La ciudad de mañana: una ciudad viva. Reflexiones sobre el fenónemo urbano del siglo XXI

Estimados lectores,

Terminada la pausa de algunos días de indispensables vacaciones, vuelvo con mi  tradicional crónica de los miércoles. Fui invitado el 28 de febrero a participar a un coloquio bienal “Materiality in its Contemprary Forms” en la ciudad francesa de Grenoble. Mi keynote “La ciudad de mañana: una ciudad viva” fue acompañado de un texto de reflexión científica editado simultáneamente en un libro recogiendo las actas. Para esta crónica de regreso le comparto amig(a)o hispano lector estas paginas que he traducido e ilustrado a partir de mi presentación original especialmente para vosotros.

Un placer de compartir de vuelta, mis visiones, reflexiones y acciones. Hasta la semana próxima.

Paris 1° marzo 2013

La ciudad de mañana: una ciudad viva 

Reflexiones sobre el fenómeno urbano del siglo XXI

Resumen

¿Qué es una ciudad? Sistema complejo y compuesto de elementos heterogéneos que deben ser pensados juntos en su Transversalidad. La ciudad está antes de un fenómeno humano, que no se sabría reducir a sus componentes técnicos y tecnológicos. No queda menos que las revoluciones tecnológicas que trastornan hoy nuestro mundo (y en primer lugar la revolución digital)  van a transformar y ya transforman en profundidad los espacios urbanos, creando nuevos servicios y usos por un fenómeno inédito de hibridación entre mundos físicos y digitales. La ciudad de mañana, lejos de ser simplemente un espacio donde todo será regido por la tecnología conectada, será un territorio donde los ciudadanos construyen juntos, en cada instante, los servicios y los usos que les responden a por necesidades fundamentales y a su búsqueda de bienestar.

Palabras-clave: Ciudad, Smart City, Liveable City, Senseable City, Digital, Hibridación, Servicios

Bosquejo de la urbanización mundial de 2010

Introducción

Rarefacción de los recursos, el recalentamiento climático, la explosión demográfica, la concentración urbana, el aumento del número de megalópolis, trastorno de los grandes equilibrios económicos mundiales. La amplitud de los desafíos ligados al fenómeno urbano a la cual nuestra generación y las que van a seguirnos va a tener que hacer frente no necesita ser demostrada. En el momento en que múltiples actores ponen por delante la Smart City o la ciudad inteligente como una respuesta posible para este problema de importancia crucial, me parece oportuno recordar lo que es una ciudad e interrogarse sobre las inmensas oportunidades que las tecnologías, particularmente numérica, abren para ella hoy.

La ciudad hoy y siempre un lugar de vida

La esencia de la ciudad : urbis, civis, spatium, res publica

La ciudad constituye un tema mayor en nuestro mundo actual, un mundo urbanizado y en mutación. Ella es el objeto de numerosos estudios teóricos de diferentes disciplinas en los ámbitos científicos. Sin embargo, cuando se proyecta hacia la realidad, constatamos, y es una de mis postulados de trabajo, que la Ciudad en abstracto no exista, porque cede el paso a las ciudades concretas, que del norte al sur y del este al oeste de nuestro vasto planeta, nacen, crecen, se transforman y mueren. Más allá de los invariables que reencontramos de una ciudad a la otra, el punto de partida esencial de toda reflexión sobre la ciudad debe así situarse, es mi pensamiento, en el reconocimiento del hecho de que cada ciudad posee una historia y unos territorio propios, que forjan su identidad y hacen de ella una entidad única. De ahí nace la necesidad imperiosa de pensar en el devenir de una ciudad, de contextualizar la reflexión tomando en cuenta su desarrollo en el espacio y en el tiempo.

