Smart Cities: límites y oportunidades de las soluciones Big Data

Nos encontramos en un momento histórico muy interesante, sin duda un momento de cambio, de evolución provocada por un lado por las nuevas posibilidades que las innovaciones tecnológicas ponen al alcance de ciudadanos, gobiernos y empresas, y por otro por la propia conyuntura económica, que impulsa o fuerza a toda la sociedad a obtener el máximo rendimiento de los recursos a su alcance. En el ámbito urbano ambos vectores han confluído para plasmarse en la corriente de propuestas englobadas bajo el término ciudades inteligentes o smart cities.

Es necesario apostar por muchos de los proyectos y propuestas englobados bajo este concepto, pero a la vez debemos ser cautos y mantener alerta el espíritu crítico ante “propuestas en busca de un problema”.

La cadena de decisión requiere evaluar en cada caso el "tamaño del obstáculo a salvar", pues ante cada barrera las soluciones pueden venir (o no), de la mano de la tecnología, sin olvidar lo siguiente:

  • El recorrido de mejora que existe en ámbitos más tradicionales (gestión, marco jurídico, economía), previos a la inversión en ningún tipo de obra o elemento tecnológico.
  • La naturaleza de los problemas que afectan más directamente a la calidad de vida de los ciudadanos, y que no se enmarcan en muchos casos en el capítulo de los servicios urbanos (desempleo, educación cívica, acceso a la vivienda...).

El anterior orden de prioridades parece evidente, pero en ocasiones queda eclipsado por la presentación de soluciones tecnológicas deslumbrantes, que quizá no resisten un análisis coste beneficio.

Soluciones Big Data: mejoras en gestión urbana

Dicho esto, es momento de destacar también que nunca como ahora hemos tenido a nuestro alcance la posibilidad de comprender tan bien y de manera transversal las dinámicas urbanas, gracias a las nuevas capacidades de procesamiento y soluciones Big Data. Pero, ¿dónde poner el límite a la gestión de datos?.

Todo avance tecnológico ha provocado su correspondiente y sano debate filosófico y ético en torno a las posibilidades y riesgos que entraña. El caso de la recabación de datos sobre los que basar mejoras en la gestión urbana no es diferente, ante todo si hablamos de datos de naturaleza personal , que describen la actividad de los ciudadanos en el plano socioeconómico: actividad en redes sociales o datos de sistemas de telecomunicaciones, por ejemplo, lo que supone dar un paso más allá respecto al análisis de los efectos de la actividad ciudadana sobre los consumos de servicios urbanos o sobre los sistemas de transporte.

Un ejemplo positivo en este ámbito lo encontramos en el informe presentado por BBVA y el Ayuntamiento de Madrid el pasado 7 de Junio, en el que se analiza la actividad de los turistas y visitantes de la ciudad a través de los datos generados por los medios de pago electrónico de dicha entidad. Evidentemente esta información ha sido debidamente procesada y agregada de tal modo que se estudia únicamente la actividad de cohortes poblacionales, nunca de individuos. La privacidad queda salvaguardada al tiempo que se abre todo un campo nuevo de conocimiento de la actividad real que puede ser aprovechado por la administración, por los gestores del sector, comerciantes, emprendedores, etc.

Ha de pasarse del miedo por el excesivo control del pulso vital de la ciudad (consumos de agua y energía, movilidad, dinámica socioeconómica), a la confianza en que una mayor monotorización de dicho pulso y análisis de los datos recabados posibiliten que surjan nuevas ideas y oportunidades que nos harán a todos la vida más cómoda y próspera.

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