¿Se está volviendo loco el clima? Parte II

 

Conversaciones entre amigos sobre el cambio climático, sus efectos y lo que podemos hacer para enfrentarlo

Por César J. Galarza, PhDConsultor en Sostenibilidad y Cambio Climático 

 “Todo parece imposible hasta que se hace” 

 (Nelson MANDELA)

LEER PARTE I

5. Cambio climático: ¿natural o provocado?

El cambio climático no es un fenómeno novedoso ya que se ha dado en varias oportunidades a lo largo de la historia de la tierra (recordemos la época de los mamuts y del hielo). Sin embargo, las veces que esto sucedió fue en lapsos muy largos (miles y miles de años) y no en el corto plazo que se está dando ahora (par de siglos).

El fenómeno está siendo hoy tan acelerado que obliga al planeta a adaptarse en forma brusca a las nuevas condiciones, tanto que es de esperarse que no todos los seres vivos (plantas, animales, y el hombre) tengan tiempo para adecuarse con la rapidez necesaria a las nuevas circunstancias. Para comprender el alcance del tema pensemos que desde la época glacial hasta ahora (unos diez mil años) la tierra sufrió un calentamiento de 5 grados centígrados, y ello provocó que en los mismos lugares que antes podían ser el escenario de la película “La era del hielo” ahora podamos estar tomando sol en la playa (como España). Los expertos que estudian el tema (entre ellos un grupo de las Naciones Unidas denominado Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, o IPCC) calculan que en este siglo (el XXI) la tierra se calentará unos 5º grados. O sea, en unos pocos cientos de años lo que antes hizo en 10 mil, y eso es bastante.

Además de ello hoy en día, gracias al trabajo serio y prolongado de muchos científicos, sabemos que el incremento de velocidad en el fenómeno tiene su origen en el hombre ya que éste, entre otras cosas, con su actividad de producción ha contribuido a aumentar la presencia de ciertos GEI en la atmósfera. A ese cambio climático de origen humano es lo que se llama “cambio climático atropogénico” y, si bien hay algunos estudiosos del tema que ponen en duda que el hombre tenga algo que ver con ello, ya no queda ninguno que ponga en tela de juicio que el calentamiento global se está dando efectivamente y que el mismo está causando una alteración en el clima de la tierra.  Lo podemos sentir también nosotros, que no somos científicos pero vemos a diario que algo extraño está pasando con el clima.

6. ¿Qué está haciendo el hombre para acelerar tanto el cambio climático?

En líneas generales podemos decir que el agravamiento del cambio climático a causa del hombre se debió a que éste hace un par de siglos atrás comenzó a originar en una cantidad muy superior a lo que era natural de dos de los gases que causan el efecto invernadero: el dióxido de carbono, más conocido como CO₂ o simplemente carbono, y el metano. También otros, pero me concentraré en estos dos dado que son los casos más acentuados.

Por supuesto que ni el CO₂ ni el metano son gases malignos ni deben considerare los ogros del cambio climático ya que son muy necesarios para la vida en la tierra. El problema está en que en poco tiempo se ha generado mayor cantidad de ellos de lo que el planeta está preparado para procesar en su ciclo natural.

¿Cómo paso esto?  Aproximadamente desde mediados del siglo XVIII el mundo inició la mayor cantidad de transformaciones socio-económicas, tecnológicas y culturales de la historia de la humanidad ya que, entre otras cosas, cambió la forma de trabajar y producir (aparecieron las fábricas y la elaboración en masa) y como consecuencia de ello –sumado al aumento de la población-creció en forma considerable el consumo de bienes y servicios.

Además, toda esa producción necesitó ser transportada de un lugar a otro como también las personas que la generaban o consumían. A esto se llamó “Revolución industrial” que fue posible en gran medida gracias a las nuevas formas de energía que fueron apareciendo en escena (desde el vapor a la electricidad) basadas todas en la quema de combustibles fósiles, es decir petróleo y sus derivados (naftas, querosene, etc.), carbón y gas natural. Todos provenientes de la descomposición de plantas y animales que durante millones de años se han depositado capa tras capa sobre la superficie de la tierra.

