Una mirada filosófica sobre la idea de inteligencia en las ciudades

Lo que a todos nos viene a la cabeza cuando pensamos en una Ciudad Inteligente, es como esa imagen creada por Walt Disney para Epcot Center. Pero cuando nos referimos a una persona, consideramos que ésta es inteligente por ciertos comportamientos que tácitamente reconocemos. No tanto por lo que aparenta, ni por los bienes que ésta posea; tampoco por los saberes que adquirió durante su vida.

Su inteligencia está relacionada con la capacidad de tomar decisiones, de ser responsable, de ser una persona previsora y coherente… A su vez, Daniel Goleman, incorporó la idea de inteligencia emocional, aquella que se relaciona con la empatía de las personas con las situaciones a las que se enfrenta, la capacidad de relacionarse y de generar una relación afectiva.

¿Por qué entonces consideramos una SmartCity como una ciudad con "amenities"?

De igual manera que sucede con las personas, el marketing está convencido de que pueden vendernos lujosos relojes, nuevos teléfonos y nuevas prendas de ropa al hacernos creer que el "otro" nos verá más inteligente. Con las ciudades sucede lo mismo. Algunas empresas, por poco nos han convencido que para ser una ciudad "inteligente", debemos comprar más tecnología, más infraestructura y vender mejor nuestra ciudad (marca ciudad, ciudades globales). La moda, se trasladó a las ciudades tal como lo adelantaba Saskia Sassen con las ciudades globales

Incluso existe una mirada organicista del marketing urbano. Así como nos venden productos alimenticios para que nuestro organismo funcione mejor, nos hacen creer que hay ciertas recetas para que la sociedad "funcione mejor", como si existiese una sola forma de ciudadano ideal. De esta manera nos acercamos a la idea que tenía Platón de los ciudadanos, siempre dejando de lado la falta de igualdad que existía en la antigua Grecia.

Según la Wikipedia, inteligencia (del latín intellegentĭa) es la capacidad de entender, asimilar, elaborar información y utilizarla para resolver problemas. Bastante se aleja de la idea de "responder" en tiempo real a ciertas falencias de infraestructura urbana, o la disminución del uso los recursos naturales. 

El ser humano aprende de la experiencia, así como las sociedades lo hacen. Esto permite que nuevos desafíos nos permitan encontrarnos con nuevos errores y así mejorar exponencialmente. La diferencia sustancial con la idea de "SmartCity" a través de la inversión en infraestructura tecnológica, está dada en la incompatibilidad entre el error solucionado y el error próximo.  Es asumir que los errores se solucionan de una vez por todas y la posibilidad de que los mismos no varíen. Es ignorar el principio de tríada dialéctica de Hegel, en donde la historia nos demuestra que hay una evolución constante. 

Pero la tecnología no evoluciona como cualquier organismo, muchos menos que los humanos. La tecnología se vuelve obsoleta, se desgasta y eventualmente deja de cumplir la función necesaria. Siguiendo la ley de Moore, siempre habrá que invertir en nueva tecnología. Ése es el círculo vicioso al que estamos condenados. La tecnología no es una "solución" definitiva a la dialéctica histórica, sino es una forma más de apaliar la creencia de que ésta existe. La misma tendrá que actualizarse constantemente, y con ello, generar un gasto más a los ciudadanos, utilizar más recursos naturales, etc. 

Hablamos de Ciudad Inteligente, y no de SmartCity

Curiosamente, las siglas  S.M.A.R.T., se refieren a Self Monitoring Analysis and Reporting Technology, una tecnología para detectar fallas en los discos duros en la informática. Este concepto se acerca mucho más a la idea de SmartCity que empresas como IBM o Siemens promocionan. Por otro lado, también se usan las siglas SMART como regla mnemotécnica como referencia a ciertos pasos en la teoría de la Gestión de Proyectos. Esta se refiere a Specific, Measurable, Attainable, Relevant y Time-bound.

Esta idea de Smart se basa en una idea de "eficiencia”. En mejorar la performance del tránsito, o de "facilitar" la vida de las personas. Pero eficiencia es un concepto ligado a la economía clásica, entre la relación inputs-outputs de un sistema. Esta suposición olvida que las sociedades y los gobiernos, en general, no son mensurables en este sentido. Por lo tanto, se puede pensar en una eficiencia de gestión para controlar procesos, pero es erróneo aplicar el mismo concepto para toda una ciudad. 

Lo que nos queda es fomentar el manejo de las decisiones. Pero tampoco podríamos asumir que existe una forma correcta de hacerlo. Es por eso que potenciar la "inteligencia" de una ciudad es acelerar la sinergia entre los individuos a partir de que estos desarrollen su capacidad de tomar decisiones y evaluar correctamente sus riesgos.

Una parte fundamental para esta empresa es mejorar las herramientas físicas y psicológicas que permiten observar las situaciones, para lo cual es necesario fomentar la independencia ideológica y el pensamiento crítico. La intuición y la capacidad de improvisación ante nuevas situaciones son valores de gran importancia para una sociedad inteligente, la creatividad y el pensamiento "out-of-the-box" ha demostrado que se pueden generar nuevas respuestas a las problemáticas.

Estas y otras herramientas son provistas en el desarrollo y el aprendizaje de las personas, pero no de forma lineal, sino esporádica. Para ello se debe abandonar la vieja idea de educación lineal, literal y cerrada.  El filósofo Jacques Ranciere hace referencia a la "emancipación intelectual" en su texto "El Maestro Ignorante", como una forma de aprender cualquier lenguaje humano, librándolo de la dependencia de un "maestro" que dictamine lo que hay que aprender y lo que no. Algo similar se está viendo en la actualidad con el movimiento de "escuelas de programación" como School of Data, cuyo lema es "el poder de lo evidente".

Hoy en día, las personas más exitosas son personas que creen en sí mismas, que son críticas y objetivas. Cada vez son menos aquellos considerados exitosos sólo por su capacidad de generar dinero o acumular poder. Debemos orientarnos a emancipar más ciudadanos que tengan sus propios valores, que difundan sus ideas y que aprendan a compartir. No importa si algunos prefieren ser estudiantes, empresarios, empleados públicos o campesinos. Cada persona tiene lo mejor que dar y son vitales para nuestra sociedad, nuestras ciudades. Esa pluralidad, y la vocación de cada uno, hará que cada ciudad sea única, y que todos estemos dispuestos a ayudarnos en todo momento. 

La tecnología, como toda herramienta humana, sirve a las necesidades de la sociedad. Si esta sociedad no desarrolla sus capacidades y supera sus propios obstáculos, siempre dependerá de nuevas herramientas que reemplacen a la inteligencia. 

A fin de cuentas, una Ciudad Inteligente, es conceptualmente una ciudad planificada para que el desarrollo humano sea evolutivo, y para que la inversión sea correcta y precisa, sin desgastar nuestro entorno. El verdadero cambio en las ciudades se da en la idea de diseño, ofreciendo la simplicidad como forma y el servicio como contenido. La abstracción de lo tangible hacia nuevas formas de concebir la construcción urbana, nos ofrecerá nuevos puntos de vista y nuevas concepciones de ciudad.