Redefiniendo la #CiudadInteligente (PARTE I)

Dr. Alejandro Prince

Lic. Lucas Jolías

Introducción

Hoy en día nos encontramos frente a una tendencia mundial hacia concentración urbana, donde se encuentra la principal oferta de empleo y servicios, un sistema productivo eficiente, economías de escala, diversidad en la oferta educacional y cultural, entre otros, todos elementos valorados a la hora de tomar decisiones de localización residencial. Como plantea el proyecto Smart City Telefónica, las ciudades tienen un gran impacto en el desarrollo económico y social de las naciones. Son verdaderas plataformas donde las personas viven y trabajan, donde las empresas desarrollan su actividad y en el marco de las cuales se prestan numerosos servicios.

Por otro lado, las ciudades son grandes centros de consumo, y responsables del gasto del 75% de la energía mundial y generadoras del 80% de los gases responsables del efecto invernadero. Si bien las ciudades hacen un considerable aporte a la economía de los países, es también donde se producen los mayores usos de energía, de impacto atmosférico, de transporte y, por lo tanto, es hacia las ciudades donde se traslada la discusión de fondo en temas medioambientales: movilidad sostenible, eficiencia energética, valorización de residuos y lucha contra el cambio climático.

Las ciudades son ecosistemas complejos de personas y organizaciones que necesitan convivir y trabajar juntos continuamente para alcanzar sus objetivos, y no siempre pueden lograr tal convivencia tan pacíficamente como es necesario. Pero por otro lado, muchas veces son las deficiencias de la infraestructura de la propia ciudad la que afecta los resultados finales de los individuos que la componen. Las ciudades que cargan a sus ciudadanos con excesivos tiempos en el transporte, altos cargos impositivos, y polución, entre otros, ciertamente afectará el desarrollo comunitario e individual de los mismos. Una solución global, holística e integradora que tenga en cuenta tales problemas en toda su amplitud se hace imperativa.Como menciona Rick Robinson (2012), muchas ciudades alrededor del mundo están sostenidas en sistemas de servicios (como redes cloacales, eléctricas o de transporte) cuya infraestructura física tiene ya varias décadas de antigüedad y presenta limitaciones de eficiencia y crecimiento para la ciudad. Ideas innovadoras,conceptos más “inteligentes” y las tecnologías del mundo actual pueden mejorar su eficiencia y resistencia, minimizando la necesidad de actualizar y expandir los sistemas físicamente.

Ante este escenario que presenta un entorno urbano con una demanda creciente de eficiencia, desarrollo sostenible, calidad de vida y sabia gestión de los recursos, las administraciones públicas han de plantearse una evolución en los modelos de gestión de las ciudades. Para ello, la aplicación de las tecnologías de la información y las comunicaciones se hace imprescindible, como una respuesta concreta a la urbanización no planificada y a la necesidad de orientar esta expansión a mejorar la calidad de vida de las personas.

En este marco nace el concepto de Smart City, o ciudad inteligente, término que se centra en la sostenibilidad medioambiental, la habitabilidad y la eficiencia de los servicios que se prestan. Las Ciudades inteligentes están siendo desarrolladas alrededor del mundo como una propuesta integral para asegurar el crecimiento energético, de manera sostenible, en los núcleos urbanos, por lo que no puede entenderse el actual proceso acelerado de urbanización, sin entender los cambios en la base tecnológica.La idea de Ciudad Inteligente parece haber triunfado como término que pretende aglutinar la relación entre las tecnologías del siglo XXI y su despliegue en la ciudad. Aunque de perfiles muy difusos y sometida a diferentes interpretaciones e intentos de definición, el modelo de la Ciudad Inteligente ha emergido con fuerza como nueva referencia a la que confiar la renovación de la gestión urbana. Tal concepto entiende que integrar el uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones en la evolución de una ciudad no solo supone mejoras notables en la provisión de los servicios, sino que constituye en sí misma una vía sostenible para el desarrollo económico y social en las próximas décadas de la economía de las ciudades y, por lo tanto, de la economía de los países.