Como pasa con una lámpara de campamento que ilumina con la combustión del querosene, la quema de los combustibles fósiles genera energía. A la que llamamos no-renovable, simplemente porque no se va fabricando nueva a medida que se gasta -al menos al mismo ritmo-; por lo tanto los hombres dispondremos de ella mientras no se acabe la existencia de los elementos que la producen bajo la superficie de la tierra y el mar. Es decir, el combustible fósil.

 La aparición de las energías no-renovables y la revolución industrial fue lo que permitió dar el gran salto de avance a la humanidad y a ellas les debemos casi todos los adelantos de los que hoy disfrutamos, sobre todo los que nos han permitido vivir más y mejor pero, por un proceso un poco complejo, la quema del combustible fósil genera dióxido de carbono y metano (también otros pero en menor medida), es decir GEI, y ello se convirtió en un problema.

Cuanto más y más fue creciendo la industria y la población, más producción fue siendo necesaria, y más combustible fósil se fue quemando y por lo tanto mayor cantidad de CO₂ y metano se fue generando los cuales fueron a parar a la atmósfera. Sumado a ello, a mayor actividad industrial, y el aumento de la población, incentivaron la tala de bosques (deforestación) tanto para sacar leña como para dedicar más tierra a cultivos y poblaciones. Eso fue disminuyendo uno de los agentes naturales de absorción de CO₂ que tiene la tierra: los boques (el otro es el mar) ya que los árboles, con el proceso de fotosíntesis, absorben carbono y lo almacenan en sus hojas, tronco y raíces. Pero cuando éstos son cortados ese CO₂ que tienen guardado es liberado y vuelve a la atmosfera, aumentando su proporción en ella.

Adicionalmente a ello la actividad humana ha aumentado también la producción del metano, tanto a través de su extracción para quema, como por su generación en las actividades agrícola-ganaderas, ya que es producido por el ganado en la digestión y defecación, y en las bacterias de la descomposición de las plantaciones (fundamentalmente las de arroz).

En definitiva la actividad del hombre a través de varios factores (sobre todo la quema de combustibles fósiles para producir energía, la deforestación, la agricultura, la ganadería, el transporte y los usos residenciales) desde hace unos tres siglos viene generando más y más GEI que van a parar a la atmósfera aumentando el efecto invernadero natural que ya había en la tierra. Eso produce un calentamiento acelerado del planeta que a su vez tiene efectos sobre el clima y provoca el “cambio climático” en forma mucho más rápida que la que puede darse en forma natural.

7. Cambio climático: una de cal y … ¿varias de arena?¿Qué efectos podemos esperar?

El cambio climático ha generado y seguirá generando distintos efectos sobre la tierra y la vida en ella contiene, algunos buenos y otros malos. O como me gusta decir, una de cal y otra de arena, aunque aquí puede ser que haya más de arena. Veamos algunos ejemplos.

No son muchas las consecuencias positivas del cambio climático pero desde luego las hay. Para mencionar alguna de las de cal podemos decir que se prevé que a consecuencia de dicho fenómeno ciertas zonas de la tierra, que ahora son frías, serán más cálidas lo cual implicará que éstas se vayan haciendo más aptas para el cultivo y la ganadería, por lo tanto más rentables. La mayor temperatura significará también en dichas zonas un menor gasto en calefacción, índices inferiores de mortalidad por frio, y mayores posibilidades para el turismo. A su vez, muchas áreas que ahora son templadas tenderán a ser más calurosas y con más lluvia, por lo que se calcula podrían desarrollar una mayor vegetación, incluso selvas si fuera posible. Si esas nuevas áreas boscosas se mantienen (y no se deforestan) podrían convertirse en fuente de más servicios ambientales, como ser, ambiente para la flora y fauna (biodiversidad), control de erosión, e incluso la absorción del exceso de dióxido de carbono presente en la atmósfera.

