La #EconomíaColaborativa: del sector privado a los servicios públicos

La dificultad de absorber las nuevas tendencias por parte de la burocracia estatal es notoria, sobre todo cuando la sociedad se ve potenciada por las nuevas tecnologías.

La economía colaborativa es un caso paradigmático. Algunas ciudades saben surfear el tsunami tecnológico. Buenos Aires, por ejemplo, ya cuenta con una subsecretaría de Economia Creativa. Pero no todos los servicios son bienvenidos en las ciudades.

Barcelona, una de las ciudades más innovadoras, ha condenado al servicio Airbnb anunciando que multará a los usuarios que ofrezcan espacios. Específicamente, los departamentos alquilados por la aplicación no forman parte del Registro de Turismo de Barcelona. Seoul, una de las ciudades más importantes en materia de economía creativa, ha hecho lo mismo con Uber, declarándola ilegal.

Los casos se repiten en muchas ciudades de todo el mundo. Y tiene que ver con el solapamiento de las actividades comerciales. Estos dos servicios son los más afectados por desbalancear los sistemas económicos de muchas ciudades. Los taxis y los hoteles forman parte del ecosistema del turismo de todas las ciudades, y afectan a miles de puestos de trabajo en todo el mundo. 

¿Qué es lo que está pasando?

Los mercados emergentes no piden permiso, la razón de pérdida de competitividad y pérdida de empleo no son excusas. No para el mundo globalizado en que vivimos. La teoría de destrucción creativa de Schumpeter se sigue validando.

Los taxis pagan una licencia muy cara para funcionar, y ahora una startup viene a pisarles los talones ofreciendo otros precios y totalmente desregularizado. Los medios de transporte, en la historia de las ciudades, han ido evolucionando. El colectivo como lo conocemos hoy, pasó por muchas etapas, y en algunos países conviven viejas formas con otras más modernas, como en Chile o Colombia.

Uber puede ser muy innovadora (y problemática para el status quo), o solo un agregado tecnológico. En Argentina, estamos muy acostumbrados a los remises, y el uso de los mismos no difiere mucho de Uber, solo cambia el soporte digital en la forma en que se pide el mismo. De hecho, hace varios años, cuando la inseguridad llegó a un nivel muy alto, comenzaron a aparecer servicios de Radio Taxi, donde el taxi podría ser pedido por teléfono. El sistema también es similar.

El servicio de Uber, permite nuevas formas de acercar un servicio a la gente. Incorpora nuevas tecnologías que permite mejorar el servicio, ofrecer mejor calidad de atención. Pero viéndolo desde otras perspectivas, hay algunos puntos que no suelen discutirse.

  • Desde un aspecto económico, Uber es monopólico, definiendo una tarifa única, y que a través de su masificación no permite el desarrollo de otras compañías iguales en la misma ciudad, y compitiendo con el servicio de transporte público, como son los taxis. Como muchas compañías tecnológicas, su modelo de negocios se beneficia de los agujeros legales evitando pagar los impuestos correspondientes.

  • Desde una perspectiva política, Uber es autoritario. Por la misma razón de que define sus tarifas, gana beneficios de su explotación y no permite una injerencia del estado acerca del valor de su servicio.

  • Desde un aspecto social, Uber es excluyente, ya que puede acceder solo aquel que tiene un smartphone, sabe usarlo, tiene conectividad y tiene la oportunidad de ser parte del conjunto social que pueda acceder a los usos y costumbres de esa tecnología.

  • Por otro lado, Uber está en pleno desarrollo. Y es por eso que se debate en la arena política y pública si el servicio debe ser regulado. Un estado que no responde a esa demanda emergente es un estado negligente. Por dos razones, primero es una amenaza contra lo público, y es una amenaza contra la seguridad. De hecho, se disparó otra crisis hace unos meses, donde el servicio comenzó a cobrar un extra por “mayor seguridad”. Incluso se comenzó a discutir la posibilidad de sindicalización de los choferes del servicio Uber.

¿Uber es bueno o malo?

Depende para quién, en qué contexto, bajo qué reglas y normas. Desde un análisis socio-técnico, se podría analizar un posible funcionamiento de la empresa según condiciones actuales de la aceptación tecnológica, el déficit en movilidad que sufren las ciudades y el hype de las aplicaciones móviles. La lógica indicaría que en los países centrales, funciona mejor por su adaptación al uso de aplicaciones móviles, etc.

¿Es realmente Airbnb y Uber un servicio revolucionario?¿O solo aprovecha un momentum?

Yo estoy totalmente a favor de lo colaborativo. Pero la colaboración, tiene que ser en términos de inclusión, cooperación y en favor de lo público. De otra manera, estamos frente a un aprovechamiento de los vacíos legales, para generar un beneficio privado.

Helsinki, por ejemplo, se está adaptando más rápido que el resto de las ciudades. Declaró la semana pasada que para 2025 ningún ciudadano tendrá la necesidad de comprarse un automóvil, ya que el servicio público de transporte cubrirá todas las necesidades.
Esto quiere decir que las ciudades sí pueden innovar, y pueden dar respuesta a los mercados emergentes existentes, de forma inclusiva y generando bienes públicos.