"Smartizando" al ser humano

"Observo con incertidumbre como lo smart, tan de moda en los últimos tiempos, amenaza con devorarnos y hacer de nuestras vidas algo automatizado y reducido a la analítica"

 

Hoy toca reflexionar, así que espero que me permitas que en este artículo deje un poco de lado la habitual relación de aplicaciones móviles y artilugios varios que suelen adornar mis colaboraciones con iAmbiente.

Siempre he considerado que la tecnología puede aportarnos múltiples beneficios; que la información que nos dispensa, si logramos interpretarla bien, puede ayudarnos a trazar la ruta más adecuada; que puede poner freno a nuestras carencias de conocimiento, mostrándonos el mundo como nunca antes hemos sido capaces de verlo; y que puede (y debe) facilitar y mejorar nuestra calidad de vida.

Pero lo mismo que defiendo su uso, también observo con incertidumbre como lo smart, tan de moda en los últimos tiempos, amenaza con devorarnos y hacer de nuestras vidas algo automatizado y reducido a la analítica.

En unos años, las casas inteligentes serán la norma, hogares con una panoplia de sensores y dispositivos que sabrán cuando una habitación está vacía y apagarán la luz o nos darán los buenos días y nos recomendarán qué ropa ponernos en función del pronóstico del tiempo. Cocinaremos en sartenes inteligentes y nuestro cepillo del pelo smart nos alertará de que tenemos las puntas abiertas y que conviene que pasemos por la peluquería.

Viviremos en ciudades inteligentes donde nos desplazaremos gracias a sistemas de movilidad sostenible a la carta, nuestros residuos serán recogidos cuando los sensores de los contenedores así lo indiquen y las farolas de las aceras únicamente se encenderán a nuestro paso.

Quién sabe, puede que incluso terminemos luciendo una gorra con cámara incorporada ideada por Google.

Evan Kirstel on Twitter

Google idea for a hat with a camera on the brim that works like #Snap's Spectacles https://t.co/atV0IsgmFL #mwc17 #IoT #wearables

 

Pero al final, ni nuestras casas, por muy inteligentes que se construyan, ni nuestras ciudades, por muy smart que aspiren a ser, podrán evolucionar aisladas del entorno que las rodea, ajenas a los recursos naturales de los que dependen quienes habitan en ellas.

Tenebroso el futuro es, que diría el maestro Yoda, si seguimos intentando vivir de espaldas a la naturaleza, cautivos de una tecnología que puede ser capaz de poner parches a lo que vamos rompiendo por el camino, pero que, hasta cierto punto, limita nuestra capacidad para esforzarnos en alcanzar una sostenibilidad real con mayúsculas, a cuestionarnos nuestro comportamiento o a responsabilizarnos de nuestros actos, como se desprende de la tesis presentada por Manuel Fernández, Doctor por la UPV/EHU.

Porque lo que está claro es que los únicos que necesitamos ser realmente smart somos nosotros, los Homo sapiens, los que en la cadena alimenticia estamos al mismo nivel que los cerdos o las anchoas.

Así que ahora que casi has terminado de leer, si tienes ocasión, apaga el móvil o el ordenador y date un paseo por el campo o parque más próximo que encuentres. Seguro que va a ser una de las cosas más smart que hagas en todo el día.

PD. Y si está lloviendo, cierra el paraguas. A veces no hay nada más inteligente que volver a ser un simple humano.