Los cinco componentes de la ciudad del siglo XXI

Cuatro elementos-clave, designados por términos latinos, pueden ser claramente identificados en la  historia de toda ciudad:

  • "Urbis", que reenvía el conjunto de las infraestructuras físicas, de todo tipo, que componen la ciudad. 
  • "Civis", que reenvía al ciudadano, elemento central del espacio urbano, ya que su respiración constituye la misma esencia de la vida de la ciudad.
  • "Spatia", que son diversos espacios de socialización, de intercambio y de interacciones vitales de la ciudad, que aseguran la pulsación colectiva.
  • Y finalmente el "Res publica", que designa la idea de una política en busca de los bienes públicos, capaces de pilotar la vida de la ciudad en el interés general para proyectarla hacia un mejor-vivir cotidiano y construir espacios colectivos de transformación.

Dado que toda ciudad es portadora de estos cuatro elementos combinados, sólo una reflexión transdisciplinaria estará en condiciones de permitirnos pensar en ella en su conjunto y elaborar para ella marcos y planes de transformación y de acción. Para mí, la ciudad hay que pensarla en común por urbanistas, sociólogos, ingenieros, filósofos, diseñadores, arquitectos, industriales, políticos y artistas, sin los que se corre peligro de reducirla a cosas que no es.

Me parece, pues, importante, antes de nada,  desmarcarse de las vertientes tecno-céntricas, generalizadoras, que consideran la ciudad en abstracto como un problema algorítmico, un juego de vídeo o un terreno de simulación. Estas posiciones que van de una ciudad a la otra en un movimiento tecno-comercial, procurando categorizar su grado de inteligencia por un hipotético QI (a menudo según un efecto de modo y de marketing) dejan de lado la profunda razón de ser, la misma esencia de la ciudad: un espacio en el que se puede y debe sentir su propia respiración, tomar el pulso, una ciudad viva, sensible y ligera, un lugar de encuentros permanentes, de alteridad, de descubrimientos y de construcción cotidiana de una vida compartida, de un bien vivir.

La ciudad, un territorio donde se cruzan todas las dimensiones de la actividad humana

Un sistema complejo

Otra característica esencial de la ciudad que hay que subrayar, es su complejidad. Toda ciudad es en efecto y por excelencia, un sistema complejo, en el sentido etimológico del término, que viene del latín complexus, "entrelazado". Porque la ciudad es una agregación de seres humanos cuyas necesidades vitales de bienestar y de desarrollo se cruzan de maneras múltiples. Esto da lugar a conjuntos de sistemas y de subsistemas, que vienen para concretizarse en forma de servicios y de usos, para alojarse, desplazarse, alimentarse, divertirse, cuidarse, educarse etc. Todos estos subsistemas son por otra parte interdependientes: los individuos como los sistemas, en una ciudad, existen sólo ligados unos con otros.

La ciudad es compleja porque es, por otra parte, comparable a un sistema vivo, que se desarrolla en el tiempo. Como todos los organismos vivos, ella obedece pues a dos tendencias. Por una parte, ella debe satisfacer sus necesidades para crecer: toda ciudad tiene como función satisfacer las necesidades vitales de sus habitantes y su búsqueda de bienestar. Por otra parte, está sometida a un cierto número de azares que la hacen frágil: tempestades, averías, incendios, atentados, epidemias etc. La ciudad debe pues ser resiliente, es decir capaz de superar estos azares.

De ahí surge la necesidad de adoptar, para pensar en la ciudad, una visión, metodología y foco de acción por las ciencias de la complejidad. Esto supone, en efecto, sobrepasar los objetos y los sistemas para interesarse, ante todo, en sus interacciones, porque estas entidades existen sólo por su interdependencia y su enlace en un momento dado en un espacio dado. Para comprender la realidad profunda de fenómenos de nuestra vida corrientes, tan variados como los movimientos de poblaciones, los aprovisionamientos energéticos, la gestión de los flujos en materias primas, el transporte y la circulación, los impactos del cambio climático, catástrofes naturales, las situaciones de crisis de todo tipo etc., es necesario estudiar y comprender las interacciones, las interconexiones y las mallas, existentes o por existir, entre las diversas entidades. Su configuración, reconfiguración, topología, dinámica, temporalidad, son la expresión de sus comportamientos de la vida diaria. Ellas dan lugar a nuevas expresiones, a nuevos comportamientos – lo que nosotros los científicos llamamos también la emergencia.

