¿Por qué sigue ardiendo Galicia?

Los incendios forestales se han vuelto a cebar con Galicia en este 2013. Los datos pueden llevar a engaño, ya que la superficie quemada hasta el momento ha sido inferior a la media de los últimos años, pero la voracidad y agresividad de los fuegos ha sido extrema. Por lo demás, mismos problemas y mismos responsables.

16.710 hectáreas (7.010 de monte arbolado y 9.700 de raso), ése es el dato que ha dado el Presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijoo, de superficie quemada hasta la fecha en Galicia debido a los incendios forestales.

Dos han sido los de mayor transcendencia en la Comunidad, a finales de agosto ardían los montes del municipio pontevedrés de O Rosal y, a mediados de septiembre, hacía lo mismo el Monte Pindo en Carnota (A Coruña):

  • Rosal, 26 de agosto de 2013: sobre las 19:00 horas del miércoles empezaban las llamas en el ayuntamiento vecino de Oia, y se propagaban rápidamente y  durante tres días por los montes de la comarca del Baixo Miño. O Rosal fue el municipio más afectado con casi 2.000 ha calcinadas.
  • Monte Pindo, 11 de septiembre de 2013: conocido como el Olimpo Celta, 1.600 ha se quemaban en el municipio coruñés de Carnota, arrasando el 90% de este valiosísimo paraje natural, en el que se encontraban especies de gran interés botánico como el “carballoanano” (Quercuslusitanica) que forma aquí el único bosque de esta especie en Galicia o el “lirio de monte” (Iris boissieri).

¿Coincidencias?

Existen numerosas similitudes entre estos dos grandes incendios, me gustaría centrarme en dos de ellas por su repetición en la gran mayoría de los fuegos que asolan Galicia: intencionalidad y política forestal.

Alrededor del 85% de los incendios en Galicia son intencionados: quemas agrícolas, quemas para obtención de pasto (parece ser la causa del ocurrido en O Rosal), alteraciones patológicas (pirómanos), venganzas, obtención de madera a bajo precio, recalificaciones de terrenos, etc.

Por otro lado, la intensidad de los incendios se ve favorecida por la presencia de especies pirófitas, es decir, especies que soportan la presencia periódica del fuego, e incluso se benefician del mismo para eliminar competidores y colonizar nuevas áreas. Es el caso del eucalipto en Galicia, más de un tercio de la comunidad gallega está cubierta por especies pirófitas. Los dos grandes incendios de este verano en Galicia compartían a esta especie en gran parte de su superficie.

Los eucaliptos también generan problemas tras el incendio; a la hora de abordar la restauración de las zonas quemadas, en Galicia predominan los suelos graníticos con abundante arena, y esto provoca que con las primeras lluvias intensas del otoño, se produzcan procesos de erosión muy impactantes. El eucalipto es una de las especies que genera más repelencia del suelo al agua, por lo que agrava enormemente esta situación.

¿Cuál debe ser el camino?

Debemos exigir un giro de 180 grados en las políticas forestales de Galicia, una reconversión del monte hacia bosques formados por especies autóctonas que actúen como controladores naturales del fuego, además de favorecer la multifuncionalidad del bosque y todos los beneficios ambientales, económicos y sociales del consiguiente aumento de biodiversidad.

Por otro lado, la prevención y vigilancia de posibles incendiarios, debe complementarse con una educación, divulgación y concienciación exhaustiva en todos los sectores sociales para evitar, entre todos, que Galicia siga ardiendo.

¡No podemos permitir quemar nuestros recursos, nuestra cultura y nuestra riqueza intencionadamente!