#IncendiosForestales: Soluciones

Las políticas forestales deben tener en cuenta el fuego. Debe prevenirse, detectar de una forma muy rápida,  (vigilar 24 horas, incluso fuera de las épocas de mayor peligro) y finalmente extinguir cuando no quede más remedio.

Esto es especialmente importante en épocas de sequías cíclicas y en un escenario de cambio climático. Es mucho mayor el coste de no actuar que el de prevenir.

Los bosques requieren amplios periodos de tiempo para su formación, sin embargo su desaparición se puede hacer en minutos. Estos periodos implican que debe haber una gran vigilancia y hay que volver a llegar a un acuerdo entre el hombre y el bosque. El estado actual de los ecosistemas forestales puede definirse como gran una hoguera de San Juan ya preparada, el inicio, da un poco igual. Puede ser una colilla, un rayo, una cosechadora o un excursionista cretino. El fuego en pocos minutos puede alcanzar, frentes de varios km y con alturas de docenas de metros. Esto se ha visto, en Galicia, 2006 ó 2010, en Andalucía, en la Comunidad Valenciana o en los pinares de Guadalajara en el 2005 o éste de 2014 donde en anteriores campañas las  superficies quemadas fueron de varias docenas de miles de hectáreas.

Durante algunos años, las administraciones públicas han intervenido con fuertes sumas en extinción, pero sin fijar población, gastando dinero “desde arriba”, y el problema sigue latente y sin controlar, como se sigue comprobando año tras año.

Por ello se debe extremar la gestión tradicional y la vigilancia para que no ardan, además de una política territorial adecuada.

A mediados de la década de los noventa lanzamos una frase en la revista Quercus que les sonará: “los incendios se apagan en invierno” se pretendía prevenir, gestionar y planificar, crear puestos de trabajo en la ganadería extensiva, fomentar razas autóctonas —no probar nuevas—, recoger la leña, hacer que los habitantes se involucraran y sobre todo, planificar para que los ecosistemas forestales vayan tendiendo hacia donde nosotros queremos y no hacia la destrucción por una simple colilla, barbacoa o rayo.. O en otras palabras, había que invertir en prevención para dejar los ecosistemas forestales preparados para el verano.  

Un bombero participa en la extinción de un incendio forestal

declarado el pasado mes de julio en La Junquera (Gerona). / Afp

 

Diferentes soluciones adaptadas a cada lugar

 

La solución para el futuro pasa por la planificación,[i] sierra a sierra y valle a valle, considerando la gran diversidad de situaciones existentes, para solucionar el  verdadero “quid” de la cuestión, que siguen siendo las causas estructurales, y en concreto el estado de abandono permanente de los ecosistemas forestales de gran parte del país. Por ello, se deben diseñar y desarrollar políticas forestales y de desarrollo rural sostenibles, que permitan la puesta en valor de los espacios forestales y que fijen la población

OTRO TIPO DE ECOSISTEMAS FORESTALES ES POSIBLE, potenciados por esta  nueva política forestal y rural. Aprendamos de sistemas de manejo sostenible de Soria, Teruel, Guadalajara donde hay propiedad comunal y la población se beneficia de los bosques. En el Norte de Marruecos, con ecosistemas similares, existe equilibrio entre gestión forestal y ganadera. No se producen estos grandes incendios. Se debe dignificar la vida del pastor, con personal de aquí o de otros países, que controlen los pastos y los matorrales. Es imprescindible que los beneficios que generan los ecosistemas forestales recaigan sobre los habitantes rurales. Para aumentar la prevención se deben:

  • Crear masas autóctonas, más estables, diversas, que favorezcan el ciclo del agua, —tema esencial—, y potenciando robles, encinas, cataños frente a los cultivos forestales de pinos radiata, pinaster o eucaliptos creando mosaicos, aumentado bosques maduros... con especies autóctonas mitigadoras de las consecuencias de los incendios.

  • Introduciendo especies como los quercus robles, quejigos y encinas entre los pinos con la idea de ir sustituyéndolos. Quitando eucaliptos, especialmente donde no tiene ningún sentido como en amplias zonas de Extremadura y otras especies pirófitas. Distinguiendo en la gestión entre cultivos forestales y bosques. En amplias zonas del sistema ibérico que hasta ahora no han tenido problemas de fuegos y que tienen envidiables procesos de integración de la población con los ecosistemas forestales, como Soria, Burgos, Guadalajara,  Cuenca o Teruel, no se deben quitar las masas de quercíneas de una manera sistemática para favorecer masas continuas y monoespecíficas de pinos!!!.) De esta forma zonas que hasta ahora no han presentado riesgo de arder están incrementando este riesgo poco a poco.