 

La ciudad, complejidad y diversidad, dos facetas de la identidad de un territorio

Comprender las interacciones propias de un sistema supone, pues, interesarse en los múltiples modelos que permiten aprehender el conjunto de estos sistemas y su heterogeneidad, con el fin de consagrarse a lo esencial que es su dinámica de asociación. Las ontologías como la expresión del conocimiento, la taxonomía como metodología de descomposición, la semántica asociada con los diferentes constituyentes, la revalorización de las condiciones, co-acciones y  la dinámica de interacción permiten construir otra manera de comprender un sistema complejo. Aun siendo parcial, esta aproximación sistémica iterativa, incremental y capacitiva es particularmente pertinente para aprehender la complejidad, como la de la ciudad, por ejemplo. En una ciudad, existe en efecto una multiplicidad de necesidades, de usos, de servicios, de flujo: la alimentación, el hábitat, el medio ambiente, la educación, la cultura, los transportes, la salud, la seguridad, la energía, los desechos, la comunicación etc. Modelarlos, analizarlos, comprenderlos en una dinámica transversa conduce a otra manera de concebir soluciones por la ciudad. Es el paso que proponemos, un paso de transformación y de acción donde el digital juega un mayor papel.

La ciudad del siglo XXI: revoluciones tecnológicas y ubicuidad

Si nos parece esencial desmarcarnos de toda aproximación tecnocéntrica para pensar en la ciudad en toda su complejidad, debemos sin embargo subrayar con fuerza el papel que la tecnología juega y va a jugar en el seno de las ciudades del siglo XXI.

El siglo XXI hace vivir en la humanidad, por primera vez, cuatro revoluciones tecnológicas mayores en simultáneo: digital, bio sistémica, robótica cognitiva y nanotecnológica.

Un momento único en la humanidad: 4 revoluciones en paralelo en el siglo XXI

Estas revoluciones originan nuevas apuestas y nuevas pistas a las cuales es hoy crucial reflexionar. ¿Qué vidas deseamos para mañana, a la luz de las oportunidades que nos abre el progreso tecnológico? ¿Qué nuevos servicios y usos crear para los ciudadanos? Ya vemos un nuevo mundo urbano emerger, a favor de estas cuatro revoluciones, y más ampliamente a todo el conocimiento transdisciplinar que lo atraviesa, contribuyendo así a forjar nuevos paradigmas. La revolución digital, particularmente, está modificando profundamente el fenómeno urbano en el mundo.

La revolución digital trasforma en efecto nuestras vidas en el vivir diario desde el advenimiento de la primera generación de los ordenadores personales, hace ya 30 años. Gracias a la llegada de las redes informáticas, el digital dejó de ser un asunto de especialistas para ponerse al alcance de todo poseedor de un ordenador personal conectado. Internet, esta vasta red mallada planetaria, permite dar a cada uno (donde quiera esté en el mundo) una nueva dimensión por el uso, gracias al WEB, y más tarde las redes sociales que se hicieron una referencia colectiva, con los grandes éxitos que conocemos.

La fuerza transformadora de la revolución digital ubiquitaria

La aparición, hace cerca de 5 años, de lo que se llaman los " Smart Devices " y del “Internet de las Cosas”, está por otra parte dando lugar a una verdadera “revolución en la revolución”, la revolución ubiquitaria, con la capacidad de tener una conexión tecnológica con el resto del mundo en todo lugar y a cada momento. Con ésta, oportunidades inéditas se ofrecen en lo sucesivo a los hombres: una instantaneidad de la comunicación, la creación de espacios transversales caracterizados por una métrica cero, una capacidad de acceder a objetos en otro tiempo reservados para especialistas, y hoy soportes de usos múltiples y abiertos a ellos todos, un mundo donde la codificación y los algoritmos se democratizan y se hacen, gracias a Apps, ampliamente accesibles. Esta dimensión nos hace así a aumentar, a los cuatro elementos característicos de toda ciudad, el quinto elemento que cualifica la ciudad del siglo XXI : ubiquitous, la ubicuidad.

