Soliloquio del Queiles

“Hola. Para aquellos lectores que todavía no me conocéis, comenzaré por presentarme. Me llamo Queiles y soy uno de los pocos ríos que tienen  su origen en la Sierra del Moncayo.”

“Hace  más de dos mil años el cronista e historiador romano Plinio glosaba las  excepcionales propiedades de mis aguas, indicando que surgían en un lugar de la lejana Hispania, al pie del Moncayo.”

“Sí, concretamente en la villa de Vozmediano, una pequeña localidad de 39 habitantes censados en 2014, con un brillante pasado, como lo atestiguan la presencia de su castillo y los documentos de archivo existentes, situada en la falda de la Montaña Mágica y rodeada por pequeños y fértiles huertos de carácter familiar, plantados de frutales y hortalizas, es donde veo la luz por vez primera, allá por tierras de Soria, en lo que fue el antiguo Reino de Castilla en el manantial conocido por el nombre.de sima de Beratón, del que habitualmente brotan, por término medio de 1100 a 1500 litros de agua por segundo, lo que me convierte en el segundo río de Europa. Teniendo en cuenta mi breve recorrido, de tan sólo 44 Km desde donde surjo hasta desembocar en el Ebro, hace que sea el afluente más corto de toda su cuenca.”

“A escasa distancia de mi lugar de origen, se construyó una piscifactoría, dedicada a la producción de alevines de trucha, a la que la  hago entrega de  mi elemento, indispensable para su correcto funcionamiento. También alimento dos centrales hidroeléctricas y penetro en territorio que en otra época perteneció al Reino de Aragón por el oeste de la provincia de Zaragoza  Ya en esta misma provincia, en la comarca de Tarazona y el Moncayo, en la  población de Los Fayos, para ser exactos, recibo el agua del río Val que después de dejar su preciada carga en el embalse que, construido a finales del pasado siglo, lleva su mismo nombre, se junta conmigo en esa legendaria población y tras recorrer tan sólo 14,4 Km desde su nacedero en la localidad soriana de Agreda, discurrimos formando un sólo río hasta desembocar en la margen derecha del gran Ebro, allá en Tudela, por tierras de Navarra. Cuenta una antigua leyenda que en Los Fayos se encuentra lo que en otro tiempo fue la cueva de Caco, gigante mitológico, que arrojaba fuego por la boca y utilizaba la cueva como guarida y para guardar cuanto robaba después de asesinar a sus legítimos propietarios.”

“Al poco de dejar Los Fayos, entro en el municipio de Torrellas. Esta pequeña localidad aragonesa ubicada en las estribaciones de la sierra de Moncayo, al oeste de la provincia de Zaragoza, con tan sólo 275 habitantes censados en 2014, trae a mi memoria un pasado esplendoroso, cuando en los albores del siglo XIV, el 8 de agosto de 1304, se suscribió el Tratado de Torrellas, por el que se ponía fin a la disputa surgida entre nobles de Castilla y Aragón y se asignaban nuevos territorios al sur del reino de Valencia. En virtud de este tratado, se repartía el reino de Murcia, hasta entonces en manos del monarca  aragonés. Las ciudades de: Orihuela, Elche, Alicante, Elda, Novelda, Sax, Crevillente y Petrel, entre otras se integraban en Aragón, pasando a formar parte de la Corona de Castilla las ciudades de Murcia, Alhama, Monteagudo, Lorca y Molina de Segura. En aquella memorable y calurosa jornada aplacaron su sed con mi fresca y cristalina agua los asistentes a la firma de la sentencia arbitral, que fueron el rey de Portugal, Dionisio I; el arzobispo de Zaragoza, Jimeno de Luna en representación de Jaime II, rey de Aragón y el infante Juan de Castilla, representando al monarca castellano, Fernando IV de Castilla. Asistió  como observador Muhammad  III de Granada.”

“Después de regar la huerta torrellana me adentro en tierras turiasonenses  atravesando la monumental ciudad de Tarazona, cabecera de la comarca que lleva su nombre, declarada conjunto histórico artístico en 1965  y en la que dejo la impronta propia de toda población con río en la que éste ha condicionado desde su razón de ser, hasta su trazado urbano. Antes de entrar en la población, por la zona del parque de Pradiel y llenar la piscina municipal, dejando a los turiasonenses mi refrescante contribución, rodeo una gran peña sobre la que se halla erigida la ciudad antigua propiamente dicha.”

“Desde mi cauce, hoy completamente canalizado, contemplo con admiración y respeto el imponente palacio episcopal de estilo renacentista, soportado sobre seis colosales arcos de ladrillo y la esbelta torre mudéjar de la Magdalena que cual permanente vigía se yergue sobre la ciudad oteando el horizonte con la misma vocación protectora que en otro tiempo.”

