Por una Transición Urbana: Ciudades, Vida y Resiliencia. Kyoto-Medellín-Berlín

De regreso a París y escribiendo para usted, Querido Lector, con ocasión del Día Mundial de la Tierra, después de un recorrido que me llevó a Kyoto, luego a Medellín y, posteriormente, un trayecto en una zona de Colombia que fue afectada gravemente por la explosión de un volcán cuyas imágenes de desamparo dieron la vuelta al mundo. Tienen hoy la tercera crónica (con una serie de fotos) sobre un tema que es básico para mí de la Ciudad, la Vida y la Resiliencia.

Un tema del cual me he forjado desde hace muchos años la convicción íntima de que es esencial para nuestras vidas, nuestras ciudades y en todo momento. En un mundo fuertemente urbanizado y atravesado por innumerables condiciones de criticidad, tener la  capacidad  de mantener las más óptimas condiciones de continuidad de nuestros servicios es, no sólo un desafío, sino ante todo un absoluto imperativo.

La resiliencia, decía en uno de mis últimos artículos, no puede ser vista sin tener al mismo tiempo una visión sistémica. Tratándose de nuestras vidas en nuestras ciudades ella debe integrar una actitud socio- territorial.

¡La resiliencia no es cómo socorrer mejor o lo más pronto! Es una manera de ver el mundo en el cual vivimos, impregnarnos del conjunto de nuestras condiciones de vida, pero  también es conocer nuestra historia, nuestro pasado, su contexto, sus evoluciones y las transformaciones que han sucedido para poder proyectarnos hacia el futuro, y ante todo para anticiparlo. Sí, porque la resiliencia no es tampoco una accion profética o predictiva. Se trata de analizar, de estudiar los escenarios posibles, de evaluar la dinámica de sus evoluciones posibles para tomar luego decisiones, aquí y ahora, sobre cómo afrontar en situación de perturbacion la continuidad de nuestras vidas, sabiendo que por definicion todo  devenir es siempre incierto.

Escribí a propósito del Working Group II del IPCC, que entregó su informe en Yokohama hace unas semanas; y ahora ha sido el turno del Working Group III, que acaba de publicar su informe el 13 de abril en Berlín y que recuerda el contexto difícil de la situación a escala planetaria. Las emisiones de gas de efecto invernadero aumentaron en un 2,2 % entre 2.000 y 2.010, frente al 0,4 % de media en las tres precedentes. Arriesgamos antes de 2030 alcanzar el umbral de 2°C de aumento de la temperatura, sobre una trayectoria de una subida de 4°C con repercusiones sistémicas, dramáticas para el conjunto de nuestras condiciones de vida, como expuse en Kyoto en el momento de mi presentación.

Un informe de síntesis será presentado en octubre en Copenhague, pero ya sabemos que el camino de las negociaciones internacionales de París en 2015 sobre el Clima será duro, de cara a obtener un acuerdo mundial y obligatorio para todos, que hasta ahora nunca ha podido firmarse. El WG III tenía como misión el estudio de las políticas nacionales y las soluciones, con vistas a modificar sustancialmente la trayectoria actual: eficacia energética, tarifas carbono, apoyo de las energías no fósiles, gestión de las tierras agrícolas, métodos de captura de CO2 etc.

El trabajo científico llevado por GIEC, con 271 autores principales y 235 autores contribuyentes de 58 países, nos dice en este informe «de atenuación» (mitigación en inglés) que todavía podemos evitar este umbral fatídico de rebasamiento de 2°C mediante cambios que son, sin embargo, radicales en la repartición de las energías, obligándose fuertemente a limitaciones drásticas de las emisiones. El informe nos alerta sobre el desafío que representan nuestras ciudades, que contribuyen al 70 % de las emisiones de gas a efecto de invernadero, y que como ya expuse aquí, continúan su crecimiento triplicando su tamaño en 2030.

Más que nunca es tiempo de que las ciudades hackent la tecnología, para imponer otra acción en las economías de emisiones. Hacer ciudades resilientes en esta perspectiva que llamo de manera constante en la escena internacional, de "la transición urbana", exige proponer otras maneras de desplazarse, de renovar y construir los edificios, las redes de calor y frio, las 3 causas mayores de las emisiones en zonas urbanas.

La tecnología y las aportaciones de la revolución digital ofrecen en esta nueva década del siglo XXI una oportunidad igualemente extraordinaria, para que sea puesta al servicio de de  esta "transición urbana" global, transversal, sistémica. Pero es esencial tener en cuenta el carácter desigual de nuestros territorios y de las condiciones de vida. No basta más con decir que “la equidad y la justicia son necesarias”, se trata ante todo de dotarse de verdaderas armas de transformación con vistas a crear las condiciones de desarrollo que permitan cambiar radicalmente las condiciones principales de evolución del efecto de invernadero.

He aquí el porqué en esta visión, la resiliencia es también un elemento mayor que permite abordar, aquí y ahora, las condiciones de cambio cubriendo un espectro amplio, frente a vulnerabilidades cada vez más importantes que constatamos.

Éste fue un punto importante del Foro Mundial Urbano de Medellin, abordado en múltiples momentos, con sesiones especiales y contribuciones del mundo entero.