He aquí lo que es realmente nuevo en la actualidad: la capacidad a disponer de una conexión tecnológica a cada momento, en todo lugar, permanentemente. Esta verdadero capilaridad planetario está tomando vida, basada en el uso  de los "Smart Devices" por ciudadanos ubi e hyper conectado. Es también una masa de datos en movimiento constante que se presenta a nosotros. La ciudad misma se transforma por esta revolución. La tecnología es así, indiscutiblemente, una palanca de transformación de las vidas humanas.

Es esencial pues recordar, creo, que estamos viviendo, con el advenimiento de este paradigma ubiquitario, un período de ruptura tecnológica muy fuerte – todos los análisis lo subrayan actualmente, y con razón. Gracias a la utilización del silicio embarcado, todos los objetos tienen hoy la capacidad de ser conectados y de comunicar. Esta evolución nos incita a apoyarnos una nueva mirada a los objetos que utilizamos al diario, porque la tecnología les confiere en lo sucesivo capacidades de comunicación, de pertenecer a las múltiples redes al mismo tiempo y de brindarles una inteligencia local de inferencia. ¡Actualmente existen 6 mil millones el número de objetos conectados en el mundo, para un total de 7 mil millones de habitantes, y en una decena de años este número de objetos conectados será multiplicado por lo menos por 5! Las potencialidades tecnológicas que se abren a nosotros parecen desde entonces casi infinitas.

Pero si es importante subrayar estos hechos, es necesario sin embargo, en mi pensamiento, explicar lo que hace la especificidad de la revolución ubiquitaria. Lo importante, pienso, no es que los objetos sean objetos tecnológicos, sino que ante todo se hayan convertido en objetos sociales, originando al mismo tiempo, a la escala mundial, una cultura del hombre social-digital. Tomemos el ejemplo de los adolescentes que se conectan en su página Facebook vía su portátil para comunicarse: ellos hacen de su teléfono un uso social ante todo, con un nuevo modo de comunicación que transita por las redes sociales. Esta forma de intercambio masivamente utilizada reemplaza la conversación telefónica, prolonga a veces el encuentro físico, pero crea también nuevas relaciones, que trascienden el objeto mismo. Los objetos del siglo 21 integran así 3 componentes: técnica, saber-hacer y social. Es esto lo que caracteriza, según mi modo de ver, la revolución ubiquitaria: todo objeto, cualquiera que sea el modo en que es conectado, tiene en lo sucesivo un uso social.

Ser o no social ubiquitarios en un mundo hibridado: nuestro desafío en el siglo XXI

Esta socialización del objeto conectado también concierne lo que se llama el “cuerpo aumentado”. El teléfono móvil ya es para bastante gente una cierta prótesis numérica, que forma parte del cuerpo prolongándolo. Mañana las gafas Google y otras permitirán, no solo de corregir una vista desfalleciente, sino aumentar la realidad percibida, dando una visión diferente, aumentada por contenidos sociales. Allí se sitúa la novedad: siendo conectado, un objeto como unas gafas, se convierte en un objeto social. Y es precisamente la razón por la cual, desde entonces, no hay más oposición entre el mundo físico real y el mundo virtual: al contrario, el mundo físico es atravesado por el mundo numérico y su dimensión social, que permiten transformar poderosamente, en cambio, el mundo físico.

Hibridación y diseño de servicios

Esta hibridación entre el mundo físico y el mundo digital nos ofrece nuevas y poderosas capacidades de acción cotidiana. Ésta también lleva en ella un potencial enorme de transformación de la vida urbana, ya que permite partir del mundo físico para reinventarlo, atravesado por el  mundo  digital-tecnológico y del uso social, proponiendo usos y servicios totalmente nuevos.

