2010, recuperando así uno de los lugares emblemáticos del municipio.

Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de Grisel

 

 Ermita de Samangos

Otro recurso patrimonial de Grisel que no debe pasar inadvertido son las casillas de pico. Construcciones rústicas en piedra seca, sin argamasa, de forma cónica o de falsa cúpula, cuyo origen se remonta a finales del s. XIX. Se hallan distribuidas por la Ciesma, habiendo sido inventariadas en 2000 un total de 27, por Joaquín Marco y Félix A. Rivas, investigadores del Centro de Estudios Turiasonenses, quienes realizaron un estudio comparativo entre éstas y otras similares que se encuentran distribuidas por diversas localidades españolas y de la Europa mediterránea. Estas construcciones cumplían una doble función: servir de refugio a los labradores dedicados al cultivo de la vid y de lugar para guardar herramientas y aperos, en una época en que una plaga de filoxera invadió las vides francesas, y se tuvo que recurrir a importar uva española para la producción de vino en Francia.

Las casillas de pico constituyen un interesante atractivo tanto para los estudiosos de la arquitectura popular como para los visitantes, dado que la singularidad de estas construcciones hace que se consideren ejemplares arquitectónicos autóctonos y únicos de la Diezma de Grisel.

Casilla de pico ubicada en la Ciesma

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