Una experiencia de cálculo de Huella Hídrica

No sólo es escasa el agua dulce susceptible de ser utilizada por el hombre, sino que además está distribuida de forma desigual, tanto espacial como temporalmente. A esto, se añade el hecho de que el ser humano, no sólo está contribuyendo a la contaminación de los recursos hídricos, sino que además está haciendo una mala gestión de los mismos. Es por esto que el agua, y la denominada Crisis del agua que estamos viviendo, es, desde hace ya unas décadas atrás, un aspecto de especial relevancia para la comunidad internacional.

Qué es la Huella Hídrica

Como consecuencia de esa especial atención a la problemática del agua, surge el concepto de Huella Hídrica, definido en 2003 por Arjen Hoekstra, experto del Instituto UNESCO-IHE. El concepto nace con  la intención de cuantificar el volumen acumulado de agua dulce que consume una determinada persona, organización o país al cabo de un año para producir bienes y servicios, teniendo en cuenta que no sólo se refiere al volumen de agua en sí, sino que recoge al mismo tiempo el tipo de agua que se utilizó (verde, azul, gris), y cuándo y dónde se utilizó.

Se trata de una herramienta desarrollada para intentar explicar las transferencias virtuales de agua y mostrar al consumidor cómo impactan sus patrones de consumo en el recurso hídrico. Un ejemplo muy común es el que compara la huella del café y la huella del té. Para producir una taza de café estándar en los Países Bajos, se necesitan 140 litros de agua, consumidos en su mayor parte en la fase de cultivo. Sin embargo, producir una taza de té requiere una media de 35 litros de agua. Por tanto, nuestros hábitos de consumo van a determinar el impacto que ocasionamos sobre el sistema hídrico.

En el caso de España, siendo el país más árido de la Unión Europea, la huella hídrica media es de 2.461 m3 per cápita al año. Este dato, comparado con la huella hídrica global (1385 m3 per cápita al año en el periodo de 1996 a 2005), pone de manifiesto que España es uno de los países con mayor huella hídrica per cápita del mundo:

GWSP Digital Water Atlas (2008). Map 33: Water Footprint per Country (V1.0). Available online at http://atlas.gwsp.org

Dificultades en el cálculo de la Huella Hídrica

Conscientes de esta problemática, decidimos desarrollar un proyecto de evaluación de huella hídrica para una importante compañía española. Aunque aún se encuentra en desarrollo, me sirvo de este espacio para compartir las dificultades con las que nos hemos encontrado hasta el momento, por si fuesen de interés para algunos de vosotros.

En los últimos años, se han lanzado diversas iniciativas con el objetivo de desarrollar y estandarizar herramientas analíticas para medir y evaluar el uso de agua dulce. Una de estas iniciativas, la cual hemos seleccionado para nuestro proyecto, es la desarrollada por The Water Footprint Network (WFN) en su guía “Water Footprint Assessment Manual” (2011).

Se trata de un manual relativamente reciente, por lo que se puede decir que está aún “en período de prueba”. Consta de cuatro fases bien diferenciadas:

  • Definir el objetivo y el alcance del estudio
  • Contabilizar la huella hídrica
  • Evaluar la sostenibilidad de la huella hídrica
  • Proponer alternativas de mejora.

Como es natural, cuanto mayor sea el alcance, más aumenta la dificultad del cálculo. En este sentido, la metodología permite al usuario decidir hasta dónde quiere llegar. Si el estudio abarca, además de la propia instalación, proceso o actividad, la cadena de suministro, la dificultad se multiplicará en las siguientes fases de la evaluación.

La contabilidad de la huella hídrica es relativamente sencilla. La metodología define una serie de fórmulas para contabilizar las huellas hídricas verde, azul y gris. Aunque las fórmulas en sí, son sencillas, la dificultad radica muchas veces en encontrar los datos necesarios para aplicarlas. Por tanto, si se está evaluando la huella de una empresa o de parte de ella, es fundamental contar con la colaboración de la misma a la hora de acceder a los datos.

La fase de la evaluación de la sostenibilidad es el corazón de la metodología. Un número por sí mismo no significa gran cosa cuando hablamos de impactos sobre los recursos hídricos. Para saber qué implica realmente el dato que has obtenido, hay que situarlo en su contexto ambiental, económico y social. Es la fase que dota de significado a la contabilidad. Pero de nuevo, llevarla a cabo con la rigurosidad que se debería se complica cuando se necesitan determinados datos, más aún si pretendes encontrarlos de años recientes o con cierto grado de detalle.

En definitiva, los mayores inconvenientes que hemos encontrado hasta ahora para aplicar esta guía, son la ya mencionada falta de datos y la escasez de referencias bibliográficas a las que acudir para poder guiarte en su correcta aplicación. Hay que tener en cuenta que todavía no existen demasiadas experiencias de cálculo de huella hídrica, y las que hay, muchas veces no están a disposición del público. Es por esto por lo que la metodología se mantiene abierta a sugerencias de aquellos que intenten aplicarla, de forma que, con el tiempo, pueda crearse una metodología sencilla y fiable que permita obtener resultados útiles que desemboquen en una mejora real de la gestión del agua.

Otras metodologías

Paralelamente a la metodología desarrollada por la Water Footprint Network, se encuentran otras como la lanzada recientemente por la Unión Europea para evaluar la huella ecológica, o la norma ISO 14046 que se encuentra en proceso de elaboración y que, al igual que las anteriores, pretende homogeneizar el cálculo de la huella y simplificar la comunicación de la información ambiental. En sendos casos, existe una tendencia clara a basar el desarrollo de métodos de evaluación de la huella hídrica en el marco del Análisis de Ciclo de Vida.

Evaluar la huella hídrica nos permite conocer cómo y dónde se está produciendo la presión en los recursos hídricos globales, pero no debemos quedarnos ahí. La evaluación debe ir siempre enfocada a plantear objetivos de mejora. Parece que el interés por parte de empresas y gobiernos en este concepto es cada vez mayor. Es innegable que hacer un uso racional del recurso agua “sale rentable”. Esto es algo que el mundo técnico debe aprovechar. Debemos servirnos de esa “rentabilidad” para impulsar en empresas e instituciones el uso de estas herramientas y mejorar así la gestión de un recurso tan fundamental como es el agua.

Así mismo, se debe lograr transmitir una información clara y comprensible al consumidor, establecer unos métodos de evaluación que cuenten con el reconocimiento mundial y que permitan hacer comparaciones entre las huellas hídricas de un mismo sector productivo. Este es y debe seguir siendo el objetivo de las distintas iniciativas mencionadas.

Aunque es cierto que aún existen algunos factores que depurar en la evaluación de la huella hídrica, el conjunto de métodos existentes ya puede ayudar a comprender los desafíos a los que se enfrentan los seres humanos y servir como una primera base para la toma de decisiones estratégicas relacionadas con el agua.