La hibridación no es algo nuevo: el hombre siempre se apropió de su espacio de manera creativa por el manejo de la técnica y luego de la tecnología. Lo que es nuevo, en la actualidad, es que la tecnología abre nuevos espacios relacionando socialmente a los individuos. Es bastante impresionante ver la manera como Facebook y en general las redes sociales conectan a la humanidad a través de la tierra, y esto no únicamente de modo virtual, ya que a menudo  genera efectos importantes y directos en nuestras vidas. También las actividades humanas se abren actualmente a muy numerosas oportunidades a través de los objetos conectados, ya se trate del arte, de la medicina, de las biotecnologías, etc. o de la vida de diaria. Los usos son así, hoy, reinventados por la hibridación.

Las plataformas de servicios, una abertura dinámica, creativa y social

Conviene subrayar de manera fundamental, en mi visión, el papel que juegan las plataformas en este proceso de hibridación. Las plataformas son unos sistemas que permiten agregar, enriquecer, recrear, contextualizar las informaciones. Es, ante todo, por su capacidad federativa, integrativa y de inferencias múltiples que los usos y los caracteres funcionales pueden ser repensados y encarnados. Verdaderos espacios de agregación y de encuentros en los cuales convergen los mundos físicos, digitales y sociales, las plataformas son unos lugares donde se aprehenden de otro modo los usos. A través de las plataformas dedicadas a la movilidad en la ciudad por ejemplo, el coche no es pensado más como un objeto en sí mismo, sino como un carácter funcional  para desplazarse. Las plataformas originan así una cultura de la ida y vuelta, indispensable entre el mundo físico y el mundo físico por concretizando esta hibridación, que permite aumentar las oportunidades y la inmersión social en el uso cotidiano.

Todos los objetos que nos son más familiares se hacen, a través de las plataformas, objetos para los que un nuevo uso se crea a través de los interfaces digitales. Es ésta la noción de la “estética de la hibridación” de la que hablo, porque da origen a lo que se llama y es fundamental, el diseño de los servicios (noción indispensable para comprender la cultura de la innovación). Lo mismo que un diseñador concibe un objeto funcional para conferirle nuevos usos con una cierta belleza, las idas y vueltas entre mundo físico y mundo digital-tecnológico vía las plataformas , van a permitir re concebir los servicios y las funcionalidades de la vida cotidiana y particularmente urbana.

Ejemplos de plataformas de servicios urbanos

Conclusión: la ciudad de mañana, una ciudad viva

¡Si se aplican estas consideraciones a la ciudad y nuestras vidas, vemos en efecto que las potencialidades de la ciudad ubiquitaria son extremadamente ricas (y que ellas no se resumen a una nevera que nos alerta cuando no hay más mantequilla)! Al ser la ciudad un territorio de vida y de encuentros, los objetos conectados son una herramienta para hacer emerger nuevas experiencias de vida que dan origen a usos y servicios inéditos y administrativos, de ocio, de salud, de sociabilidad etc.

 

La transversalidad elemento indispensable para la transformación urbana

Autos compartidos, movilidad multimodal, energías descentralizadas, valorización del patrimonio, espacios públicos urbanos de buena convivencia, salud pública personalizada, mejor calidad de vida para la tercera y la cuarta edad, educación de masa en línea, espacios abiertos de cultura, de arte y de ocio, democracia participativa bajo sistemas abiertos de gobernanza, sistemas colaborativos de información: he aquí unos ejemplos de servicios que están naciendo hoy y que harán de la ciudad mañana de una ciudad viva, combinando la inteligencia urbana, la inclusión social y la innovación tecnológica. Ejemplos en los cuales la ubicuidad (ubiquitous) ofrece al ciudadano (el civis) de nuevos espacios de vida (Spatia) para que el espacio urbano (Urbis) le aporte mejores condiciones de vida, de acuerdo con una verdadera política de los bienes públicos (el res publica).

Un desafío triple para la ciudad de mañana

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