#RSC Empresa responsable: triple dimensión económica, social y medioambiental

Es obvio que una empresa que quiera ser Socialmente Responsable debe asumir junto a la dimensión Económica que la define, un compromiso Social  y otro Medioambiental y que en consecuencia debería presentar una triple cuenta de resultados en la que se contemplen las  tres dimensiones anteriores en relación con cada uno de las cuales merecen  ser hechas algunas consideraciones:

Respecto al pilar económico nadie duda que la razón de ser de la empresa es crear  riqueza, sin embargo esto ha de interpretarse en un marco más complejo en el que esté contemplada la innovación puesto que ésta contribuye a que la organización sea más competitiva, permanezca en el mercado y por tanto genere valor, además la actividad económica se debe desarrollar en el marco de la libre competencia con lo que esto significa en cuanto a la más eficaz asignación de recursos y el crecimiento de la economía en general.

En cuanto al componente social, éste tiene su origen en el cumplimiento estricto de  la legislación laboral, de modo que los trabajadores tuvieran garantizadas unas condiciones dignas de trabajo, pero a medida que se conformaba el concepto de RSE, éste se ha ido ensanchando, incluyendo aspectos como la gestión del capital humano, la  adaptación al cambio, la  formación o la información.

Por otra parte el elenco de actores sociales contemplados ha ido ampliándose a otros ámbitos, así los proveedores, los clientes, los inversores, los consumidores en su acepción más generosa o las  propias Administraciones Publicas han pasado a ser si no interlocutores directos de las empresas si a ser tenidos en cuenta a la hora de tomar decisiones y transmitir la información.

Más tarde, en un  estadio posterior se han ido asumiendo aspectos que a primera vista pudieran parecer ajenos a la empresa como los derechos humanos o los  problemas de seguridad y salud en las empresas colaboradoras, traspasándose en muchas ocasiones el ámbito nacional y  estableciéndose cauces de comunicación con organizaciones que operan a nivel mundial. También entraría dentro de este apartado la llamada acción social a favor de los sectores más desfavorecidos tanto del entorno en el que se desenvuelve la actividad de la empresa como en otras regiones del planeta.

Con objeto de abordar de una manera sistemática esta dimensión social existen normas como la SA 8000, la OHSAS 18000 o la SGE 21, cada una de ellas con un alcance distinto.

Por lo que respecta al Medio Ambiente, no se puede concebir una empresa sostenible  si ésta no es respetuosa con el entorno en el que desarrolla su actividad, para lo cual no basta con cumplir la legislación sino que es necesario que añada valor y asuma compromisos que informen la globalidad de sus acciones, además los aspectos ambientales no se pueden circunscribir al ámbito geográfico más o menos amplio en que radican sus instalaciones sino que se deben tener un carácter universal.

Las empresas socialmente responsables deben de alguna forma asumir una filosofía de  mejora continua y tratar de que sus procesos sean cada vez más eficientes y sus productos menos agresivos, intentando reintegrar a la sociedad al menos parte de los beneficios que ha conseguido gracias a ella. En esta línea puede ser de gran ayuda la implantación de sistemas de Gestión ambiental como la ISO 14000 o el Reglamento europeo EMAS.