Conversemos ahora de las negativas, las de arena, que lamentablemente son varias más que la de cal y muchas de ellas ya se están dando en la actualidad. En este ámbito se prevé que hará más calor en algunas zonas en las que antes no hacia tanto (esto se llama desplazamiento geográfico). Entre las consecuencias de esto encontramos que las nuevas zonas calurosas (incluso tropicales o subtropicales) se convertirán en ambientes propicios para el desarrollo de numerosas plagas como los mosquitos, con el consiguiente incremento de epidemias de enfermedades con vector (es decir que necesitan de agentes como insectos para propagarse) como ser el dengue, la fiebre amarilla y el paludismo.

A su vez, y como ya comienza a verse, se podrían iniciar corrientes migratorias de aves, peces y animales hacia los polos puesto que irán buscando zonas más templadas (desgraciadamente los que no puedan hacerlo tendrán que adaptarse físicamente para sobrevivir). De igual modo, las mayores temperaturas conllevaran un aumento en el consumo de energía para refrigeración lo cual a su vez podría acortar el tiempo de reserva de los combustibles fósiles, haciendo subir su precio (y de sus derivados) a sumas exorbitantes. 

Los efectos también se harán notar en el mar. Como cuando calentamos agua en una olla y aquella tiende a expandirse y elevar su nivel, se predice que en la tierra se producirá una subida generalizada del nivel del mar -de hecho ya está pasando-, con sus consecuencias poco auspiciosas para las zonas costeras. Incluso podríamos decir que la imagen del osito polar flotando en un trozo de hielo a la deriva que se utiliza a veces para ilustrar al cambio climático no está alejada de la realidad, ya que los grandes bancos de hielo que existen en el globo terrestre -tanto los glaciares como los inmensos bloques que flotan en el océano-se irán derritiendo. En el caso del hielo que se encuentra sobre tierra firme, el agua del deshielo irá a parar a ríos y arroyos y finalmente a los mares, lo cual acrecentará el aumento del nivel del mar. Éste además, al absorber más CO₂- por haber más en la atmósfera-, tendera a hacerse más ácido (acidificación), lo cual sería negativo para las criaturas marinas que tienen caparazón como caracoles, almejas, centollas, algunos corales, etc., ya que la acidez del agua dificulta mucho que formen dicho caparazón.

Se esperan también modificaciones en las corrientes marinas toda vez que, como todos recordaremos de las clases de geografía, son como una suerte de ríos sumergidos en el océano que hacen circular el agua por todo el globo terrestre llevando agua fría a zonas cálidas  y viceversa (Por ej.: la Corriente del Golfo). Como uno de los factores que dan movilidad a las corrientes marinas son las aguas frías de los polos, al ir calentándose éstos aquellas podrían sufrir variaciones, aunque en rigor de verdad no se sabe a ciencia cierta qué efectos reales podría tener eso en el clima de la tierra, pero no será raro que los inviernos en el hemisferio norte se tornaran cada más crudos.

Los ríos, arroyos y lagos resultarán también muy afectados. Entre otras cosas es de aguardarse que se produzca una mayor evaporación y sequía de los cursos de agua, y desbordes e inundaciones ocasionados por la mayor cantidad de lluvia y deshielo de glaciares, lo cual recibe el nombre de “estrés hídrico” aludiéndose con ello a que los recursos hídricos sometidos a una exigencia (presión) para la cual no están preparados pueden colapsar. De ello puede derivar también la erosión y la escorrentía, que se produce cuando llueve mucho más de lo que el suelo puede absorber y el agua se encharca y tiende a correr llevándose parte de la tierra que encuentra a su paso.

8. ¿Podemos prever otras consecuencias del cambio climático sobre el planeta y sus habitantes?

