¿Cómo ser “ECOísta” y no morir en el intento?

Una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida es dedicarme al tema “verde”, no sólo a nivel profesional, sino también a nivel personal. Esta decisión, tomada ya hace algunos años, cambiaría mi vida por completo. Comprendí desde ese entonces, que mi camino estaba en los humildes, pero firmes pasos que podría dar para ser una mejor persona y una mejor ciudadana.

Lo confieso, soy una ambientalista nata. Llegando a casi 6 años de dedicación profesional sobre este tema, admito que esa pasión no ha cambiado sino que al contrario, se ha fortalecido. A través de todo este tiempo, he podido comprobar lo majestuoso e imprescindible que significa la naturaleza para las sociedades actuales (nos importe ésta o no).

Sin embargo, no quiero centrar este artículo en mío en los profesionales que nos dedicamos a temas ambientales. Quiero centrarme en todos y cada uno de los que habitamos este hermoso planeta, ya que tenemos una corresponsabilidad intrínseca con nosotros mismos y con el entorno que nos rodea -y debemos hacerlo de manera “motu proprio”-. Es decir, si Ud. es abogado, médico, ingeniero, economista, deportista, estudiante o ama de casa; esto debe importarle, pues cada uno de nosotros formamos parte de la biósfera, un término simple para un sistema tan complejo.

El planeta está sofocándose. La biodiversidad se está perdiendo. Los bosques están muriendo. El ambiente se está destruyendo. Nos encontramos en un muy próximo e inminente “punto de no retorno” ligado directamente al cambio climático, el cual cambiará de forma drástica nuestros estilos de vida, la geografía del planeta –y espero que con él, la mentalidad egoísta del ser humano-. Hace tiempo, leí en un libro que la raza humana es el animal élite en toda la cadena, por tal razón, “debería” tener la capacidad e inteligencia para poder modificar el rumbo de las cosas.

Ahora bien, como podríamos ser capaces de cambiar ese egoísmo por un sentir “ECOísta”?

Es escalofriante observar cómo a veces nuestro egoísmo como sociedad, puede superar lo fantástico del comportamiento natural del planeta. Actuamos como si fuéramos gerentes y propietarios de los recursos naturales; decidimos cuantos árboles talar para nuestro beneficio personal y económico, o arrojamos los residuos al océano para no tener que justificarnos ante la ley, sin importarnos como estas gravísimas acciones afectan a los demás.

A pesar de todo esto, existe un aliento de esperanza y es que muchas personas han comprendido la gravedad de la situación actual y por esta razón, comunidades enteras se encuentran en estos mismos instantes, conservando y protegiendo lo nuestro (patrimonio natural y cultural), generando reacciones positivas en su misma gente.

La mayor parte de las comunidades del mundo, están motivadas en hacer algo por el entorno, puesto que han podido ser testigos de cómo el ambiente ha cambiado a lo largo de los años. Las  comunidades locales están dispuestas a actuar frente al cambio climático, la contaminación ambiental y la pobreza. Quieren estar mejor sin comprometer al ambiente y quieren adaptarse a los cambios venideros.

Es cierto que las políticas públicas y medioambientales son importantes y necesarias, pero soy de las que opinan, que lo imperante es que la gente quiera mejorar las cosas. Si Ud. no siente la necesidad de querer mejorar la situación actual en la que nos encontramos, será muy difícil que un político lo perciba y quiera hacer algo para corregirlas. Las iniciativas nacen de cada rincón o lugarcito del planeta y tienen un efecto global (a eso yo le llamo actuar en manera “glocal”).

Leyendo hace tiempo una publicación llamada “Comunidades locales toman la iniciativa para mitigar el cambio climático”, encontré una reflexión interesante que quisiera compartir con Ud.:

¿Qué ocurriría si 1.000 millones de personas se unieran y emprendieran 1.000 millones

de acciones para promover el sostenimiento del medio ambiente y combatir el cambio climático?”.

Particularmente creo, que uniendo todos los esfuerzos locales que buscan lograr una conciencia ambiental global, superaríamos esas 1.000 millones de acciones, sin embargo aún no es suficiente si partimos del hecho de que actualmente en el planeta nos encontramos unas 7 mil millones de personas, consumiendo recursos naturales, construyendo infraestructuras, utilizando medios de transporte no aptos, produciendo mayor cantidad de alimentos, entre otros. Si vamos a seguir siendo “egoístas”, pues usemos esa energía para poder conservar el ambiente. Seamos egoístas con la contaminación, los combustibles fósiles y la deforestación.

¿Podrá el ser humano, cambiar su condición de egoísmo y pensar/actuar un poco más en lo que le rodea? ¿Podrá ese cambio, generar una nueva actitud con el ambiente? ¿Podrá esa nueva actitud, ser fundadora de un modelo ECOísta?

Esa respuesta sólo puede contestarla Ud.

 

Maria Eugenia Rinaudo

  • Licenciada en Estudios Ambientales
  • Especialista en Gestión Ambiental
  • Investigadora del cambio climático

Twitter: @Climateate

Correo: rinaudomannucci@gmail.com