“Desde los tiempos más remotos que la memoria humana es capaz de recordar  en el periodo prerromano, los entonces pobladores de estas tierras, los Lusones, etnia celtíbera más extendida, establecieron un asentamiento cercano a mi orilla izquierda, en el valle que domina la Montaña Mágica, asegurando así el suministro de un agua cristalina y limpia a su población y le pusieron por nombre Turiasu. Al constatar la enorme importancia que tenía la limpieza de mis aguas para la salud y la vida de aquellas gentes, me asignaron a la ninfa Silbis, una diosa nativa como deidad protectora, a la que actualmente todavía se recuerda.”

Tiempo después, en el periodo romano, mis aguas se consideraron sagradas y se propició la construcción de un santuario en lo que inicialmente fue el asentamiento de Turiasu, convertido en la ciudad de Turiaso y más tarde en municipium, cuando se acuñó moneda durante la permanencia del emperador Octavio  Augusto en esa localidad. Este santuario, bajo advocación inicial de la ninfa Silbis y posteriormente de la diosa romana de la salud Salus y de Minerva, patrona de los médicos, alcanzó gran prestigio y cumplido reconocimiento. Personajes célebres como el propio emperador Octavio Augusto, su sobrino Marcelo y el también emperador Claudio fueron algunos de sus ilustres visitantes, receptores de los beneficios salutíferos de mis frías aguas.”

“Puedo afirmar que desde la más remota antigüedad hasta el siglo XX, mi fisonomía no experimentó transformaciones profundas, en lo que a la configuración de mi cauce concierne, pero durante el siglo pasado se emprendieron unas obras que produjeron cambios significativos en mi aspecto, orientados a controlar mis frecuentes crecidas y desbordamientos que provocaban daños de diversa consideración, debidos a mi impetuoso carácter propio, de río joven de montaña. Las obras y acciones entonces emprendidas consistieron básicamente en la canalización del cauce y en la construcción de una serie de azudes, dispuestos en escalera, que trocaron mi fogosa bravura en serena mansedumbre. Otra de las acciones que se llevaron a cabo fue la limpieza de ambas márgenes especialmente por la zona de Pradiel, liberándome de bardas infranqueables, zarzas y  maleza en general, instalando en mi cauce un sistema de iluminación tipo, LED de  bajo consumo, que es en sí mismo, un valor añadido al conjunto de recursos turísticos de la ciudad confiriendo al entorno un aspecto de una singular belleza.”

“Después de atravesar Tarazona y lo que queda de su término municipal, a  menos de 1 Km. de distancia de mi margen izquierda, paso por Novallas, último pueblo de la provincia de Zaragoza emplazado en un enclave bastante llano. Antes de dejar atrás esta localidad aragonesa, contemplo su imponente castillo del siglo XIII, que perteneció a la Orden del Temple. Erigido sobre un pequeño promontorio, situado en el centro de la población, contrasta con el escaso relieve del entorno, recordándonos que durante  la Baja Edad Media fue uno de los baluartes que formaba parte de la línea defensiva en los confines del  antiguo reino de Aragón.”

“En éste, mi corto viaje sin retorno, que me acerca inexorablemente a mi destino final: mi cita permanente con el gran río, he de entrar en un nuevo territorio que un día ya lejano también fue reino, uno de los más antiguos de España. Me refiero al reino de Navarra. Como si presagiara un final de viaje ya cercano y no quisiera aceptarlo, antes de adentrarme definitivamente en Navarra, a menos de 1 Km de Monteagudo por mi margen izquierdo discurro durante algo más de 2 Km por la línea divisoria que separa los dos ámbitos territoriales, hasta que, por último decido dejar Aragón y entrar en territorio foral.”

“Tras bordear Monteagudo por mi orilla izquierda y regar sus fértiles huertas me dirijo al pequeño municipio de Tulebras. Poco antes de llegar, paso por debajo de la carretera, con lo que la localidad quedará a partir de aquí a mi derecha. Equidistante entre dos poblaciones importantes: Tarazona y Tudela , esta pequeña localidad de 125 habitantes, censados en 2014, se encuentra ubicada en un lugar donde confluían tres reinos rivales, es decir Castilla, Aragón y Navarra y a menudo hostiles, cuyas desavenencias se hacían notar más en las zonas limítrofes. Ante estas circunstancias sorprende gratamente que se fundara precisamente aquí, un monasterio femenino de la Orden Cisterciense siendo el primero de estas características en España, Fundado por iniciativa del rey García Ramírez. Desde su origen  en 1147, hasta el presente sus muros han albergado ininterrumpidamente una pequeña comunidad de monjas. En la actualidad unas 25 religiosas componen la  comunidad Trapense desde que en 1957 tomaron la decisión de seguir le regla  de Trapa. Su impronta sobria y austera, propia de un cenobio Cisterciense, seguidor de la regla de Trapa, no es óbice para disponer de una hospedera que acoge a personas de todo tipo que buscan un espacio capaz de brindar silencio, reposo y paz interior.”