Hay presentes hoy en día varios términos relacionados a la modernización de las ciudades. Algunos, como Ciudad Abierta, Ciudad Ubicua, Ciudad Global, Ciudad Digital, entre otros, son fácilmente diferenciables. No remitiré a las diferencias entre tales términos, pues excede a las intenciones de este trabajo y pueden ser fácilmente deducidas de sus nombres o acudiendo a una búsqueda rápida en internet. Sin embargo, hay una diferencia que sí merece mención y es aquella entre Ciudad con Inteligencia (Intelligent City en la literatura en inglés) y Ciudad Inteligente (o Smart City), a la que propiamente se refiere este trabajo. En líneas generales puede decirse que una ciudad con inteligencia es un concepto bastante próximo al de una ciudad digital, que puede ser concebida como un territorio con menos prestaciones y aspiraciones que una ciudad inteligente, aunque claro está, la frontera entre ambos conceptos es difusa, y además, la aplicación de uno u otro término en muchos casos concretos depende de las decisiones de momento tomadas por las jerarquías del proyecto y/o por sus asesores de imagen. La Ciudad con Inteligencia se identifica sobre todo por el uso cotidiano de la tecnología para mejorar la eficiencia en la respuesta a las demandas ciudadanas, lo que la relaciona más sin dudas a una Ciudad Digital, apartada del enfoque integral de una Ciudad inteligente, que debe incluir otros aspectos, como la preocupación medioambiental y el desarrollo en la calidad de vida de los ciudadanos como último fin.  Puede resaltarse que una ciudad con inteligencia es una ciudad que al menos le falta alguna cosa más o menos trascendente para convertirse en Ciudad Inteligente, o sea, lo que falla o falta o no está muy desarrollado en las ciudades con inteligencia es el enfoque holístico de las ciudades inteligentes. Advertida esta diferencia será más fácil advertir que muchas de las definiciones comúnmente utilizadas en el ámbito empresarial, académico, y las que utilizan muchos rankings internacionales refieren más bien a Ciudades con inteligencia (al resaltar la importancia de la tecnología como componente fundamental) que a Ciudad Inteligente (un enfoque mucho más holístico e integrador, que no necesariamente implica la utilización de tecnología para resolver sus problemas, mejorar su eficiencia y desarrollar la calidad de vida de sus ciudadanos de forma eficiente). El término que se analizará y utilizará durante el resto del trabajo es el de Ciudad Inteligente, comúnmente traducido como Smart City.

Es un concepto emergente, y por tanto sus acepciones en español y otros idiomas, e incluso en el propio idioma inglés, están sujetas a constante revisión, en muchos casos poniendo énfasis en un solo aspecto, lo que en buena medida traiciona el concepto que se intenta desarrollar, que tiene un importante componente holístico o integral. En efecto, una ciudad o un territorio que se considere inteligente se manifiesta fundamentalmente por su carácter multidimensional y multifacético, en términos de actores, en cuanto a dominios clave y en desarrollo y utilización de tecnologías. Es un término actual que refiere a un tipo de desarrollo urbano basado en la sostenibilidad, que es capaz de responder adecuadamente a las necesidades básicas de instituciones, empresas y de los propios habitantes, tanto en el plano económico como en los aspectos operativos, sociales y ambientales. Una ciudad o complejo urbano podrá ser calificado de inteligente en la medida que las inversiones que se realicen en capital humano, en aspectos sociales, en infraestructuras de energía, tecnologías de comunicación, e infraestructuras de transporte, contemplen y promuevan una calidad de vida elevada, un desarrollo económico-ambiental durable y sostenible, una gobernanza participativa, una gestión prudente y reflexiva de los recursos naturales, y un buen aprovechamiento del tiempo de los ciudadanos.

Las herramientas tecnológicas se prueban como la principal esperanza en la cura al eterno problema de la gestión urbana de llegar siempre tarde a los problemas, si no se puede predecir, al menor se podría actuar con mayor pertinencia. Asimismo, existen importantes efectos de derrame en el despliegue y la adopción de las TIC al conjunto del aparato productivo y la sociedad en general, y que sin embargo solamente se logran a partir de cierto umbral de penetración de las telecomunicaciones. Las innovaciones asociadas a las nuevas TIC representan una oportunidad de aceleramiento del crecimiento económico y profundización de la inclusión social, constituyen al mismo tiempo una amenaza para aquellos países, provincias o localidades que no logren acompañar el nuevo paradigma tecnológico.