Darse en las ciudades los medios para hacerlas devenir «socialmente inclusivas, económicamente productivas, duraderas seguras y resilientes», es uno de 12 grandes temas retenidos para el Programa de desarrollo sostenible según 2015.  Me pregunto:

  • ¿Somos conscientes de que el 80 % de las ciudades más grandes al mundo están expuestas a serios daños a causa de seísmos?
  • ¿El 60 %, a las ondas de tempestades y en los tsunamis?
  • ¿Que todas deben hacer frente a cambios climáticos y sus consecuencias para nuestras vidas?

A unos kilómetros en Medellin, en la zona del corazón económico de la producción del café famoso de Colombia, tuve la oportunidad de ser guiado para visitar esta región en la que las ciudades se edificaron en proximidad de antiguos volcanes nevados (hay que decirlo, cada vez menos, al haber en unas décadas casi la mitad de sus glaciares), pero también a orillas del poderoso río Magdalena, antiguos pueblos de pescadores convertidas por las migraciones del campo, en ciudades y zonas urbanas.

Cómo no  recordarse de la explosión del volcán Nevado del Ruiz que sepulto la ciudad de Armero en 1985 matando a 25.000 personas durante su sueño y de quien la imagen de la niña Omayra, presa del lodo y que prácticamente falleció en directo, dio la vuelta al mundo.

Pero no es sólo una memoria lejana, porque los habitantes me explicaron cuan repetidas veces la crecida del río debido a las lluvias fuertes, produce inundaciones mayores. Ciudades que todavía llevan los rastros de su paso mortífero y en las que sus reconstrucciones no son garantías reales de una verdadera reflexión de fondo sobre cómo hacer frente ante todo vivir de otra manera. Me han explicado también otro aspecto de la misma problemática, cuando, por ejemplo, la última vez que los peces salieron del agua, una tradición según la que salían 35 centímetros fuera del agua (la subienda), y momento clave para la pesca, además de días de fiesta, regocijo y cultura tradicional. ¡El hombre que lleva la memoria de uno de estas ciudades, el librero, con gran nostalgia poseía la foto de la última en que se produjo, en febrero del 2011! Podemos imaginar el impacto sistémico sobre la cadena de trabajo, alimentaria, economía circular, economía y la vida en sí.

En el momento de la crecida del río el agua llega o barrió el puente

 

La memoria de la Ciudad de Honda, el librero, muestra la última subida de peces en febrero de 2011

 

La subienda

Quisiera citar otro ejemplo pobre vivido casi en directo: el incendio que asoló Valparaíso en Chile, con el fin de ilustrar este lazo entre resiliencia, fragilidad socio-territorial y condiciones de vida.

Foto AFP

Guardamos en la memoria las imágenes apocalípticas recientes de este incendio. ¿Pero tenemos claro que una de las mayores causas de su rápida propagación fue la construcción de viviendas con materiales de fortuna en zonas próximas al bosque, que fueron devastadas inmediatamente por las llamas que encontraron así un acelerador? Sí, sin duda alguna un factor decisivo en este siniestro fue el hábitat precario. Una de las 44 colinas de esta ciudad, clasificada patrimonio mundial de la humanidad se incendió, pero el hábitat de las personas que se instalaron en la colina o en los bosques cercanos, en condiciones de vidas muy difíciles, constituyó un parámetro clave que explica por qué la propagación tan rápida del incendio, el más importante de la historia de la ciudad. Un crecimiento urbano no controlado y de facto una «segregación urbana», un nivel de desempleo y pobreza superior a la media.

He aquí un ejemplo dramático de esta vulnerabilidad social-territorial de la que hablo, que nos interpela y nos llama a  reflexionar y a actuar para pensar en profundidad esta “transición urbana”, con los diversos componentes indisociables de la ciudad viva:

  • La  inclusión social.
  • La inteligencia urbana.
  • Las revoluciones tecnológicas.

Acabemos con una nota optimista: si pienso que es posible cambiar las cosas, “Hackear” la ciudad, para hacer ciudades vivas donde nosotros seamos siempre conscientes de su fragilidad, para vivir mejor juntos, hoy y mañana, en ciudades para nosotros pero también y ante todo para las generaciones que vienen.

Esto nos exige a todos esfuerzos, reflexionar juntos, intercambiar nuestras experiencias, compartir nuestras mejores prácticas, construir herramientas poderosas, apropiarnos de las más competitivas y optimizadas tecnologías, construir nuestras ciudades plataformas, colaborativas, metrópolis, grandes, medias o pequeñas al servicio de la única cosa que cuenta, la calidad de la vida con los ciudadanos en el centro.

Los encuentros que del Norte al Sur y del Este al Oeste del planeta, hacemos el conjunto los expertos del mundo entero  y  la comunidad internacional  son unos momentos importantes para compartir.

Y para que también sean compartidos aún de manera más amplia, es también un placer el hacerlo también aquí, Queridos Amigos y Fieles Lectores.

Ésta también es la razón de ser del Foro Internacional en París que tengo el honor de dirigir y que se llevará a cabo en sólo 2 meses:

Vivir en una ciudad viva, Vivre dans une Ville Vivante, Live in a Living City.

París, el 23 de abril de 2014