  • Hay que evitar la existencia de grandes superficies (normalmente procedentes de áreas reforestadas) con bosques monoespecíficos (pinares, eucaliptales, ...) y con especies de alta combustibilidad.  Estas masas continuas e indiferenciadas de especies pirófitas en ocasiones alóctonas, deben transformarse,  modificando bosques monoespecíficos a bosques con mayor biodiversidad.

  • Se debe recoger la leña y desarrollar planes de fomento del uso de la biomasa forestal residual, siempre bajo estricto asesoramiento científico. Controlando los matorrales.

  • Dejar del orden de un 15% de superficie forestal con mayor grado de madurez, en algunos sitios debemos formar bosques viejos y maduros, ¿han encontrado alguna zona amplia con árboles viejos en este país?

  • Crear mosaicos agrícolas y forestales, crear dehesas etc.

  • Se deben planificar y gestionar los espacios protegidos o de mayor valor ecológico, de una forma diferencial: hay especies, ecosistemas, procesos que la sociedad ha considerado importante conservar sin embargo no pone los medios para ello.

Se trata de aplicar un MODELO DE DESARROLLO RURAL SOSTENIBLE que implique el aprovechamiento de los recursos forestales de una forma mantenida en el tiempo, con actuaciones tales como:

  • Proteger significar seguir gestionando de forma tradicional, (no abandonar a su propia dinámica), potenciando la ganadería, introduciendo razas autóctonas. Por ejemplo, se debe dignificar la vida del pastor, con personal de aquí o de otros países, que lleve ganado para controlar pastos y matorrales.

  • Que fije población rural y de empleo durante todo el año, no solo los meses de exinción hay que realizar las actuaciones adecuadas en todos los ecosistemas para que estos no sean tan propensos al fuego… Impliquemos a los habitantes rurales contra el fuego y a favor de los bosques y tendremos soluciones baratas y sostenibles a largo plazo.

  • Soluciones simplistas o bienintencionadas, como el aprovechamiento masivo de la biomasa o la limpieza de los montes sin tener en cuenta la biodiversidad, no tienen sentido.

Se trata de DETECTAR LOS FUEGOS de la forma más rápida posible para lo cual es importante que haya miles de ojos. Ahí el ejército puede ser imprescindible.

Y la EXTINCIÓN ES CLAVE EN LOS PRIMEROS MINUTOS, si se llega tarde es siempre demasiado tarde. Se deben realizar protocolos de extinción de ACTUACIÓN en todos los masas forestales, que definan de una forma previa cuál es la más importante para proteger: si es más importante apagar una zona protegida, un parque nacional, un encinar, un alcornocal o un eucaliptal que se puede recuperar en tan solo 15 años; una zona situada en la cuenca alta de un río con fuerte riesgo de erosión, que un bosque situado en un llano... No se puede dejar que sea el funcionario de guardia o la improvisación los que decidan donde es necesario enviar los aviones, o que zona es mejor apagar antes.

Aparte se deben utilizar herramientas tales como las mejores tecnologías disponible, satélites, detectores, etc.. Además deberá ser calibrad el CÓDIGO PENAL. Con los cambios que se realizaron, los beneficiarios por la recalificación de terrenos o por los precios de la madera han desaparecido prácticamente, (lo cual no quiere decir que no tuvieran una gran importancia en comunidades litorales y en bosques “recalificables” durante años). Hoy sigue habiendo intereses muy concretos y cambios en legislación autonómico que pueden volver a hacer apetecibles la recalificación sobre todo en zonas del mediterráneo y la costa.  También se podrá extender la custodia del territorio, pago por servicios ambientales..

El coste de no actuar

 

El modelo seguido hasta ahora para luchar contra el fuego exige grandes medios humanos y materiales de extinción y se está demostrando bastante ineficaz en su conjunto como demuestran los siete millones y media de hectáreas recorridos por el fuego. Este fuerte “costo de no actuar” se puede observar viendo los costes ecológicos –erosión, pérdida de biodiversidad, destrucción de la cubierta vegetal...-, sociales –muertos, accidentados, desarraigo de población, pérdida usos recreativos...- y económicos –pérdidas de materias primas, otras pérdidas, gastos astronómicos cada año en extinción que se volatilizan año tras año sin dejar ningún valor añadido…etc. La alternativa pasa por emplear un montón de gente todo el año, de manera que la población quede vinculada al monte y se favorezcan ecosistemas y especies con menor propensión al fuego. Se trata de un modelo de desarrollo rural sostenible que implique el aprovechamiento de los recursos forestales, con actuaciones tales como el pastoreo, la extracción de leña o la recogida de biomasa con aprovechamiento energético, además de contemplar medidas sociales para que los beneficios recaigan en la población local.