Aun así, dejando de lado todos los beneficios que promete, resalto que la Ciudad Inteligente es todavía un concepto difuso, ya que esta etiqueta se utiliza de diversas formas que no siempre son compatibles entre sí, y como bien advierte Francisco Morcillo (2014), en el amplio concepto de las ciudades inteligentes, que en algunos casos los municipios basan exclusivamente su objetivo en la sostenibilidad económica “de lo público” y “con el sello” medioambiental, obviando la social y la generación de economía, éstas deberían ser algo más. No todo debe enfocarse a “conseguir ahorros” y “no todo consiste en implementar tecnología” sin más. La disponibilidad y la calidad de la infraestructura de las tics no son el único rasgo importante de una Ciudad Inteligente ni la única característica que ayuda a definir este concepto. Varias definiciones hacen hincapié en el papel del capital humano, la educación, y la capacidad económica para adquirir dispositivos electrónicos. Los términos, a medida que van ganando aceptación, parecen también perder todo contenido y volverse palabras vacías. Como dice Gemma Galdón Clavell (), la cantidad de iniciativas que hoy son “inteligentes” es tan variada que se hace difícil extraer coherencia de ellas, por lo que una revisión del concepto se hace necesaria. Más aún, cuando se observan las mismas falencias en gran parte de las definiciones recopiladas, un cambio en la conceptualización de las ciudades inteligentes se presenta como necesario para la superación de las mismas y no seguir hablando con “palabras vacías” de un término que ya no se muestra abarcativo de las iniciativas de distintas ciudades alrededor del mundo en pos de convertirse en ciudades inteligentes.

Cada ciudad lucha con problemas similares como la congestión, la contaminación del aire o el aumento de los costos de energía. La implantación de tecnologías y servicios urbanos inteligentes ofrecen enormes perspectivas en este sentido, y popularmente se entiende como Inteligentes a aquellas ciudades que emplean tecnologías de información y comunicación para ser más eficientes en el uso de sus recursos. Pero lo cierto es que hoy en día una Ciudad Inteligente es, y debería ser, mucho más.

La visión de desarrollo con la cual las ciudades son construidas depende de las dotaciones iniciales de las mismas, la vocación productiva y diferentes necesidades sociales, por lo que en consecuencia, existen Ciudades Inteligentes con diferentes enfoques (Chourabi. H et al 2012), y es posible encontrar en la literatura diferentes propuestas que definen una Ciudad Inteligente, así como el uso de términos relacionados como ciudades digitales, ciudades globales, ciudades ubicuas o ciudades sostenibles. (Herrara y Sánchez, Cintel, 2012). Esta pluralidad de términos junto con las falencias de muchas definiciones comúnmente utilizadas por empresas y rankings internacionales promueve una visión confusa de lo que finalmente es, o debería ser, una Ciudad Inteligente.

Giffinger Rudolf y Gudrun Haindlmaier (2010), destacan que en los últimos años, los rankings de ciudades han experimentado un gran crecimiento. En la mayor parte de estos rankings Europa es el modelo y esto es discutible si pensamos en Latinoamérica, respecto de los fines y conceptos así como de los indicadores utilizados.

Hay cierta evidencia de que la atención pública en los rankings de ciudades se concentra principalmente en los resultados de los rankings mismos, obviando los intereses propios de quien los construye, la metodología de su construcción y su aprovechamiento como un instrumento para el planeamiento estratégico. Poca investigación y  análisis se ha hecho sobre la metodología que usan tales rankings, su importancia para distintos actores y como estos se ven afectados a partir de los mismos rankings. Por empezar, el término ciudad inteligente en tales rankings no suele tener una visión holística e integradora, sino que se suelen ponderar ciertos atributos de las ciudades por sobre otros, enfatizando ciertas características específicas (muchas veces, para favorecer una publicidad de la importancia de los productos de la empresa que elabora tal ranking).

Presentamos ahora una recopilación de las principales definiciones utilizadas por analistas, expertos, agendas digitales de distintos paísesy otras fuentes y recursos. 

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Bibliografía consultada