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Entrevista a ÍTALO PIZZOLANTE

Sobre Negocios Inclusivos

Este consultor venezolano, con amplia experiencia en comunicación organizacional, habla sobre Negocios Inclusivos con nuestro colaborador Jorge Emilio Sierra Montoya para su más reciente libro: “Maestros de la Responsabilidad Social Empresarial".

 

 

NEGOCIOS INCLUSIVOS PARA ROMPER EL CÍRCULO VICIOSO DE LA POBREZA 

 Por: Jorge Emilio Sierra Montoya (*)

 

Un cambio profundo en la sociedad

 

Para Ítalo Pizzolante, antes se manejaban varios temas de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) en forma aislada, cada uno por su lado: el de los derechos humanos, enarbolado por grupos que combatían su violación; el de medioambiente, naturalmente entre ambientalistas, y el de los derechos laborales, proclamado por quienes atacan, verbigracia, el trabajo infantil.

Y claro -agrega-, aquí y allá surgía el tema filantrópico, con el que más se ha tendido a identificar desde tiempo atrás la RSE, concebida a su vez como las acciones del sector privado para complementar en cierta forma a las del Estado, incapaz de resolver por sí mismo los graves problemas de la sociedad.

Sin embargo, a su modo de ver en los últimos años ha habido una convergencia de esos temas, como si se fundieran en uno solo: la RSE en sentido estricto, a la que están asociados los derechos humanos y laborales, el medioambiente, etc.

Un cambio profundo, claro está. En la sociedad, como es obvio. Y a gran velocidad, con la celeridad propia de la época, aquella que por desgracia -dice en tono crítico- no se ha dado en las empresas, donde todavía se piensa que la acción social es algo secundario o, si mucho, de carácter ético-religioso, como la filantropía o la caridad.

Ataca, pues, las tradicionales donaciones que reflejan -afirma- un populismo similar al de los gobiernos o líderes políticos (“ya no a cambio de votos sino de otras prebendas”), al tiempo que prolongan el círculo vicioso de la pobreza, en lugar de romperlo.

“Eso no es Responsabilidad Social Empresarial”, sentencia.

Negocios inclusivos

 

¿Qué es, entonces, la RSE? En primer lugar, no es -insiste en sus fuertes cuestionamientos- replicar modelos traídos del exterior, de empresas multinacionales, cuyas condiciones son muy distintas a las de nuestros países.

Y explica: allí, en Estados Unidos y Europa, cuando hablan de RSE entienden otra cosa porque sus problemas sociales no suelen incluir altos niveles de pobreza, baja cobertura en seguridad social o falta de educación, a diferencia de lo que sucede entre nosotros.

Por ello -anota, recurriendo a su experiencia docente en importantes universidades regionales-, la RSE en América Latina tiene que adaptarse al contexto social, atendiendo a problemas específicos signados por la pobreza extrema y el escaso nivel de desarrollo, situaciones inexistentes en las naciones del Norte.

Más aún, en su opinión, acá hay que avanzar hacia los llamados Negocios Inclusivos, formados desde la Base de la Pirámide (es decir, sectores de la población con bajos ingresos), de manera que las empresas, en cabal ejercicio de su responsabilidad social, desarrollen procesos al interior de sus propios negocios.

Ese concepto es nuevo, sin duda. Y es promovido por entidades como el Banco Interamericano de Desarrollo -BID-, entre otros. Pero, ¿en qué consiste? Según él, alude a que las empresas, a partir del análisis del negocio y la cadena productiva, vean en qué campos pueden ayudar a crear nuevos negocios en los estratos más pobres, quienes se convierten así, con sus negocios inclusivos, en auténticos emprendedores.

“Estamos avanzando hacia nuevos modelos de intervención social”, observa con notorio entusiasmo mientras precisa que dichos modelos son gerenciales, de más utilidad que la simple filantropía y, en especial, con mucho mayor impacto en la sociedad.

Y no es que se abandonen por completo -observa- las actividades filantrópicas, ligadas por lo general a programas y proyectos sociales con que suelen identificar la RSE. No. Se trata de ser empresas socialmente responsables en sus prácticas cotidianas, como la relación con los trabajadores, el medioambiente y la comunidad, o sea, sus grupos de interés -stakeholders-.

“Es que hay empresas con excelentes programas sociales, externos, que en su interior no son socialmente responsables”, comenta.

Los falsos mitos

 

A pesar de lo anterior, Pizzolante no pierde de vista sus criterios iniciales, de corte -valga decirlo- latinoamericanista. Al contrario, cita una encuesta según la cual en los países latinoamericanos la empresa privada y el gobierno, de nuevo a diferencia de los países del Norte, generan la menor confianza o credibilidad en la opinión pública.

Según esa encuesta -agrega-, ambas instituciones son las que igualmente aparecen con mayor poder, de lo cual deduce una tesis sorprendente, novedosa: a más poder, más desconfianza en tales organizaciones, las cuales gozan en cambio de alta credibilidad en el mundo desarrollado.

Rechaza, además, “mitos” como el de que la responsabilidad social es exclusiva de las grandes empresas, también importado de los países “del centro”, para decirlo en lenguaje cepalino; o que los aportes en dinero son condición básica para ello, o que la RSE se reduce a la ejecución de programas y proyectos sociales al margen del proceso de producción de la compañía, cualquiera sea.

Vuelve, entonces, a los negocios inclusivos, idea que no se cansa de señalar como el camino a seguir en América Latina.

Así -explica-, si la empresa requiere un proveedor, cuando es socialmente responsable mira primero hasta qué punto en su entorno, entre los grupos sociales de menores recursos, puede formarlos incluso con su apoyo, para convertirlos en proveedores, no que todo sea sólo buscar mejor economía, a costos bajos y con la oferta más confiable.

“Primero hay que pensar en el impacto positivo sobre la sociedad. Eso es lo que hace que una empresa sea socialmente responsable”, insiste.

¿Qué tanto actuamos así en América Latina?, es la pregunta de rigor. “La buena noticia es que diversas entidades en nuestros países convergen hacia los negocios inclusivos”, responde mientras destaca en Colombia el caso de Cecodes, gremio que integra a varias firmas comprometidas con el desarrollo sostenible.

Del dicho al hecho

 

Para terminar, Pizzolante admite que la RSE en América Latina está en pañales, pero no frente a los países desarrollados sino con relación a las expectativas sociales y la brecha enorme, en su concepto, entre lo que dicen los líderes regionales, aún empresariales, y lo que hacen.

Cuestiona, en fin, conceptos en boga como la sostenibilidad, no tanto por su contenido, que al parecer respalda a pie juntillas, sino porque al tratarse de herramientas complejas llevan a la falsa idea entre los empresarios de que la RSE está fuera de su alcance.

Lo fundamental, para él, es revisar el proceso de producción en cada empresa para que sus prácticas sean adecuadas, como sería la presencia de miembros independientes en las juntas directivas a la luz de los principios establecidos en el gobierno corporativo, campo -anota- en el que Colombia es líder en América Latina a través del programa correspondiente de las cámaras de comercio reunidas en Confecámaras.

 

(*) Asesor en temas de Responsabilidad Social Empresarial y Universitaria - jesierram@gmail.com