Si se ponen en una balanza los dos sistemas, al margen de la trágica sangría de vidas humanas, queda patente que es mucho más barato e inteligente prevenir que extinguir y que estamos asumiendo un precio demasiado alto por seguir con la dinámica actual. Centrar  las inversiones en extinción en vez de en prevención es nefasto, pero hoy sigue ocurriendo. Un ejemplo, “el presupuesto para la prevención y extinción de incendios forestales en Andalucía (Plan Infoca)  se ha reducido en 2014 algo más de 10 millones de euros hasta los 177,9 millones. Este recorte, según fuentes de la Junta, se ha aplicado en tareas de prevención y se intenta corregir con ingresos de los aprovechamientos de madera y biomasa”.

Cambio Climático

 

Además, en el futuro habrá más sequías, más fenómenos meteorológicos extremos y aumentará la probabilidad y extensión de los incendios. Según el estudio del Centro de Investigación Conjunta de la Comisión Europea sobre el coste del cambio climático en Europa, los fenómenos climáticos extremos duplicarán su frecuencia media. Y, con un escenario de subida de 3,5 gados de temperatura,  alrededor del 2080, 8.000 kilómetros cuadrados de bosque podrían arder en el sur de Europa. Por ello deben prepararse las masas para el cambio climático, de cara al futuro. Es necesario por tanto empezar a actuar ya. Aquí, también, los costes de no actuar, sociales, económicos y ecológicos no compensan los recortes, y son mucho mayores que prevenir y planificar de una forma inteligente los ecosistemas forestales.

También habrá que pedir responsabilidades este año de 2014 por los recortes en prevención, de detección, o la mala gestión de los medios de extinción. No parece tener mucho sentido el pedir aumentos del código penal mientras por otra parte, diferentes noticias apuntan a limitaciones en la vigilancia[ii]  o en la prevención y detección[iii].

En cualquier caso es evidente que hay que extremar las precauciones y minimizar las causas inmediatas. La prohibición de todo tipo de quemas de rastrojos en los meses de verano, no hacer barbacoas o no tirar colillas o cristales al monte, etc, etc.

El modelo de gestión de lucha y prevención contra el fuego debe ser un 100% público, y se debe terminar con la precariedad laboral procedente, sobre todo, de la temporalidad asociada a los periodos de extinción.

Otro escenario

 

Es posible imaginar otro escenario, más sostenible, con grandes y maduros robledales, quejigales, melojares, dehesas,  encinares  y pinares con incendios en parámetros razonables y no de cultivos forestales o ecosistemas abandonados. Si implicamos a los habitantes forestales tendremos soluciones baratas y sostenibles a largo plazo.

Pero, ¿Por qué no se ha seguido la opción de la prevención, que parece la más razonable?  Simplemente, porque es más compleja, requiere un esfuerzo de gestión mucho mayor y da resultados a largo plazo. No ha habido voluntad política para hacerlo. Las políticas realizadas han seguido una dirección contraria en las últimas legislaturas en este sector estratégico, y más en un escenario de cambio climático. Es, además, una forma de generar empleo estable en el medio rural, que falta hace (destinar tan sólo una persona cada quinientas hectáreas generaría más de cincuenta mil puestos de trabajo estables), contribuiría a fijar población y repercutir los beneficios sobre los habitantes del medio forestal. Por todo ello, se propone un gran acuerdo global, basado en la mejor ciencia disponible, de sociedad civil, partidos, ONGs, sindicatos y gobernantes con el fin de conservar este recurso estratégico.


[i] Incendios forestales. F.Prieto. Aproximación a una propuesta preventiva, generadora de empleo, que actúe sobre sus causas y tendencias. 205 pp. 1995.

[ii] http://www.elconfidencial.com/espana/andalucia/2014-05-01/la-junta-limita-el-gasoil-a-65-mes-y-deja-a-200-agentes-forestales-de-brazos-cruzados_122657/

[iii] http://www.diagonalperiodico.net/global/22718-recortes-y-despidos-brigadas-forestales.html