Lamentablemente sí. Debemos hacerlo. Como las piezas colocadas en línea de un dominó, donde la caída de la primera desencadena la de las restantes cada una de las consecuencias directas del cambio climático podría desatar una infinidad de derivaciones. Veamos algunos ejemplos:

Los problemas en el mar podrían implicar muchos otros efectos incluso en zonas muy lejanas. Su subida no dejará muy bien paradas a las ciudades costeras que podrían ver anegadas grandes áreas urbanas obligándolas a realizar relocalizaciones, modificaciones de infraestructuras, etc. Se calcula incluso que pequeños Estados insulares desaparecerán como las Islas Carteret en Papua Guinea que se están sumergiendo y sus habitantes ya están siendo relocalizados.

Esto nos introduce en otro problema ya que por el aumento de las aguas, el mayor calor, las modificaciones de zonas de cultivos, las epidemias, la menor rentabilidad de las tierras costeras por la acidificación, todos juntos o en forma aislada, es probable que se incremente en gran número el flujo de emigrantes de las zonas con problemas hacia las urbes y países más desarrollados, con los consiguientes inconvenientes de hacinamiento, pobreza y desempleo. A esto se le llama inmigración climática.

El desplazamiento de las zonas geográficas ocasionaría también sus derivaciones. Las zonas de agricultura, por ejemplo, deberían cambiar de tipos de cultivos o desarrollar especies resistentes al calor, e incluso el sector turístico se vería obligado a adaptarse y reacomodar sus sitios prioritarios (habrá lugares demasiado calurosos o sujetos a riesgos climáticos para preferirlos para unas vacaciones).

Sin embargo son el estrés hídrico y el derretimiento de los glaciares quienes probablemente causarían uno de los grandes efectos del cambio climático: la escasez de agua dulce (porque la del mar no sirve para el consumo), con los consiguientes perjuicios para la población, la agricultura, la ganadería y la producción industrial, tanto que algunos afirman que en el futuro podrían existir graves conflictos políticos y bélicos entre países por el control y uso del agua.

Un punto importante a considerar son los efectos socio-económicos sobre la población que causaría el cambio climático. En este aspecto considerando que, tanto por su situación geográfica como por sus escasos recursos para implementar soluciones y prevenciones, los países en desarrollo son los grandes vulnerables ante el cambio climático por lo que los problemas mencionados los golpearan más duramente, convirtiéndolos en las grandes víctimas del fenómeno. Pareciera ser una concreción práctica del conocido aforismo: “el hilo se corta siempre por su lado más fino”.

En esta línea se enmarca la cuestión de género, dado que –conforme a datos muy serios- las mujeres son el sector más desprotegido en los países pobres, por lo que al ser éstos los más vulnerables ante el cambio climático, podrían ser ellas las principales perjudicadas al tener que asumir en sus hombros problemas como la escases de agua, las pérdidas económicas de las actividades agrícolas, el cuidado de los enfermos, los desarraigos familiares, etc.

Resulta bastante ilustrativo sobre estas cuestiones ver y leer el buen trabajo recopilatorio de historias de gente común que va siendo afectada por el cambio climático realizada por una importante ONG internacional denominado “Testigos del clima: el rostro humano del cambio climático” (ver en ESTE ENLACE).

Además de todas estas consecuencias que más o menos se pueden calcular, hay muchas otras difíciles de prever. Al respecto hay que tener en cuenta que el cambio climático, en el ritmo en que se está dando, es un evento que ocurre por primera vez en la tierra y resulta muy difícil predecir a ciencia cierta cómo se comportarán realmente los mares, los ríos, los vientos, los animales y plantas, etc.