“Saliendo de Tulebras, mi curso se torna sinuoso. El escaso relieve del terreno propicia que forme numerosos meandros, en un intento de retrasar mi inevitable destino.”

“Y así, con esta aparente mansedumbre que en el fondo no es sino  un cansino remoloneo para hacer el trayecto más largo demorando la llegada a término, alcanzo el municipio de Cascante, a 12 Km del sitio donde tiene lugar mi cita permanente con el gran río. Aquí; hace ya de esto algunos años, se construyó un talud en mi margen derecho, para evitar los estragos que provocaban mis desbordamientos. Puede decirse que entre ésta y las obras llevadas a cabo aguas arriba, me transformaron en una tranquila corriente que en nada seasemejaba al río fogoso y arrollador de otro tiempo. De vez en cuando me invade la nostalgia y acuden hasta mí, recuerdos de otras épocas. Entonces, hago valer mi perdurable connivencia con la Naturaleza y les recuerdo a los hombres  su vulnerabilidad, su insignificancia frente a las fuerzas naturales y duplico e incluso triplico mi caudal de agua cristalina en el nacedero, como hice a finales de marzo de 2015, en que se registraron cifras de 4000 litros por segundo. Antes de dejar atrás Cascante, miro y admiro su basílica de Nuestra Señora del Romero,  enclavada sobre un montículo y su galería de 39 arcos de medio punto, construidos en ladrillo que da acceso al recinto. Este monumento del siglo XVII, erigido en la cota más alta de la localidad tiene algo más que el privilegio de ser el edificio más emblemático, representa la identidad de todos los Cascantinos."

“Y en mi continuo discurrir alcanzo el municipio de Murchante a escasa distancia del final de mi corto viaje, de mi final, donde también formo diversos meandros, menos cada vez, aunque más grandes. Antes de dejar atrás esta alegre localidad navarra de la Ribera, hago un guiño a los gigantes de la comparsa, que me responden con un amable saludo desde su monótono y largo reposo, aguadando pacientemente el momento de hacer de sus bailes y danzas las delicias de chicos y grandes.“

“Por último me recibe la monumental Tudela. Esta ciudad con sus 25.062 habitantes, censados en 2014, es actualmente la segunda de la Comunidad Foral, de Navarra, en cuanto a población concierne y constituye el principal núcleo financiero y comercial del sur de dicha Comunidad. Ya, una vez en Tudela, riego algunas huertas de la Mejana, mientras oigo las campanas de la catedral y escucho atento un rumor de agua que, poco a poco va cobrando intensidad Sí, no hay duda. En breves momentos va a tener lugar el inevitable encuentro  con el gran río, al que me entrego sin reservas, cual amante enamorada y fiel, en un ar0rebato turbulento de pasión incontenible fundo mi materia con la suya, hasta formar un solo ser.”

“Bueno no lo he dicho, porque supongo que te lo imaginas, amigo lector. Que no te ha pasado inadvertido. En torno a mi breve, aunque fructífero trayecto se localiza una amplia red de canales, caces y acequias que construidas en diferentes épocas, han llevado mi agua a zonas, antes secas y ahora convertidas en auténticos vergeles.”

“Sin ánimo de ser presuntuoso ni de resultar pedante os diré que soy un río un tanto… peculiar. Acaso os preguntáis por qué hago tan rotunda aseveración.      Pues mirad, sin ir más lejos, considerando el caudal de agua en el nacedero,  recordad que surjo de un manantial,  del que habitualmente brotan, por término medio de 1100 a 1500 litros de agua por segundo, lo que me convierte en el segundo río de Europa, por este concepto. Hay que tener presente además, que mi breve recorrido desde el nacedero a la desembocadura en el Ebro hace que sea el afluente más corto de toda su cuenca. Si a este conjunto de connotaciones le añades que desde la más remota antigüedad tengo asignada una diosa protectora, no cabe la menor duda de que soy un rio  peculiar…”

“Para terminar, he de deciros que soy un río que goza de buena salud, como así parece indicarnos la impoluta transparencia de mis aguas y que  de manera incontrovertible ratifican los resultados de los análisis de calidad realizados periódicamente.”

 “Ahora ya me conocéis un poquito más. Sólo me resta recordaros que soy uno de los seres que forman parte del patrimonio natural, legado de los dioses a esta hermosa tierra. Propiedad de nadie y de todos, fuente de vida y en definitiva, un ser más, de este gran sistema, donde la vida es el valor fundamental y en el que cada individuo depende de los demás, en sutil y armonioso, a veces lábil equilibrio con el entorno al que todos pertenecemos y del que todos dependemos.”

 

Roberto Laborda Grima