Puertos, temporales y embalses: las complejas causas de un litoral en regresión

El temporal que ha azotado las costas levantinas este primer mes de 2017 ha dejado en evidencia un problema que lleva años produciéndose: la desaparición de las playas en el litoral mediterráneo peninsular. Este proceso no se debe a un único factor, como pueden ser los temporales, sino a una conjunción compleja de factores y causas, las más importantes se abordan a continuación.

1 Llegan menos sedimentos al mar

 

La primera y la más importante, es que cada vez llega menos arena al mar. Los ríos y ramblas son los principales transportadores de sedimentos, que arrastran desde el interior hasta su desembocadura; estos sedimentos forman la arena de las playas, arrastrados y depositados en la costa por la deriva litoral. Pero  la construcción de multitud de embalses, diques y represamientos en los ríos españoles, supone el secuestro de los sedimentos, que quedan atrapados en estas "trampas" de obra civil. Esto es especialmente grave en el río Ebro, del cual depende buena parte de la arena que llega a las costas de la Comunidad Valenciana. La dinámica del oleaje, arrastra la arena hacia el sur y el oeste, en un giro en dirección de las manecillas del reloj. Este factor es decisivo en la regresión de nuestras costas.

En estas imágenes de satélite se observa la evolución de la línea de costa en la Playa de Almenara, una de las más devastadas y con más daños materiales durante el temporal de enero. Los espigones que rodean la gola -desembocadura de la acequia de riego- parecen suponer la ruptura de la dinámica litoral, por lo que , al sur de ésta, se pierde más arena de la que llega. Elaborado con Imágenes de google Earth.

 

2 El sistema litoral es dinámico, frágil e inestable

 

Otra causa es el propio dinamismo del litoral. El sistema litoral es frágil y cambiante. Los temporales, la fuerza del oleaje o la subida del nivel del mar, afectan arrastrando la arena de las playas, pero como llega menos arena de los ríos, como se ha explicado en el anterior punto, ésta no es sustituida a la velocidad necesaria para que no retroceda la línea de costa. Los temporales, como el ocurrido, afectan con más fuerza en invierno, entre otras cosas porque suele estar más elevado el nivel del mar, debido al descenso de la presión atmosférica, lo que hace que el oleaje avance con más fuerza tierra adentro. De este modo, las dinámicas costeras y los temporales hacen que se esté yendo más arena de la que traen.

3 Las infraestructuras costeras rompen las dinámicas litorales

 

La obra civil y grandes infraestructuras, como son los puertos o los espigones, se "interponen" a la deriva litoral a lo largo de nuestras costas, rompen la dinámica de deposición y arrastre de sedimentos a pequeña escala, impidiendo la llegada de la arena en la cara sur de estas obras (Hay que recordar el movimiento en dirección manecillas del reloj que tiene esta dinámica en el litoral levantino). Un ejemplo conocido es el impacto del puerto de Valencia, cuya presencia hace que se acumule arena en las playas de El Cabanyal, mientras que algunas áreas de las playas de El Saler van menguando. O la torre vigía de Moncófar, degradada por la regresión de la costa y el empuje de las olas, al construirse al norte el puerto de Burriana. La mayoría de lugares con daños materiales que se han visto estos días en las noticias, se encuentran en áreas afectadas por la cercanía de estas infraestructuras. 

Playa de Guardamar del Segura y apartamentos en primera línea de costa, muy afectados por el último temporal de las dinámicas litorales de invierno.

Fotografía de Ramón Sánchez Verdú.

 

En la imagen se observa el litoral de Guardamar y la desembocadura del río Segura. La construcción de su espigón, a finales de los 80, impide la deposición de los cada vez más escasos sedimentos que aporta este río o que vienen arrastrados del norte. Los apartamentos construidos dentro de la línea de costa, hoy día ilegal, han sido gravemente afectados por el avance del mar, que ha llegado a hundir parte de los cimientos en el último temporal, produciéndose importantes pérdidas y riesgos para sus habitantes. 

 

4 Se ha invadido el litoral y destruido la protección que es el cordón dunar

 

Otros tipos de obra, como la construcción de paseos marítimos y viviendas en primera línea de costa, han supuesto la destrucción del cordón dunar. Las dunas son otro elemento clave y frágil del sistema litoral. Suponen un muro de contención natural frente al oleaje que , ancladas por la vegetación dunar, sufren menos pérdida de arena en las embestidas del oleaje. La destrucción de estas dunas y su vegetación natural supone la desprotección de la playa, dejando a merced de los vientos  y temporales tanto la arena suelta, que se pierde, como las viviendas y demás infraestructura, lo que acaba en daños materiales y pérdidas.

5 El cambio climático puede empeorar la situación

 

Por último, el cambio climático y el calentamiento global no son una causa directa; tampoco a ello debe achacarse el temporal ocurrido. Pero sí pueden empeorar y acelerar la pérdida del litoral, por la subida del nivel del mar y de las temperaturas, y la mayor recurrencia de eventos climáticos extremos.

Daños materiales en la playa de Almenara, donde el temporal destrozó muros rompeolas y parte del paseo marítimo.

Fotografías de Ivan Llistó Dedeu

 

Problema de difícil solución

 

La regresión de las playas  -con los daños materiales que genera- no es, por tanto, un problema nuevo; se debe a una suma de factores complejos, y tiene una difícil solución. La restauración de las dinámicas hidrológicas, de arrastre de sedimentos hasta el mar, sería la salida lógica al problema, el sistema natural se regularía en buena medida por sí mismo. Sin embargo, acabar con la perturbación de este ciclo supone liberar a los ríos de las grandes obras de ingeniería, como son los embalses y diques. Si bien pueden hacerse mejoras tecnológicas, este cambio en la gestión de cuencas es en la mayoría de casos inviable, por no decir imposible. Por lo tanto, la arena va a seguir sin llegar a las costas de forma natural en la cantidad necesaria.

La construcción de líneas de escolleras, que retengan la arena en su lado norte, es una actuación que se realiza para mitigar esta regresión, no sin suscitar polémica en algunos casos, por el impacto que pudiera causar en los terrenos afectados. Así ha pasado con la especulación de construir una gran escollera en Almenara, a lo que se opusieron municipios del sur como Sagunto, por las posibles afecciones negativas, citadas en el punto tres. Otra actuación consiste en aportar arena de forma artificial, como se ha hecho en las playas de Pinedo y El Saler. Esto no deja de ser un parche, que necesita de una gran inversión y mantenimiento, con la reposición de la arena cada vez que se pierde.  

Las playas de Moncófar, Nules y Chilches, plagadas de escolleras para retener la arena.

Imagen de Google Maps

 

La mejor solución para mitigar los daños materiales y humanos es la protección de la línea de costa. Hay que salirse de su espacio. no solamente como forma de protección de los ecosistemas litorales. También para la protección de los ciudadanos y como gestión de los riesgos, ante un espacio tan dinámico, frágil y a veces imprevisible.  Desde el Colegio de Geógrafos sabemos de la importancia de la protección de la franja litoral, de legislar y cumplir la normativa urbanística de modo que no se invadan los cordones dunares y los espacios con riesgos naturales; retomar la planificación frente a la improvisación, también en la gestión de cuencas,  pues una parte básica del problema -la falta de arena- viene de tierra adentro. En la Comunidad Valenciana  recibimos con optimismo que se hayan retomado planes a nivel territorial y supramunicipal, como el PATIVEL, el Plan de Acción Territorial de la Infraestructura Verde del Litoral. Es importante que todos hagamos aquí los deberes: tenemos que dejar espacio para el mar.