Es menos previsible aun qué consecuencias podrían darse de la mezcla de efectos aislados del cambio climático, como ser el desplazamiento geográfico, una subida de nivel del mar o ríos combinados con fuertes vientos y luego inundación y epidemias. Ejemplos de esto son el aumento de frecuencia y violencia de ciclones, huracanes, maremotos etc.; o  la mayor fuerza y frecuencia del fenómeno de El Niño que, si bien no se puede afirmar aún con certeza que sean consecuencia del cambio climático se sospecha que puede ser corolario de una mixtura de factores ocasionados por él. Incluso es difícil estimar los resultados del fenómeno sobre existencia de variedad de plantas y animales (diversidad genética) esenciales para mantener servicios ambientales para la vida del hombre (Por ej. medicinas) cuya desaparición o merma generaría múltiples consecuencias.  Lo que sí es seguro es que, si llegan a concretarse, los perjuicios serian enormes y más aún los costos de reparación de los daños.

9. ¿El mundo está haciendo algo para frenar el cambio climático?

La comunidad internacional, es decir los países reunidos en las Naciones Unidas, más o menos desde principios de los noventa vienen prestando seria atención al cambio climático, y habiendo asumido que su aceleramiento es ocasionado por el hombre, han impulsado la implementación de distintos tipos de medidas para reducir el aumento de los GEI.Y al hacerlo -dado que también han llegado a la  conclusión de que no todos los países son responsable en igual medida del problema- se han puesto de acuerdo en intentar que su implementación vaya acompañada del logro de una mejora económica y social en los países menos favorecidos y mayormente expuestos a resultar perjudicados por el fenómeno climático. Esas acciones pueden ser divididas en dos grandes grupos: las de mitigación y las de adaptación.

Dentro de la mitigación están comprendidas aquellas medidas orientadas a frenar el avance del cambio climático, lo cual se traduce básicamente en disminuir la emisión de gases de efecto invernadero o incentivar su eliminación. Puesto que los GEI, sobre todo el CO₂ y el metano, son producidos por la quema de combustible fósil, las acciones en este sentido se han encauzado básicamente a reducir el consumo de energía que proviene de esa fuente lo cual implica entre otras cuestiones, el aumento de la eficiencia energética, el desarrollo de energías de fuentes renovables, o el cambio de un sistema de transporte convencional, y con muchas emisiones de CO₂, a otro bajo en carbono.

La adaptación, por su parte, consiste en preparar al planeta y sus habitantes (sobre todo a el hombre) para afrontar las nuevas condiciones climáticas adversas que ya se están presentando o previsiblemente lo harán en los próximos años a fin de evitar así la mayor cantidad de perjuicios posibles.

Estas prevenciones pasan por el desarrollo de medidas de protección frente al aumento del nivel del mar; el fortalecimiento de los sistemas de salud como respuestas a las posibles nuevas epidemias o enfermedades; la conservación y recuperación de los ecosistemas naturales que actúan como barreras frente a las tormentas, regulan el clima, equilibran la diversidad biológica, controlan las plagas, etc.; el desarrollo o modificación de infraestructuras, construcciones y domicilios para adaptarlos a los fenómenos meteorológicos extremos (Por ej.: limpieza y ensanche de alcantarillas, eliminación de carteles y cables colgantes, poda de ramas y árboles viejos, etc.); la adaptación de la agricultura a condiciones climáticas difíciles (Por ej. utilizando cultivos resistentes al calor o inundaciones); la ordenación de los recursos hídricos  y la preservación de las cuencas de manera que se asegure el acceso al agua; la inclusión de los riesgos climáticos en los planes de ordenación territorial; la implementación de sistemas de alerta temprana y protocolos de actuación ciudadana ante fenómenos meteorológicos extremos; la ampliación (obligatoria) de la cobertura de los seguros para cubrir los nuevos fenómenos, etc.

Todas estas medidas se irán haciendo cada vez más necesarias siendo, a fin de cuentas, menos oneroso para gobiernos, municipalidades, empresas e individuos implementarlos con la debida anticipación que afrontar los costos económicos que podría implicar la reparación de los daños una vez producidos.