Otoño en clave de app (o cómo evitar que los reencuentros con la naturaleza se conviertan en una pesadilla)

Aunque ya han pasado los días más coloridos del otoño y en gran parte de los árboles únicamente quedan algunas hojas que se resisten a caer, convendrás conmigo que esta estación es una de las más hermosas para la vista. Incluso cuando los árboles se ven despojados de su vestimenta foliar, pasear por el bosque es una sensación casi mágica, con esos senderos alfombrados por miles de hojas que crujen a tu paso o esa quietud propia de una naturaleza que poco a poco se retira a sus cuarteles de invierno.

El problema es que nos parece una visión tan maravillosa que todos optamos por ir al mismo sitio al mismo tiempo, como ocurrió en el pasado puente de Todos los Santos en el bosque de Irati (Navarra), que se abarrotó de gente hasta el punto de tener que cerrar algunos de sus accesos (vamos, que el lugar se puso como las calles comerciales de cualquier gran ciudad en Black Friday, aunque cambiando los zapatos por botas de monte).

El resultado es que lo que tenía que haber sido una experiencia memorable a compartir con tus familiares y amistades (según las investigaciones que viene realizando Eli Typhina, estudiante de doctorado de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, esta actividad de compartir vivencias es la que mayor afinidad hacia el medioambiente despierta), se convierte en una pesadilla en base a la cual el principal mensaje que transmites es:

  1. que en el mejor de los casos tuviste que dejar el coche donde Cristo dio las tres voces (en el peor, lo mismo tuviste que darte la vuelta antes de llegar a tu destino).

  2. que había más gente que en la guerra.

Entiendo que conciliar fechas de máximo esplendor y disponibilidad de tiempo libre es complicado, pero se puede echar mano de tecnologías que alivien en parte los problemas que se generan por la afluencia masiva de visitantes.

En el Parque Nacional Great Smoky Mountains, por ejemplo, que se localiza a caballo entre los estados de Carolina del Norte y Tennessee y que es el parque que más visitantes recibe en todo Estados Unidos (más de 10 millones de personas al año), llevan ya unos años usando un mapa que muestra cómo avanza el cambio del color de las hojas a través de los diferentes estados, prediciendo las diferentes etapas: sin cambios, mínimo, irregular, parcial, cerca del apogeo, punto máximo y apogeo ya pasado. El cálculo lo hacen en base a un algoritmo en el que se tienen en cuenta los pronósticos de precipitación, temperatura y luz natural (el mapa está creado por Wes Melton, ingeniero y científico de datos en smokymountains.com, una web creada para dar a conocer el parque). Aunque no he podido verificarlo, entiendo que este sistema permite espaciar un poco más las visitas. Imagina que los espacios naturales de España dispusieran de una herramienta así, que pudiera ser embebida en las web de reservas de alojamientos rurales, además de las webs de información de los diferentes espacios...

No obstante, una de las principales herramientas que personalmente echo en falta en la práctica totalidad de los espacios naturales peninsulares es una aplicación decente (recalco especialmente el último adjetivo) por cada uno de los enclaves. Si desde las diferentes administraciones se está haciendo un esfuerzo ímprobo por “vender”  el atractivo del paisaje otoñal (o cualquier otro tipo de reclamo), lo mínimo es que desarrolles herramientas con las que puedas comunicarte con los visitantes. En el caso concreto de Irati, que creo que no dispone de ningún tipo de aplicación sobre el parque (al menos, hasta el momento no he localizado ninguna. Si me estoy equivocando, corrígeme por favor), ¿hubiese sido de utilidad una app con notificaciones tipo push que tanto se usan ahora advirtiendo del cierre de uno de los accesos y ofreciendo otras alternativas de llegada?

Obviamente, siempre va a existir alguien que se va a saltar a la torera las indicaciones o personas que pasan de las aplicaciones (obviamente, habría que dar la posibilidad de descargar la herramienta a través de numerosas webs, códigos QR en pósters y publicaciones, todo lo que se te ocurra…), pero al menos, creo que para parte de los visitantes sería una información de utilidad. Y, sobre todo, la sensación que el usuario generaría sería de agradecimiento, es decir, en lugar de pensar “Vaya mierda de organización”, podría interiorizar un “Vaya, hay mogollón de gente, pero han tenido el detalle de avisarme con anterioridad, así que puedo planificar mejor mi visita a Irati”. Esta información se podría incluso cruzar con reservas en alojamientos en un radio de 50 km, por ejemplo, y estadísticas de años anteriores sobre procedencia de visitantes (datos que se pueden recoger también a través de una app), de forma que podría obtenerse una posible previsión de personas que podrían visitar la zona (desconozco si esto último se hace en la actualidad).

Pero gran parte de las administraciones (existen excepciones tales como la Diputació de Barcelona, la Junta de Castilla La Mancha o la Junta de Andalucía que están empezando a desarrollar aplicaciones bastante interesantes) aún siguen apostando por libros y folletos en papel, que, ojo, pueden ser útiles e incluso necesarios, pero que en ningún caso deben cerrar la puerta a otras formas de comunicación que fomenten la interactividad con los usuarios potenciales (otro día hablaré de la ausencia de otro idiomas que no sean el español u otras lenguas autonómicas, al menos en lo que a apps se refiere, lo cual hace un flaco favor a un posible alivio de la presión de las congestionadas zonas costeras).

Si una de las principales estrategias del mundo del marketing es intentar satisfacer las necesidades del cliente, ¿por qué no hacer lo mismo cuando se trata de la red de espacios naturales? ¿Por qué no intentar convertir a los visitantes en entusiastas que conozcan y amen y se involucren en la protección de la desbordante biodiversidad que alberga la península?